O el efecto de la ola MAGA en la compleja comunidad latina
Un reportero de la cadena de televisión estadounidense Fox News se encontraba entrevistando a partidarios de Trump en el estado de New Jersey cuando, de pronto, una entusiasta mujer tomó el micrófono. Ella se identificó como peruana, y dijo que su apoyo se debía a su rechazo al socialismo. Además, añadió: “Y no me importa si a mí me deportan, mis hijos ya son de aquí [EE.UU.]”. Es decir —ironías de la vida— manifestaba su apoyo al mismo Trump que, en diversos mítines políticos, ha expresado su deseo de eliminar la nacionalidad automática para hijos de migrantes.
Las declaraciones de la señora peruana ocurrieron durante la campaña electoral estadounidense de 2020, y por entonces todavía se sentían como una anomalía ante lo que los medios pintaban como el llamado “voto latino”, es decir, de corte más demócrata y anti-Trump. Para este 2024, sin embargo, la historia ya era distinta: un importante porcentaje de latinos se convirtieron en valiosos aliados de Trump y lo ayudaron a regresar a la Casa Blanca. Regiones abrumadoramente latinas como Miami o el Valle del Río Grande —región fronteriza en Texas— que eran bastiones demócratas en estados republicanos, abrazaron esta vez el movimiento MAGA (‘Hacer América [sic] Grande Otra Vez’, en inglés). Si bien a nivel nacional no son la mayoría, el apoyo total ronda el 40 %, un pico histórico que no se veía en décadas. Y con respecto a la comunidad peruana en el exterior, en el condado de Passaic, New Jersey, en donde se encuentra la peruanísima ciudad de Paterson, Trump se impuso sobre Kamala Harris.
En los últimos años ha habido varios estudios que buscan entender las motivaciones del votante latino conservador. En su libro The Hispanic Republican (2020), el catedrático Geraldo Cadava ofrece una extensa perspectiva histórica sobre la relación entre valores tradicionales, sentido de pertenencia patriótico al migrar y alianzas políticas concretas que el Partido Republicano ha ofrecido a los latinos. Además de la conexión republicana con el exilio cubano, uno de los ejemplos que Cadava menciona es una tradición iniciada con Nixon y la mayoría de administraciones del Partido Republicano que consiste en nombrar a mujeres latinas para el cargo de tesorera de los Estados Unidos, siendo la primera Romana Acosta Bañuelos en 1971. Ronald Reagan, otro presidente republicano, decía que “los latinos son republicanos, solo que todavía no lo saben”, lo cual hacía referencia a los valores religiosos a los que suele asociarse al Partido Republicano. Pero esos eran otros tiempos; Reagan fue justamente el último presidente en la historia de Estados Unidos que promovió efectivamente una reforma migratoria que en 1986 regularizó a millones de personas indocumentadas. El discurso republicano de Trump hoy en día dista mucho de posturas más moderadas sobre inmigración.
En su más reciente libro Desertores: El ascenso de la ultraderecha latina y lo que significa para Estados Unidos (2024), la periodista estadounidense Paola Ramos ofrece un remapeo de la relación entre los latinos y los republicanos, en concreto con Trump. Por un lado, Ramos evita hablar de un “voto latino” uniforme, y más bien nos invita a pensar todas las diferentes agendas políticas que cada comunidad trae de su país de origen. Menciona también el impacto de cómo la nueva derecha se ha permeado con valores religiosos evangélicos en un contexto de alza de este movimiento religioso, principalmente en Centroamérica. Y para ello el libro ofrece historias específicas, como la de un agente fronterizo pro-Trump, de origen mexicano, que, por azares de la vida, descubrió que se encontraba en situación ilegal. No fue hasta cuando fue deportado de EE.UU. que cayó en cuenta de lo inflexibles que eran las retóricas radicales antimigrantes.
Pero no todo es ideología per se: en un estudio del Instituto Brookings se analiza el impacto en la economía. En Estados Unidos, casi un tercio de los trabajadores de construcción son latinos, y estos se vieron gravemente afectados por las restricciones durante la reapertura económica pospandemia, las cuales se asocian con la administración demócrata. A esto se sumó una inflación que afectó la canasta básica de la población. Este estudio sugiere que le estaríamos dando más importancia de la que merece al factor ideológico, ya que, según sus encuestas, la mayoría de latinos está a favor de los derechos reproductivos, un aspecto que también fue parte de la conversación en la campaña electoral. Al final, la percepción sobre la economía habría pesado más.
Si miramos a nuestro país, la investigadora peruana Maria Rodríguez Paz y el periodista Cesar Hildebrandt han hablado de un trumpismo andino, el cual se manifiesta en un desdén explicito por las instituciones democráticas, como cuando desde la derecha peruana y el fujimorismo no se quiso reconocer los resultados electorales de 2021, tal y como lo intentó hacer Trump en 2020. Pero si fuera necesario hacerlo más explícito, en recientes marchas de partidarios de derecha cristiana en Lima se pudo ver pancartas con el mensaje “Familia, Paz, Vida. Trump 2024, Perú está contigo”.
Recientemente, durante uno de nuestros Marte de Jugo, estuve junto a Farid Kahhat y Donita Rodríguez para hablar del impacto del nuevo triunfo de Trump en nuestro país. Tanto Kahhat como Rodríguez manifestaron que, probablemente, Perú no estará en el radar de la guerra económica global, y tampoco habría un gran impacto en la disminución de remesas en caso se cumpla la promesa de deportaciones masivas, a diferencia de países como Guatemala, en donde las remesas representan más del 15 % del PBI. Pero a lo que sí habrá que prestar atención es a los grupos políticos que, con el triunfo de Trump, se sienten más empoderados para desmantelar nuestras instituciones públicas para su beneficio propio, bajo el pretexto neoliberal de que todo lo público es automáticamente “malo”.
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What an interesting piece! The narrative of Peruvians for Trump is often very hard to dismantle, since there’s not much visibility on it as there is for Cubans. I find that this lack of awareness has caused Peruvians in the U.S and Peru to normalize this and even rebuttal with words such as “resentido social” and even “caviar.” Which makes it even harder to question and revolutionize our society. Also, love your work Dr. Mendoza!