Un mundo que mejora (y una advertencia)


Un especialista nos radiografía el mundo a propósito del último premio Nobel de Economía


Hugo Ñopo, además de juguero tiene formación en Economía, Ingeniería y Matemáticas. Funcionario y consultor en multilaterales (OIT, BID, Banco Mundial, PNUD, OECD, Unesco) y profesor en universidades del Perú y Estados Unidos. Sus investigaciones, publicadas en libros y revistas especializadas, cubren una amplitud de temas, incluyendo el fútbol.


Nos quedan muchos más regalos por abrir,
monedas que al girar descubran un perfil.

Vetusta Morla

Para el Hay Festival de 2025 en Arequipa, Gustavo Rodríguez preparó una dinámica interesante en una mesa de discusión entre los integrantes de Jugo.pe. Para ello me escribió preguntándome: ¿qué acontecimiento o hallazgo económico te parece que ha sido el más relevante o preocupante en los últimos 5 años?  Yo le respondí con un texto que ahora he retocado para convertirlo en columna de opinión:

Querido,

Te tengo una respuesta que abarca no solo los últimos 5 años, sino los últimos 25, e incluso un poco más. Después de detallarte el hallazgo, cerraré la idea dándole relevancia con novedades de este año que ya termina y que espero sean útiles. 

Empecemos con un hallazgo muy positivo: los seres humanos estamos viviendo más. La esperanza de vida está en aumento en todas partes del mundo. Además, se está observando un proceso de convergencia fascinante: los países con menor esperanza de vida son los que más están progresando. Por ejemplo, en Haití, el país menos desarrollado de América Latina y el Caribe, la esperanza de vida al nacer ha pasado de 58 a 66 años entre el 2000 y el 2025. En Perú, ha pasado de 70 a 75 años, y en Alemania, de 78 a 82 años. Los países más pobres están mejorando más que los ricos, lo que nos lleva a una esperanza de vida más homogénea a nivel global. Esto es valioso y merece aplausos.

¿Qué hay detrás de este fenómeno? Se trata de un triunfo de la medicina y del orden económico. La medicina ha mejorado de manera que el acceso a la salud ahora es más amplio y a menor costo. Una parte importante de la mejora en la esperanza de vida se debe a la reducción de la mortalidad infantil, y otra parte se debe a la extensión de la longevidad. En ambos casos, las buenas prácticas de salud pública se están extendiendo a costos accesibles.

Pero hay algo más que llama la atención. La mejora en la esperanza de vida es generalizada y beneficia a países con regímenes político-económicos tanto de «izquierda» como de «derecha» (o, si prefieres, proestado y promercado). Incluso los regímenes políticos con estados «fallidos» están mejorando sus esperanzas de vida. Esto sugiere que debe haber una fuerza global impulsando este resultado beneficioso para muchos. Hay algo más grande que las fuerzas de corto o mediano plazo del orden económico mundial actual.

Aquí es donde las ideas de Joel Mokyr cobran muchísima vigencia. Justamente en octubre pasado se anunció el premio Nobel de economía para él —junto a Aghion y Howitt— y hace pocos días ha recibido el premio en Estocolmo. Las investigaciones de Mokyr enfatizan la importancia del orden económico mundial —libre competencia, con reglas claras y estables/predecibles; igualdad de oportunidades, etc.—, pero además subrayan la relevancia del orden en el mundo de las ideas. 

Como Mokyr destaca, el uso de la ciencia al servicio de la técnica es algo relativamente reciente en la historia de la humanidad y ha permitido las revoluciones industriales que tanto nos han beneficiado. 

La manera en que nos hemos organizado los seres humanos para transmitirnos ideas y usarlas para el progreso técnico-tecnológico es relativamente nueva. Esto ha sucedido en, por ejemplo, universidades, cuyo número ha comenzado a explotar hace menos de 500 años. La organización del conocimiento, y los incentivos para que ello suceda, ha hecho posible la combinación de “macroinvenciones” —la máquina de vapor, la imprenta, la generación y transmisión de energía eléctrica— y “microinvenciones”, es decir, la larga lista de mejoras incrementales que han hecho que los grandes inventos se perfeccionen. En conjunto, ellas nos han permitido avanzar como lo hemos hecho en los siglos recientes.

Mokyr es optimista y cree que aún hay muchas invenciones, macro y micro, por aparecer. Su argumento para ello es que la sofisticación creciente de nuevas herramientas e instrumentos permitirá los nuevos descubrimientos. Pero esto requerirá un conjunto de instituciones conducentes a tal producción de nuevas y mejores ideas. Mokyr, en su discurso al recibir el Nobel, ha priorizado estas cuatro condiciones:   

  1. Un sistema que incentive capital humano talentoso.
  2. Un mercado de ideas competitivo, abierto, libre y descentralizado.
  3. Libertad de movimiento para el talento.
  4. Un gobierno equilibrado, ni tan controlador ni tan ausente.

Aquí me gustaría agregar una condición que aparece en los textos de Mokyr y que nuestra juguera Roxana Barrantes subrayó en un artículo que escribió en octubre para Jugo: se necesita también una sociedad abierta a los cambios. Todo cambio genera ganadores y perdedores. Si los que pierden son poderosos, aun siendo minoría, pueden detener los cambios que podrían beneficiar a las mayorías.

Así, cierro con un llamado a la precaución. Estamos viviendo un momento de masificación del conocimiento. Eso también es maravilloso, pero debe tomarse con cuidado. El riesgo es que ahora las ideas están fluyendo de una manera muy dinámica, poco verificada y manipulable. Es fundamental tener claridad sobre la importancia del sistema socioeconómico global que permite generar, preservar y transmitir conocimiento en este mundo de las ideas. Pero también necesitamos tener cuidado, pues la difusión de conocimiento como raíz del progreso global está en riesgo. Debemos custodiarlo con políticas que detengan la plaga que puede carcomer los cimientos de nuestros avances científicos y tecnológicos.


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