¿Cómo escriben los que escriben?


Rutinas, manías y fetiches que han sido imprescindibles para crear gran literatura 


A quienes nos da curiosidad la escritura creativa, nos hemos preguntado alguna vez cómo hacen los escritores reconocidos a la hora de enfrentarse a su labor. No me refiero a asuntos vinculados directamente con la inspiración o la capacidad intelectual de generar una historia, sino a la parte más cotidiana del oficio: sentarse frente a un papel o una pantalla y trabajar lo que luego será parte de alguno de sus libros. Afortunadamente, las entrevistas nos permiten dar un vistazo por encima del hombro a esas rutinas.

Paul Auster contó que siempre escribía a mano, con una pluma, o a veces con un lápiz. “Si pudiera escribir directamente en una máquina de escribir o una computadora, lo haría. Pero los teclados siempre me han intimidado. Nunca he podido pensar con claridad con los dedos en esa posición. Una pluma es un instrumento mucho más primitivo. Sientes que las palabras salen de tu cuerpo y luego las grabas en la página. Para mí, escribir siempre ha tenido esa cualidad táctil. Es una experiencia física». El autor de La invención de la soledad también cuenta que tiene un fetiche con los cuadernos cuadriculados:  “Pienso en el cuaderno como una casa para las palabras, como un lugar secreto para el pensamiento y el autoexamen. No me interesan solo los resultados de la escritura, sino el proceso, el acto de poner palabras en una página”.

La rutina de Haruki Murakami requiere de disciplina. “Cuando estoy escribiendo una novela, me levanto a las cuatro de la mañana y trabajo entre cinco y seis horas. Por la tarde, corro diez kilómetros o nado mil quinientos metros (o hago las dos cosas), luego leo un poco y escucho música. Me acuesto a las nueve de la noche. Sigo esta rutina todos los días sin variar. La repetición en sí se convierte en lo importante; es una forma de mesmerismo. Me hipnotizo para alcanzar un estado mental más profundo. Pero mantener esa repetición durante tanto tiempo —de seis meses a un año— requiere una buena dosis de fuerza mental y física. En ese sentido, escribir una novela larga es como un entrenamiento de supervivencia. La fuerza física es tan necesaria como la sensibilidad artística”.

La jornada de trabajo de P. G. Wodehouse —creador del entrañable personaje humorístico Jeeves— empezaba unas cuantas horas más tarde que la de Murakami. A los 91 años (91 y medio, como le precisó al entrevistador) se despertaba a las siete y media de la mañana, hacía una docena de ejercicios diarios, desayunaba, y luego se iba a su estudio. “Cuando estoy entre un libro y otro, como ahora, me siento en un sillón a pensar y tomar notas. Antes de empezar un libro suelo tener cuatrocientas páginas de notas. La mayoría son casi incoherentes. Pero siempre hay un momento en el que sientes que tienes una novela empezada. Puedes ver más o menos cómo va a funcionar. Después es solo cuestión de detalles”. 

Raymond Carver tenía una rutina irregular para escribir. Cuando tenía el tiempo y las ganas de escribir, podía hacerlo por horas, perdiendo la noción del tiempo. En su caso es interesante conocer cómo se enfrentaba a la hoja en blanco: “Escribo el primer borrador rápidamente. La mayoría de las veces lo hago a mano, llenando las páginas tan rápido como puedo. En algunos casos, hay una especie de taquigrafía personal, notas para mí mismo sobre lo que haré más tarde, cuando vuelva a ello. Algunas escenas tengo que dejarlas inacabadas, sin escribir en algunos casos; las escenas que requerirán un cuidado meticuloso más adelante. Quiero decir que todo requiere un cuidado meticuloso, pero algunas escenas las dejo para el segundo o tercer borrador, porque hacerlas y hacerlas bien me llevaría demasiado tiempo en el primer borrador. En el primer borrador se trata de trazar el esquema, el andamiaje de la historia. Luego, en las siguientes revisiones, me ocupo del resto. Cuando termino el borrador a mano, escribo a máquina una versión de la historia y a partir de ahí, siempre me parece diferente, mejor, por supuesto, después de pasarla a máquina. Cuando escribo el primer borrador, empiezo a reescribir y a añadir y eliminar cosas. El verdadero trabajo viene después, cuando ya he hecho tres o cuatro borradores de la historia”.

Terminamos con una anécdota de la nobel de Literatura, Toni Morrison: “Hace poco hablaba con una escritora que me describió algo que hacía cada vez que se trasladaba a su mesa de escritura. No recuerdo exactamente cuál era el gesto —hay algo en su escritorio que toca antes de pulsar el teclado del ordenador—, pero empezamos a hablar de pequeños rituales que uno sigue antes de empezar a escribir. Yo, al principio, pensé que no tenía ningún ritual, pero luego recordé que siempre me levanto y me preparo una taza de café y miro cómo viene la luz. Y ella dijo: «Bueno, eso es un ritual». Y me di cuenta de que para mí este ritual comprende mi preparación para entrar en un espacio que solo puedo llamar no secular… Todos los escritores idean formas de acercarse a ese lugar donde esperan establecer el contacto, donde se convierten en el conducto, o donde participan en este misterioso proceso. Para mí, la luz es la señal en la transacción. No es estar en la luz, es estar allí antes de que llegue. En cierto sentido, me capacita”.

Finalmente, Morrison agrega un consejo que nos puede servir a todos los que estamos interesados en la escritura creativa: “A mis alumnos les digo que una de las cosas más importantes que tienen que saber es cuándo están en su mejor momento creativo. Tienen que preguntarse: ¿Cómo es la habitación ideal? ¿Hay música? ¿Hay silencio? ¿Hay caos fuera o hay serenidad fuera? ¿Qué necesito para dar rienda suelta a mi imaginación?”. 

(Las citas de este artículo fueron obtenidas de entrevistas hechas por esa publicación hermosa llamada The Paris Review).


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2 comentarios

  1. Eyi

    Felicitaciones, que tus logros personales puedas compartir con el ejemplo de trabajo en tu tierra Perú, para cambiar la educación y con tu ejemplo muchos jóvenes crían que sí se puede llegar alto, a ser buenas personas. Felicitaciones a tus padres y a todos los seres que te apoyaron.

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