¿Cómo revolucionaría tu vida si tuvieras un gemelo virtual?
“¿Si pudieras hacer un gemelo digital de cualquier objeto o persona, de qué o de quién lo harías?” pregunté en una sobremesa entre amigos, con una botella de vino de por medio. “Del gobierno del Perú”, dijo el más masoquista del grupo, ese que encuentra placer en tratar de arreglar el mundo. “De mí mismo”, corearon los demás, revelando nuestro común rasgo narcisista.
Todo empezó mientras hablábamos del fascinante proyecto del Gemelo Digital del Océano, que reseñé en un jugo anterior. Pero pronto nos desviamos: imaginamos una realidad paralela llena de réplicas digitales, una para cada cosa. ¿Un gemelo digital del tráfico limeño? ¡Lo quiero ya! ¿Uno de la gestión del agua en la cuenca de Ica? Los iqueños estarían agradecidos… ¿Un gemelo digital del turismo hacia Machu Picchu? Simular rutas, prever el desgaste patrimonial, optimizar ingresos de visitantes. Quizás los cusqueños comprometidos con el patrimonio exultarían. Aunque más de uno temería que también sea usado para vender más entradas.
Pero la idea, que suena a ciencia ficción, está mucho más cerca de nuestra cotidianidad de lo que parece.
Un gemelo digital es una réplica virtual de un objeto, proceso, sistema o persona, creada a partir de datos reales y capaz de simular su comportamiento en distintas condiciones. Los gemelos digitales se usaron inicialmente en la industria aeroespacial y para prever fallas y optimizar procesos en las fábricas. Hoy, su campo de acción se ha expandido notablemente: salud, transporte, energía, agricultura, educación, y hasta nuestras propias vidas.
Conectados a sensores, los gemelos digitales pueden reflejar en tiempo real el estado del objeto o sistema que replican. Así, permiten tomar decisiones informadas, prevenir fallos, personalizar intervenciones y reducir costos y tiempos. La ingeniera aeroespacial Karen Willcox, de la Universidad de Texas, sostiene que en un futuro muy cercano los gemelos digitales revolucionarán desde la gestión del tráfico hasta el seguimiento de la salud, pasando por el manejo del agua o la energía. Si te interesa, escucha su interesante TED Talk.
Confieso: aún no me he hecho un avatar en Facebook. Pero sí me tienta la idea de tener una gemela digital, especialmente para fines médicos, diseñada a partir de mis datos genéticos, mis hábitos y antecedentes clínicos. Una copia virtual de mí misma, capaz de simular cómo reaccionaría mi cuerpo a distintos medicamentos, cirugías o cambios en mi dieta o estilo de vida. ¿Podría mejorar mi nivel de glucosa basal en ayunas? ¿Mi colesterol? ¿Cómo envejecería? ¿Podría corregir mi futuro biológico?
En medicina, los gemelos digitales ya no son promesas: son una revolución en marcha. En diversas clínicas del mundo, por ejemplo, se crean réplicas digitales personalizadas de pacientes, conectadas a sensores, dispositivos portátiles y registros clínicos. Con ellas, los médicos pueden personalizar tratamientos y optimizar dispositivos como marcapasos o bombas de insulina. Pero los avances van más allá. Se están diseñando modelos digitales de órganos, corazones, pulmones y cerebros, para estudiar enfermedades complejas, planificar cirugías y probar medicamentos sin riesgos.
En Stanford, Estados Unidos, el equipo liderado por la doctora Alison Marsden usó un gemelo digital del corazón de un niño con una cardiopatía congénita compleja —el síndrome del corazón izquierdo hipoplásico— para simular diferentes técnicas quirúrgicas. Utilizando imágenes de resonancia magnética y tomografías, construyeron un modelo virtual exacto del corazón del paciente, que permitió ensayar cirugías antes de entrar al quirófano real. El resultado: una operación personalizada y una recuperación más rápida.
Otra frontera que los gemelos digitales están cruzando es la del desarrollo farmacéutico. La empresa Insilico Medicinelogró diseñar el primer fármaco desarrollado íntegramente con un gemelo digital humano: una réplica virtual del cuerpo humano a nivel celular, genético y metabólico. En este caso, construyeron un modelo de la fibrosis pulmonar idiopática, una enfermedad crónica y letal. Usando datos clínicos y genómicos de pacientes reales, simularon la progresión de la enfermedad, identificaron proteínas clave y generaron miles de compuestos que evaluaron virtualmente. Uno de ellos entró en ensayos clínicos en solo 18 meses: una hazaña, cuando lo usual son entre 4 y 6 años. Los defensores de animales deberían celebrar: este método evita el uso de animales de laboratorio para las pruebas y abre la puerta a una medicina más personalizada: ¿por qué ensayar un fármaco en diez mil personas, cuando puedes probarlo antes en tu gemelo digital?
En Berlín, el hospital universitario Charité y Siemens Healthineers trabajan juntos para crear gemelos digitales de pacientes oncológicos y cardíacos. Integran imágenes médicas, genética, historias clínicas y hábitos de vida para construir modelos tridimensionales del cuerpo del paciente. Con esos modelos simulan tratamientos como quimioterapia o cirugías y eligen la mejor opción antes de aplicarla. En oncología, por ejemplo, se usó un gemelo digital para ajustar con precisión la dosis de radioterapia en un tumor cerebral, maximizando su efectividad y protegiendo el tejido sano. La diferencia es radical: se deja atrás al «paciente promedio» y se entra en la era del paciente singular, único, irrepetible… y digitalmente replicable.
El tema es fascinante pero, como toda tecnología poderosa, plantea nuevas preguntas. ¿Quién es dueño de tu gemelo digital? ¿Seremos nosotros, los pacientes, quienes decidamos cómo y con quién compartir esa réplica nuestra? ¿O serán las grandes plataformas tecnológicas, las compañías de seguros o los gobiernos?
En marzo de este año, el presidente chino Xi Jinping anunció que la tecnología de gemelos digitales es una de las seis “nuevas fuerzas productivas” que su país liderará. China y EE.UU. compiten ahora por dominar esta tecnología, no solo por sus aplicaciones médicas, sino por su potencial económico y geopolítico.
Así, las detestables guerras que ocupan las noticias de este beligerante 2025 tienen una nueva explicación.
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