Trump y el paracetamol


Otro ejemplo de la política distorsionando a la ciencia


No soy partidaria de los medicamentos, los evito cuando no son estrictamente necesarios. Esto incluye al paracetamol: solo lo uso solo para aliviar mi hemicránea o los síntomas de la gripe, cuando me asaltan. Así también lo hace el 65 % de las mujeres norteamericanas y más del 50 % de las europeas (en América Latina y el Perú, no hay cifras precisas).

 El N-acetil-p-aminofenol, también conocido como paracetamol o  acetaminofén, es el ingrediente activo de más de 600 medicamentos —incluidos el Tylenol y el Panadol— utilizados para aliviar el dolor leve a moderado y reducir la fiebre. También es uno de los fármacos más usados durante el embarazo: aproximadamente la mitad de las gestantes en el mundo lo consumen. De hecho, mientras fármacos como el ibuprofeno o la aspirina tienen riesgos fetales documentados, el paracetamol sigue siendo el analgésico recomendado en embarazadas.

Por eso sorprendió el reciente anuncio de Donald Trump sobre un supuesto vínculo entre el autismo en niños y el consumo de paracetamol en las mamás embarazadas. Con su retórica extrema, la semana pasada el presidente estadounidense declaró: “No tomen Tylenol. Luchen como sea para no tomarlo”. Al mismo tiempo, la Casa Blanca emitió un comunicado oficial: “Es un hecho (en letras capitales): existe evidencia creciente que muestra una conexión entre el uso de acetaminofén durante el embarazo y el autismo y la Casa Blanca aplica Ciencia de Oro para cumplir con la promesa de encontrar las causas del autismo”.

El anuncio causó conmoción en la opinión pública y la comunidad científica. Todos nos preguntamos: ¿Es, ese, otro bulo del magnate inmobiliario? ¿O su alerta tiene validez científica? ¿Qué evidencia existe para crear tanta alarma? Las razones para desconfiar son muchas: entre ellas, Mr. Trump ha difundido más de 35 mil noticias falsas y engañosas durante su primer mandato, y centenares desde que asumió la presidencia por segunda vez en enero de este año. Existen abundantes razones para no creer en su palabra. 

Así que veamos, ¿qué dice realmente la ciencia? 

Efectivamente, algunos estudios observacionales han descrito asociaciones entre el uso prenatal de paracetamol y trastornos del espectro autista (TEA) o de atención (TDAH). También han propuesto mecanismos biológicos plausibles, como alteraciones en el desarrollo cerebral del feto o en respuestas inflamatorias maternas. Pero son estudios pequeños, con limitaciones y factores de confusión: las mujeres que toman paracetamol suelen tener infecciones u otros problemas de salud. No prueban causalidad. Incluso los autores de estas investigaciones advierten que se requieren ensayos y análisis adicionales para confirmar cualquier vínculo causal. 

El análisis más sólido hasta ahora, realizado en Suecia en 2024 con 2,5 millones de niños, comparó incluso a hermanos expuestos y no expuestos: no encontró aumento significativo de riesgo de autismo, TDAH, ni discapacidad intelectual. Estudios en Japón con más de 200.000 niños han confirmado resultados similares. Revisiones recientes concluyen que la exposición intrauterina al paracetamol probablemente no confiere un riesgo clínicamente relevante de autismo.

Mientras Trump exagera, la comunidad científica sigue un camino distinto, basado en evidencia sólida y una mayor cautela. En 2021, la revista Nature publicó una declaración internacional de consenso que no prohibió el fármaco ni afirmó causalidad, pero pidió “precaución” en el uso de paracetamol durante el embarazo. Hace pocos días, la misma revista publicó la opinión científica actualizada que sostiene lo mismo. El American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) ha reafirmado que el paracetamol es uno de los pocos analgésicos seguros para las mujeres embarazadas. En una declaración emitida en septiembre de 2025, ACOG destacó que más de 20 años de investigación respaldan su uso para tratar el dolor y la fiebre durante el embarazo y advirtió que dejar el dolor o la fiebre sin tratar puede representar mayores riesgos para la madre y el feto.

Así, mientras el populismo científico de Trump distorsiona la evidencia y puede confundir a muchas futuras mamás, la práctica sensata sigue siendo usar el paracetamol solo cuando realmente se necesita: para un dolor intenso o una fiebre que no puede esperar. Ese enfoque prudente refleja el consenso científico: dosis mínima, uso breve y siempre con criterio informado. 

Al final, son los datos rigurosos, más que los megáfonos, los que realmente protegen a madres y bebés.


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