El fenómeno de la diáspora andina que reinventa su presencia digital
Hace dos años, en este mismo espacio, compartí una breve lista de recomendaciones para desafiar nuestros menús digitales y animar a explorar más allá de la tiranía del algoritmo. ¿La razón? Nuestros feeds están diseñados para convertirnos en cajas de resonancia de nuestras propias ideas, posturas políticas y gustos. Eso, a la larga, nos puede aislar. Lo sé, por experiencia propia,como ávido consumidor de contenido en redes.
Como alguien interesado en temas de cultura andina, comencé a observar cómo las comunidades indígenas migrantes usan también plataformas como Instagram o TikTok de forma sumamente creativa, mostrando en primera persona sus experiencias, raíces y estilos de vida. Por ejemplo, a las afueras de Washington D.C., entre apacibles suburbios, existe un espacio llamado cariñosamente “Arlingtonbamba”, donde los eventos dominicales ―las célebres kermeses― ofrecen papas cocidas, choclo y el ritmo contagioso de la región boliviana de Cochabamba. Mujeres con polleras danzan bajo banderas multicolores: abuelas y nietos, obreros y estudiantes se encuentran y se reconocen. Para quienes no están inmersos en esa comunidad, estas dinámicas podían parecer distantes o casi invisibles. Pero hoy, en tiempo real, cualquier persona puede seguir estas celebraciones gracias a las activas transmisiones por redes sociales.
Mientras tanto, en Nueva York, jóvenes kichwas de Ecuador narran en video sus jornadas descargando cemento o explican ―a golpe de humor y sinceridad― cómo sobreviven al frío del norte. La imagen tradicional de la migración indígena andina, tantas veces silenciada, reducida a cifras o postales, hoy se vuelve más visible y, lo que es crucial, es contada por sus propios protagonistas. Una noche de sábado, hacer scroll en TikTok puede llevarnos a transmisiones en vivo de bodas, bautizos, carnavales y tutoriales para aprender quechua.
El internet, ese territorio tan complejo como impredecible, ha permitido que los runas ―la palabra quechua que designa a las personas indígenas― tejan sentidos de comunidad y formas de representación propias, fuera de los moldes de unos medios tradicionales que aún suelen ignorarlos.
Por eso me animé a publicar el ensayo Runa TikTok: Remapeo de las presencias de las diásporas indígenas quechuas en los EE. UU. a través de las redes sociales, el cual salió recientemente en la revista LASA Forum de la Asociación de Estudios Latinoamericanos. En este texto comparto ejemplos recogidos a lo largo de los años: historias de migrantes que, desde Estados Unidos, envían regalos a sus comunidades rurales y protagonizan creativas sesiones de unboxing; fiestas patronales que, al no poder estar físicamente en los pueblos andinos, los migrantes auspician a la distancia y que son transmitidas por Facebook, y en las que el animador del evento les agradece en público su apoyo económico. Las historias van y vienen, en ambas direcciones, desdibujando fronteras y recordándonos la vitalidad de estos lazos.
Medios extranjeros como el Washington Post y The New Yorker han tomado nota de estas dinámicas virtuales de los migrantes quechua y, al mismo tiempo, me preguntan por qué en nuestros propios países y medios nacionales aún no se ha discutido sobre ellas con mayor atención. Les invito a asomarse a esta conversación y conocer más sobre historias y experiencias andinas a una escala transnacional.
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