“Prefiero un hijo muerto a un hijo maricón”


Diversos recuerdos infantiles nos señalan la importancia del Mes del Orgullo


Oscar tenía ocho años cuando escuchó a su padre decir la frase “soltero maduro, maricón seguro”. Cuando tenía cinco, Lorenzo escuchó a un tío decir que “más vale tener una hija puta que un hijo maricón”: lo decía porque un primo suyo estaba viviendo con un amigo. Juan todavía recuerda el “prefiero un hijo muerto a un hijo maricón”: no tenía más de nueve años cuando su querido abuelo lo soltó en una sobremesa navideña.

Benjamín tenía seis años cuando estaba viendo televisión y apareció el cantante Ricky Martín. Su papá comentó de forma despectiva que “ese es recontra maricón”. A los siete años, el papá de Renato le dijo a él y a sus hermanos: “ustedes pueden ser cualquier cosa en la vida y siempre los vamos a querer. Eso sí, menos drogadictos, ladrones o maricones”. Cuando tenía cinco años, Giannantonio veía a su papá y a su primo tocar madera cuando llegaba la estilista de su abuela a la casa. Decían que lo hacían para que no se les pegue. Era una estilista trans. 

Piero recuerda que a los siete u ocho años estaba sentado en la mesa del desayuno cuando escuchó a su papá decir que “maricón” era el peor insulto que podía recibir un hombre. Él volteó a mirar a su mamá, quien asintió. A Roberto no le dijeron nada de eso, pero un tío suyo lo imitaba y se burlaba de él por ser amanerado en las reuniones familiares en casa de su abuela. Tenía siete años. 

En el colegio, Sergio escuchó de su profesor de Educación Física, durante un partido de fútbol, que “todos tenemos que jugar bien; aquí nadie es niña o mariposa”. Tenía siete años.  En otro colegio, en otro año, a José Carlos le dijeron mariquita por no querer jugar fútbol en el recreo: tenía seis. Cuando André jugaba fútbol a los ocho años, era común oír expresiones como “calla cabro”, “no seas cabro” o “pareces mujer” cuando alguien se quejaba en el partido o tenía que dejar de jugar para irse a su casa.

A los siete años, Bruno escuchó en su barrio que a alguien le decían despectivamente “poto roto”. Un primo le explicó por qué a los homosexuales los molestaban con eso. A los nueve, a Santiago le recomendaron que no siguiera juntándose con su mejor amigo de la cuadra porque era “rarito” y le podía hacer algo. En otro barrio de Lima, en otro año, a Ricardo le recomendaron que dejara de juntarse tanto con su mejor amigo porque se le iba “a pegar lo raro”. Tenían ocho años.

Manuel vivía en Tarapoto. Tenía seis años cuando escuchó por primera vez la palabra maricón como insulto: un chico mayor se lo dijo a otro en el colegio. Cuando supo qué significaba, sintió que el insulto iba dirigido a él. Seis años después, en la misma ciudad, terroristas del MRTA entraron a un bar, capturaron y asesinaron a ocho gays y travestis. Ese mismo año, asesinaron a otra persona y su cadáver fue encontrado con un letrero que decía: “Así mueren los maricones”. Manuel temía que lo mismo pudiese pasarle a él.

Recogí estos testimonios la semana pasada en Instagram, entre amigos y contactos homosexuales y bisexuales. Les había pedido que me contaran cuál fue el primer comentario homofóbico que recordaban haber escuchado y qué edad tenían entonces. Como ven, todos los recuerdos nos remiten a la infancia, entre los  cinco y los nueve años.

Si lo que comparto líneas arriba te sorprende, es probable que no seas una persona LGBT+. Quienes lo somos, crecemos escuchando a lo largo de nuestras infancias y adolescencias este tipo de comentarios negativos. No una, sino varias veces. Es lo normal. Lo dicen familiares, amigos, profesores, sacerdotes, líderes de opinión. Se dice en el barrio, en la casa, en la escuela, en la televisión. Algunos lo dicen al paso, casi sin darse cuenta; otros con la intención de generar daño o de “disciplinar”.  Sea cual fuere el caso, esta estigmatización en espacios que deberían ser seguros llevan a generar mucho daño a la salud mental de las personas LGBT+, y es algo que los acompaña a lo largo de su vida.

Por este tipo de situaciones es que es tan importante tener un Mes del Orgullo LGBT+ y un evento público como la Marcha. Para quienes hemos crecido con el temor de ser quienes somos, es muy importante tener un espacio para sanar, para fortalecernos, para celebrarnos, para recordar que nuestra identidad no es una inmoralidad o una enfermedad, y que el hecho de ser como somos no debería de generar burlas o violencia.

La Marcha del Orgullo de Lima se realizará el sábado 29 de junio, a partir de las 3 de la tarde, desde el Campo de Marte. También se realizará en más de 30 ciudades del país en esos días. Si eres una persona LGBT+, aprovecha ese espacio de autoestima colectiva. Si eres un aliado, también eres bienvenido a acompañar y apoyar. Depende de todos nosotros que las nuevas generaciones de personas LGBT+ la tengan un poquito más fácil. 


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