Las empresas y el quechua


Una enorme oportunidad para incluir lenguas indígenas en los servicios educativos y financieros


Patricia Flores Mori es administradora graduada de la Universidad del Pacífico, con más de cuatro años de experiencia en empresas con impacto social y ambiental. Es cofundadora de Saphi, una empresa social que revaloriza lenguas indígenas mediante cursos y servicios.


Quechua, ¿por qué? 
Tal es la pregunta con que empezamos cada primera sesión de clases y las respuestas son diversas. 
No obstante, nunca olvidaré la de una alumna que nos relató que sus padres hablaban en quechua entre ellos para que ella no pudiera entender lo que se decían, y que cuando se animó a preguntarles por qué no se lo habían enseñado a ella, su papá le explicó que de niño, en Ayacucho, acompañaba a sus abuelos al doctor para hacer de traductor porque ellos no hablaban español y que, al mudarse a Lima, enfrentó burlas por su acento. Fue así que decidió que en la capital no tenía sentido que sus hijas aprendieran la lengua de sus padres y abuelos.

Todos quedamos muy conmovidos por la historia, y eso nos motivó a mi socia, Emely Condor, y a mí a seguir adelante con nuestro emprendimiento. Ambas somos mejores amigas desde la universidad; ella estudió Economía y yo, Administración. Nos graduamos en plena pandemia del 2020 y nuestra idea de ofrecer clases de quechua cobró forma: la nombramos Saphi, que en quechua significa “raíz”. Al inicio muchos nos felicitaron por iniciar este emprendimiento, aunque también nos cuestionaron: ¿para qué? ¿Cuál es el sentido de seguir enseñando una lengua “del pasado”? ¿Quién va a pagar por esto? 
Se olvida que el quechua es hablado por cerca de cuatro millones de personas en nuestro país. Lo que ocurre es que esta realidad no se ve reflejada en los servicios públicos y privados de salud, justicia o de acceso al sistema financiero: en San Juan de Lurigancho, el distrito con más quechuahablantes del Perú —se estiman unos 100 mil—, no hay bancos con servicio al cliente en dicho idioma. Muy pocos servicios se ofrecen en lenguas originarias y se deja a millones de personas sin acceso a servicios en la lengua que aprendieron al nacer.

Durante el encierro pandémico de 2020 varias personas se animaron a tomar cursos virtuales para aprender manualidades, artes y también lenguas. En su misión de revalorizar las lenguas indígenas, Saphi vio la oportunidad de ofrecer cursos por Zoom. La recepción fue muy buena: durante ese primer año llegamos a tener cerca de mil estudiantes aprendiendo quechua, principalmente de Perú, pero para nuestra sorpresa también tuvimos estudiantes de Estados Unidos, Europa y diversas partes de Latinoamérica. Estos números nos impulsaron a innovar mediante el desarrollo de una plataforma web de cursos automatizados al estilo de Crehana o Coursera. En nuestra web ofrecemos cursos diseñados por expertos y material educativo, tanto gratuito como de pago. Muchos creen que la tecnología y las lenguas indígenas son como el agua y el aceite, pero al tratarse de una lengua viva, esta sigue en constante evolución y desde Saphi promovemos que confluyan.

Luego de la gran convocatoria con las clases de quechua, nos empezaron a llegar oportunidades para trabajar con empresas. En 2021 nos contactó la microfinanciera Mibanco para capacitar a su personal de atención al cliente, con el fin de que pudieran brindar servicios a sus usuarios quechuahablantes. Además de ello, empezamos a apoyarlos con traducciones y locuciones de su material educativo sobre el sistema financiero, para que así más personas quechuahablantes fueran incluidas en este sistema. Gracias a esta primera colaboración corporativa decidimos ampliar nuestro impacto trabajando con más empresas del sector financiero y salud para capacitar a su personal en atención al cliente. A la fecha, hemos cooperado con más de 27 empresas, como Caja Los Andes, Porta, plataformas de transferencia virtual de dinero como Yape, e instituciones gubernamentales como el Hospital Loayza.

En casi cuatro años de existencia, Saphi ha ido evolucionando y afianzándose. Nos entendemos como una empresa social dedicada a la revalorización de las lenguas indígenas, con un enfoque particular en el quechua: ofrecemos cursos, traducciones, consultoría y productos para personas, empresas y organizaciones gubernamentales, respaldados por una red de profesores nativos y certificados en el uso de lenguas indígenas. Una de nuestras profesoras es Yanira Ccencho, quien, además de enseñar, nos ayuda creando contenido en nuestras redes sociales, ya que es una brillante comunicadora. Parte de nuestra labor es promover el quechua y demás lenguas indígenas como fuente laboral y de desarrollo profesional.

Nuestro sueño es que más instituciones se animen a capacitar a su personal y a brindar una comunicación orientada a las personas indígenas, incluyendo sectores como las telecomunicaciones, la banca y salud. También nos interesa seguir implementando innovación tecnológica con lenguas indígenas; frente al boom de la inteligencia artificial, consideramos que un paso natural es implementar esta herramienta y entrenarla para diversos rubros, como la enseñanza de lenguas originarias, traducciones e, incluso, atención al cliente.

A veces se pone mucho énfasis en que las lenguas indígenas están perdiendo hablantes con el paso de los años, pero también es un hecho que hoy existen millones de personas que las hablan. Por eso anhelamos una sociedad en donde las lenguas indígenas no solo sobrevivan, sino que florezcan en todos los ámbitos: en la tecnología, en la educación, en los medios de comunicación y en el arte. Vislumbramos que existe la oportunidad para imaginar un futuro donde las empresas y los emprendedores reconozcan el valor de la inclusión lingüística y cultural, integrando a las comunidades indígenas en sus estrategias de negocio y en la creación de productos y servicios innovadores.


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1 comentario

  1. Juan Garcia

    Sinceras felicitaciones.
    La integración de un idioma nace por la vida cotidiana, y mejor empezar por servicios comerciales (como la banca) para mantener vivo el legado de un idioma, de modo que su utilización no quede3 en el espacio familiar y se difunda en entornos de gran alcance. A ver si pronto vemos los contratos de tarjeta de débito o de leasing en quechua también, espero no morir sin verlos.
    Ya sabemos, quien desea destruir un idioma o una lengua tan solo necesita tornarlo invisible en los espacios públicos, y lentamente tornarlo en pieza de museo, solo para el estudio de historiadores y lingüistas, pero sin relevancia alguna en la vida diaria local. Un instructivo de tarjeta o un mensaje en la caja registradora hace mil veces más que el discurso «reivindicativo» del político populachero (ese que oía quechua/aimara en su infancia pero le enfurece pensar que sus hijos lo conozcan)

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