¿Por qué el Congreso quiere quitarle un derecho esencial a nuestros actores y actrices?
A los espectadores nos parece normal encontrar series y programas de televisión que se repiten durante años. ¿Cuántas veces hemos disfrutado del mismo episodio de El Chavo del Ocho, en el que aparecen los espíritus chocarreros, a lo largo de nuestra vida? ¿Durante cuántos años vimos a Queca y Machín en las interminables repeticiones de Pataclaun? Y supongo que a La familia Ingalls ya la jubilaron, pero durante mi infancia, adolescencia y primera adultez no faltaba en la programación del canal 5.
Las series exitosas suelen repetirse durante años por una simple razón: tienen público. Tal vez no destaquen en el rating ni le ganen a la novela turca del momento, pero para los canales de televisión o plataformas de streaming son un buen negocio, pues atraen a una audiencia respetable sin requerir grandes inversiones en producción.
¿Deben los artistas que participaron en esas producciones recibir algún pago por sus repeticiones? Sí, y a eso se le llama regalías. Si la repetición genera ingresos gracias a la respuesta del público y a que sigue captando publicidad, lo lógico es que los artistas reciban un porcentaje de esas ganancias. Así funciona en muchos países con legislaciones que respetan el trabajo de sus artistas, y así ha venido funcionando también en nuestro país, tras un arduo esfuerzo de actores y músicos que hicieron valer sus derechos.
Esta semana, sin embargo, sonaron todas las alarmas al aprobarse una nueva Ley del Artista en la Comisión de Cultura del Congreso de la República. Según Inter Artis Perú, la sociedad que representa a los creadores audiovisuales, esta nueva propuesta legislativa elimina el derecho a percibir regalías por la comunicación pública de sus obras y los deja sin beneficios sociales como salud, sepelio, apoyo al adulto mayor y programas de asistencia cultural.
La absurda medida, perpetrada por este Congreso mafioso, tiene un fuerte olor a lobby, pues a quienes realmente beneficia es a las grandes productoras audiovisuales —léase: canales de televisión—, y además demuestra un profundo desprecio por la cultura, al que ya nos tienen tristemente acostumbrados nuestros “padres de la patria”. Los artistas y músicos que dejarían de recibir sus regalías si esta ley se aprueba en el pleno del Congreso no son unos hippies improvisados que se dedican al arte para pasar el rato: son profesionales que han estudiado y se han preparado para ofrecer contenidos de calidad al público. Son madres, padres, hijas, hijos, personas que colaboran con la economía familiar y pagan sus impuestos. Son ciudadanos que no están pidiendo que se les regale nada, sino que exigen una remuneración justa por su trabajo. No se trata simplemente de una mala ley. Se trata del país que están diseñando: uno en el que la cultura no vale nada, y el trabajo honesto, tampoco.
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Tiene que haber libertad para contratar y no sobreproteger a nadie, menos a estos artistas. Si el artista es bueno podrá exigir contractualmente el pago de regalias por 10 años o perpetuas, pero si es un NN o un mediocre como los que abundan en nuestra diminuta escena, no se puede imponer una ley para que si, por casualidad del destino la obra resulta buena, esos mediocres reciban regalias de por vida. Eso no pasa en ningun trabajo, en ninguna profesión. En fin, un poco mas de cordura y menos grito y chilla, más sentido común.