Latinoland


¿Es Estados Unidos parte de América Latina?


Alejandro Neyra es escritor y diplomático peruano. Ha sido director de la Biblioteca Nacional, ministro de Cultura, y ha desempeñado funciones diplomáticas ante Naciones Unidas en Ginebra y la Embajada del Perú en Chile. Es autor de los libros Peruanos IlustresPeruvians do it better, Peruanas Ilustres, Historia (o)culta del Perú, Biblioteca Peruana, Peruanos de ficción, Traiciones Peruanas, entre otros. Ha ganado el Premio Copé de Novela 2019 con Mi monstruo sagrado y es autor de la celebrada y premiada saga de novelas CIA Perú.


Hace unos días tuve la gran suerte de presentar Latinoland, la última y monumental obra de Marie Arana, destacada autora peruano-norteamericana, quien nos presenta aquí una investigación académica sobre la presencia de los latinos —o hispanos, como se dice a veces en los Estados Unidos, y que ella considera y usa de manera indistinta— en la tierra de las oportunidades (que a veces no son tantas).

Arana, como en su definitiva biografía sobre el libertador Bolívar, hace empleo extensivo de fuentes primarias y de trabajo de archivo para investigar los orígenes históricos de la presencia hispana en Norteamérica. Así, desde las expediciones de los conquistadores españoles en casi todo el sur, de Florida hasta California, nos demuestra la fuerte presencia hispana muchas décadas antes de que llegaran los peregrinos del Mayflower. Pero a estos pioneros se suman luego muchos otros personajes de linaje hispano, como el famoso héroe de la guerra civil David Farragut —cuya estatua está a pocas calles de la Casa Blanca, sin que nadie se pregunte por sus orígenes.

Por otro lado, Arana explora cómo, con el correr de los siglos, las migraciones de mexicanos, dominicanos, cubanos, portorriqueños, centroamericanos y sudamericanos en general van poco a poco dando paso a la configuración de un nuevo fenómeno de latinidad en los Estados Unidos. Cada una de estas comunidades llega con un bagaje de tradiciones, costumbres, religiones, compromisos políticos, etc. que, poco a poco, ha ido configurando la que es la primera minoría en ese país-continente. En tal sentido, el libro nos muestra los líderes históricos, las pioneras en las luchas por los derechos de la mujer, los párrocos y pastores; pero también las figuras del cine y la música desde los primeros tiempos de Hollywood —Ricardo Montalbán, Carmen Miranda, y también Richie Valens y Jennifer Lopez o Selena Gómez en las décadas más recientes.

Entre estos temas está, cómo no, el de la política. En un año electoral en el cual el tema migratorio promete ser uno de los ejes centrales en la campaña, es especialmente interesante leer cuál ha sido la evolución de algunos líderes norteamericanos abiertamente racistas como Teddy Roosevelt, hasta aquellos que, como Lyndon Johnson y —contra todo lo que uno pudiera imaginar, con un discurso y acciones integradoras— Richard Nixon, fueron los primeros presidentes que abrieron las puertas de los altos cargos públicos a profesionales de ascendencia hispana. Y es que más allá del cálculo político de republicanos y demócratas, muchas veces el Estado, lugar de proveniencia o vocación, puede hacer que una presidencia quede marcada positivamente por la apertura hacia el mundo latino.

Lo mejor del libro es que todas estas historias se acompañan por relatos de migrantes, como la introspección que hace de sí misma Marie Arana al recordar su infancia de niña en tránsito y cómo su padre dejó el Perú por amor; o la de muchos líderes comunitarios y pioneras de la lucha por los derechos de la mujer; o, también, la historia de la comunidad de Cabanaconde, trasladada en buena parte desde el valle del Colca, en Arequipa, a determinadas zonas en el estado de Maryland, donde vive de acuerdo a sus tradiciones, en un espacio del Perú instalado en Norteamérica. 

Y es que, esto queda casi como conclusión del libro, Estados Unidos es un país con más de 65 millones de latinos de toda procedencia, quienes marcan el destino (manifiesto) de la nación. Haciendo cálculos, se trataría del segundo país latinoamericano más grande del mundo después de México y muy por encima de Argentina, Colombia o nuestro querido Perú. Pensando así, señala Marie Arana, quizá deberíamos preguntarnos si, con todos su problemas y posibilidades, Estados Unidos no es ya parte de América Latina.

Finalmente, y aunque quede para la anécdota, el libro de Arana se presentó a bordo del BAP Unión, el velero de instrucción que ha dado la vuelta al mundo y que recaló en Baltimore por algunos días. Allí, en medio de largas colas, danzas típicas y comida peruana en foodtrucks, era interesante comprobar cómo incluso los peruanos más alienados —pensando en Ribeyro— se subían orgullosamente al barco para sentirse un poquito más cerca del Perú. Como para preguntarse si, efectivamente los Estados Unidos no es ya Latinoland.  


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2 comentarios

  1. Martín AD

    Hola Alejandro,
    un agradable relato, por el cual te agradecemos,
    y una reflexión interesante, sobre todo, como comentas, en plena época electoral de los yunaites.
    Guardando la distancia, parece que los US of América (con tilde), se encuentran en un tipo de transición similar a lo que sucediera con el barco de la paradoja de Teseo.
    Saludos.

  2. Carlos

    Interesante artículo, gracias.

    En la parte que se menciona que los EE.UU. se trataría del segundo país latinoamericano más grande del mundo después de México, ¿por qué no se considera a Brasil?

    Por otro lado, sería interesante abordar en un futuro la historia de las preferencias electorales de los latinos en los EE.UU., cuyo voto entiendo fue decisivo para el triunfo de D.Trump en el 2020 y que parece haber tenido un punto de inflexión durante el gobierno de G.W.Bush., fenómeno que, al parecer, podría tener una estrecha relación con la afiliación religiosa y los valores e ideas compartidas a través de las iglesias protestantes.

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