Informe reciente nos permite ver lo que sucederá en las elecciones de 2026
Si la ley del Congreso que prohíbe a las personas trans usar los baños que les corresponden por su identidad de génerote pareció absurda y cruel, prepárate. Eso no fue un hecho aislado; fue un tráiler. Un pequeño spoiler de la temporada de ataques, pánico moral y golpes bajos que se viene con todo para las elecciones generales de 2026. Y la piñata, como ya es costumbre, tendrá los colores del arcoíris.
Renovación Popular, el fujimorismo y sus aliados no aprobaron esta ley por una súbita preocupación por la biología o los valores familiares; lo hicieron por puro cálculo político. Saben que agitar el avispero del pánico antiLGBT+ es una forma fácil y barata de ganar aplausos en sus tribunas más conservadoras y de distraer a la opinión pública, sin necesidad de presentar un solo plan coherente para la economía o la seguridad.
Desde Outright International, organización global de defensa de los derechos humanos de las personas LGBT+, publicamos un reciente informe que nos permite conocer el manual completo. No se trata de una iniciativa local; es una estrategia internacional muy bien coordinada y diseñada.
En el informe, analizamos las elecciones de 2024 en 60 países y vimos que, en más del 80 % de los casos, se instrumentalizó los discursos antiLGBT+ como estrategia electoral. Estamos ante un fenómeno global que va en aumento. La estrategia es un combo de dos jugadas sucias que veremos repetirse en el Perú hasta el cansancio.
La primera táctica es la más básica: el chivo expiatorio. El informe lo llama «usar a la diversidad sexual y de género para desviar la responsabilidad de los problemas reales». ¿La economía no camina? ¿La delincuencia está imparable? ¿No tienes ni media propuesta para generar trabajo? Fácil: inventa un enemigo. Grita sobre la ideología de género en los colegios, el peligro del wokismo o cómo el matrimonio igualitario va a destruir la familia peruana.
Es una jugada maestra de la mediocridad. Desvía la atención pública de los temas que de verdad importan y que exigen planes técnicos y trabajo serio. En lugar de debatir sobre PBI, economías ilegales o la reforma del sistema de salud, la conversación se llena de pánico moral. El informe de Outright lo describe como «una competencia de quién era el más homofóbico» en algunos países. ¿Suena familiar? Ya lo estamos viendo.
Para el año 2026, veremos candidatos cuyo único plan de gobierno será proteger a la familia de enemigos imaginarios. Veremos a figuretis del Congreso y nuevos aventureros prometiendo derogar el enfoque de género en la currícula escolar o prohibir las marchas del Orgullo, todo para no tener que responder cómo van a arreglar los destrastres que tenemos en el país.
La segunda táctica es más personal y destructiva. Si la primera busca ganar votos, esta busca destruir al oponente. Consiste en usar la homofobia y la transfobia como un arma para demoler la reputación de un candidato rival.
En las campañas que se vienen, veremos cómo se filtran fotos privadas de un candidato para pintarlo como una amenaza. Se crearán fake news asociando a una candidata con agendas globalistas. Cualquier político que se atreva a hablar de derechos humanos será acusado de querer homosexualizar a los niños. Será una versión 2.0 del terruqueo: un terruqueo de género para anular a cualquiera que no se alinee con el conservadurismo más rancio. El informe de Outright menciona casos de políticos en otros países que insinuaron que sus oponentes eran gays para quitarles votos. En el Perú, donde el machismo y la homofobia siguen muy presentes, esta será una herramienta de campaña lamentablemente muy efectiva para ciertos sectores.
¿Qué hacer? Aquí los periodistas y streamers que entrevistarán a candidatos deben cumplir un rol importante. La próxima vez que en una entrevista un candidato se ponga a vociferar sobre baños, banderas de colores o ideologías extrañas, no le sigan el juego. Háganle las preguntas incómodas: «Ok, ¿y cuál es tu plan para la seguridad?, ¿cómo piensas reactivar la economía?, ¿qué harás para mejorar los hospitales?».
La instrumentalización del odio antiLGBT+ no es un debate de valores; es una distracción masiva. Es la herramienta de los políticos que no tienen nada que ofrecer, de los que prefieren sembrar miedo porque son incapaces de sembrar progreso.
En 2026, la campaña debería tratarse sobre quiénes tienen equipo, visión y propuestas para el país. Que no nos usen a las personas LGBT+ como piñata para su fiesta de mediocridad. El verdadero peligro para la familia peruana no es una bandera de colores, sino un futuro presidente sin una idea clara sobre qué hacer con el país.
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