De la periferia de Cusco al centro de Harvard


Un testimonio sobre la educación pública y el cambio de rumbo de una vida


Paola Benavente (Cusco, Perú). Economista con maestría en Administración Pública y Desarrollo Internacional por la Universidad de Harvard. Tiene experiencia en presupuesto público y en planificación estratégica en Perú, y estudios de políticas industriales e institucionales en países en desarrollo.


¡Hola a todos! Soy Paola y quiero compartir con ustedes la increíble aventura que me llevó desde mi natal Cusco hastala Universidad de Harvard. Crecí en lo que algunos llaman un “pueblo joven” o barrio periférico al norte de la ciudad: Picchu San Isidro. Tengo el recuerdo de una infancia muy feliz, llena de actividades comunitarias. En mi barrio aprendí sobre el “ayni”, un término quechua que nombra la reciprocidad practicada por nuestros antepasados Incas y que hasta hoy se manifiesta en el apoyo mutuo entre vecinos. Sin embargo, también enfrentábamos muchos desafíos, como la falta de servicios básicos. Pero ese sentido de comunidad y el rol activo de mis padres, siempre dispuestos a apoyar,fueron mi primer acercamiento al que luego sería mi objetivo laboral: el servicio público.

Desde muy pequeña se me enseñó que la educación sería el factor clave para lograr algo en la vida. Mis padres nacieron en hogares de bajos recursos económicos, donde la producción agrícola y el comercio minorista eran las principales fuentes de ingresos. A pesar de sus circunstancias, ambos lograron acceder a la educación superior pública y mejorar su calidad de vida, algo que valoro y admiro. Si a mi yo de ocho años le contara que en el 2024 me iba a estar graduando de Harvard, ¡estoy segura de que no lo creería!

En Cusco, mis logros académicos en la escuela sugerían una buena transición para postular a la universidad pública en nuestra ciudad. Creía ver con claridad mis futuros pasos, pero algo cambió en 2009. Un año antes de terminar la secundaria, escuché sobre una nueva iniciativa experimental: el Colegio Mayor Secundario Presidente del Perú. Mis profesores me animaron a intentarlo y, aunque el proceso fue competitivo, fui seleccionada junto a otros 250 estudiantes destacados de todo el Perú para cursar el quinto año de secundaria en Huampaní, Lima. Este no era un colegio cualquiera: nos cubrían la vivienda, la manutención y los materiales escolares, además de que la currícula seguía las pautas del Bachillerato Internacional y contaba con profesores altamente capacitados.  Tenía quince años entonces, y aunque la mudanza a Lima me generaba emoción, no pensé que aquel momento sería decisivo en mi vida y que no volvería a Cusco en un largo tiempo. 

La transición al Colegio Mayor en 2010 fue dura. Recuerdo mi primera semana, lejos de mi familia, en una infraestructura educativa que aún no terminaba de implementarse. Y aún con todo ello, la calidad de personas que conocí —entre compañeros de aula, docentes, psicólogos y auxiliares— fue clave para conocer diferentes ámbitos delPerú, nuestra riqueza cultural y las necesidades de servicios públicos que mis compañeros y yo enfrentábamos desde diferentes áreas geográficas. Desde su creación en 2010, esta red de colegios públicos de excelencia creció a 25 escuelas, ahora llamados COAR (Colegios de Alto Rendimiento), pero aún es muy limitada. Aquella experiencia que transformó mi vida para bien también me planteó una pregunta crítica: ¿por qué no podemos extender esa calidad de educación a nivel nacional, permitiendo una verdadera movilidad social e igualdad? Desde entonces, esta necesidad esencial de reducir las disparidades regionales se ha convertido en un principio rector en mi vida.

La alta calidad educativa de este colegio me permitió ingresar a las mejores universidades de Perú, y al final opté por una que me ofrecía un soporte económico integral de estudios en Lima. Durante la época universitaria fueron principalmente los docentes, algunos de los cuales considero mis mentores, quienes me inspiraron y me ayudaron con determinación a encontrar cómo podía satisfacer la curiosidad por el servicio público que tenía desde pequeña. La definición de Economía sobre administrar recursos escasos solo reafirmó mi pasión por trabajar en el gobierno, pues, en un país como el Perú, con muchas brechas de servicios públicos, ¿qué puede ser más escaso que los recursos públicos?, me decía a mí misma. Esto, finalmente, me llevó al terminar el pregrado a trabajar en diferentes ministerios del estado peruano, específicamente en estrategias de planificación del presupuesto público a nivel nacional.

Mis experiencias desde el Colegio Mayor, donde conocí al Perú desde diferentes perspectivas, sumadas a la universidad y a mi trabajo en el gobierno ampliaron mis horizontes y me prepararon para el siguiente gran paso: Harvard. Durante mis años allá en la Maestría de Administración Publica y Desarrollo Internacional comprendí desde una perspectiva más académica las disparidades regionales en economías en desarrollo como la peruana. Con ese conocimiento, y como alguien que ha vivido esas disparidades en carne propia, hoy asumo la responsabilidad de trabajar para reducirlas desde cualquier lugar en el que me encuentre.

Haciendo un repaso de lo que me ayudó en el proceso para cursar un posgrado en el extranjero, destaco tres elementos clave. Primero, como mujer con raíces quechuas, necesitaba ver a personas como yo mujeres, provincianas, quechuahablantes llegar a lugares a los que aspiraba para saber que era posible. Ahora espero ser esa inspiración para otros. Segundo, la curiosidad y determinación me llevó a aprovechar todas las oportunidades que se me presentaron. Cuando decidí postular al Colegio Mayor, ni siquiera pensaba en Harvard y fue una apuesta arriesgada, pero trabajé mucho para que las cosas funcionasen. Tercero, una red diversa de contactos es crucial, y las personas que conocí en cada etapa de mi viaje han sido fundamentales para cada paso que pude dar. Tuve el privilegio de compartir espacios con personas inspiradoras desde muy joven, y es eso justamente lo que me motivó a mantener vivas mis conexiones y a expandirlas. 

Un pensamiento final: habiéndome mudado de casa desde adolescente para terminar la escuela y luego la universidad en Lima, solía pensar que mi historia se resumía en la sensación de no ser «ni de aquí ni de allá». Lima me dio muchas oportunidades, pero siempre me ha sido difícil llamarla hogar. Cusco seguirá siendo una gran parte de mí, incluso a la distancia: estoy orgullosa de mis raíces, experiencias y cómo han moldeado quién soy hoy. Después de mi paso por Harvard, estoy construyendo mi historia como alguien «de aquí y de allá», con la seguridad de que, esté donde esté, mi compromiso de trabajar en la mejora de los servicios públicos para el desarrollo regional se mantendrá firme.


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6 comentarios

  1. Felicitaciones ! yo trabajo en Ollantaytambo y la realidad educativa en la zona es muy difícil, la conozco demasiado y me alegra el corazón saber que lo estés logrando. Ojalá puedas visitarnos para motivar a las niñas de las comunidades a qué apuesten por la educación. Un abrazo

  2. Yanet

    Definitivamente hay el cumplimiento de la frase » todo sacrificio tiene recompensa» me identifica su historia.

  3. Jan Romero

    No eres de aquí y de allá… Eres de Cusco, Perú aunque claro igual que todos ciudadano (a) del planeta tierra. Solo espero que no hayas permitido que te adoctrinen para que cuando seas autoridad (como Toledo y otros) termines siendo un lacayo de los EEUU y permitiendo que nuestro país sea su patio trasero (como ellos lo llaman).

  4. PATRICIA FABIOLA SANCHEZ PEREZ

    ¡Qué inspirador! Y qué lindo sería que todas las escuelas públicas tuvieran la oportunidad de contar con las condiciones como los COAR. Trabajo en una escuela privada con bachillerato y definitivamente esta enseñanza brinda muchas oportunidades a los estudiantes. Ojalá todos pudieran acceder a ella.

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