La silla que quedará vacía 


Vida y muerte de Aleksei Navalny, líder disidente ruso


En octubre de 2022 participé de una reunión muy especial del Yale World Fellow Program en New Haven, Connecticut. Era el vigésimo aniversario del estupendo programa que realiza la Universidad de Yale cada año para líderes de diversas partes del mundo, y del que tuve el privilegio de formar parte durante el segundo semestre del 2021, luego de terminar mi mandato congresal. 

El programa tiene entre sus alumnos a líderes del sector público, de la academia, de la sociedad civil y del sector privado de todas partes del mundo, y aquel reencuentro fue memorable porque contó con la participación de personas de los cinco continentes y de todas las promociones. Un pequeño y alegre Babel en Nueva Inglaterra.

En la ceremonia de inauguración del reencuentro, la directora del programa nos hizo notar un detalle que había pasado desapercibido: en la primera fila habían reservadas dos sillas que se mantendrían vacías a lo largo del evento, esperando a los dos fellows que debían ocuparlas. Una silla estaba dedicada a Félix Maradiaga, de la promoción 2008, que era un preso político de la dictadura nicaragüense, y la otra a Aleksei Navalny, de la promoción 2010, preso político de la dictadura rusa. 

En la próxima reunión de reencuentro, Félix Maradiaga podrá ocupar su silla porque, gracias a la presión internacional, el año pasado la dictadura nicaragüense finalmente lo liberó de su injusto encierro. Lamentablemente, la otra silla quedará vacía para siempre, pues la semana pasada nos enteramos del asesinato de Aleksei Navalny a manos del régimen de Putin.

Navalny iba a cumplir 48 años en junio. Abogado dedicado a las finanzas, ganó reconocimiento nacional e internacional por su labor de denuncia de la corrupción en las altas esferas del gobierno de Putin y las grandes corporaciones en Rusia. Para ello, utilizaba su plataforma en blogs y redes sociales, alcanzando una audiencia amplia y gran reconocimiento. A raíz de ello, logró convocar a manifestaciones masivas de oposición al gobierno e iniciar una prometedora carrera política.

Aleksei Navalny hablaba claro en un país donde la libertad de expresión parece haber desaparecido. No tenía problemas en declarar que “la corrupción es la base de la Rusia contemporánea, es la base del poder político del señor Putin», o, ya estando preso, en decir que “esta es una guerra estúpida que comenzó Putin (…) Esta guerra se construyó sobre mentiras. Un loco ha metido sus garras en Ucrania y no sé qué quiere hacer con ella este ladrón loco”.

Su activismo y participación política no estuvo exento de consecuencias. Navalny fue perseguido, detenido y acosado por el régimen ruso a lo largo de los años. Incluso, en agosto de 2020, fue envenenado, lo que casi le cuesta la vida.  Este incidente provocó una condena internacional generalizada y aumentó la visibilidad de su lucha contra el régimen, lo que lo llevó a personificar la resistencia a la corrupción y el autoritarismo de Vladimir Putin. Tras su recuperación del envenenamiento, regresó a Rusia en enero de 2021, donde fue inmediatamente detenido y posteriormente encarcelado. Su arresto provocó protestas masivas en todo el país y llamamientos de líderes y organizaciones internacionales para su liberación, sin éxito. El año pasado, Navalny fue trasladado a una cárcel en Siberia —heredera de los gulags soviéticos, como bien la ha catalogado la BBC— bajo condiciones de vida durísimas. Finalmente, la semana pasada se dio a conocer su muerte sin brindar mayores detalles de cómo ocurrió, pese a lo evidente de la situación. Así, Navalny se suma a la larga lista de opositores de Putin que mueren en “extrañas circunstancias”. Como ha recordado recientemente el diario El País, en la Rusia de Putin los opositores están en el exilio, en prisión, o muertos.

Navalny era muy peligroso para el statu quo ruso porque, en estricto, no era un opositor político, sino un disidente. La diferencia entre ambos conceptos es relevante, y reside en la relación con el sistema de poder establecido. Un opositor opera dentro del marco político institucional, aceptando las reglas de juego del sistema. En cambio, un disidente se caracteriza por su crítica y resistencia al sistema o al gobierno desde fuera de las estructuras de poder formales. Navalny buscaba no solo la salida de Putin, sino el fin de un sistema  social y político que es probadamente autoritario y corrupto.

En el obituario publicado por The Economist, se le describe así: “Era un tipo corriente. Nada destacable en él. Era Everyman, cualquier ruso; uno de los cientos de miles cuyas voces suelen ser sofocadas y cuya existencia el Kremlin ignora. Cuando pronunciaba un discurso, no lo llenaba de citas literarias o referencias a la historia. Le gustaba sentarse con la gente y hablar de lo que les preocupaba: la sanidad, las escuelas, las carreteras llenas de baches, el precio del pan. No era un filósofo, sino un abogado en acción, convertido en bloguero obsesivo, convertido en el principal opositor a Vladimir Putin y su régimen de ladrones y sinvergüenzas. O mejor dicho, sinvergüenzas, ladrones y asesinos. Se opuso a todo lo que representaban: corrupción, amiguismo, codicia, podredumbre moral. Por esa oposición sabía que sería interminablemente acosado, encarcelado y silenciado. Posiblemente asesinado. Pero Alexei Navalny no le tenía miedo a la muerte. A menudo hablaba como si ya hubiera muerto y lo hubiera superado”.

Si Putin piensa que con su eliminación, se ha liberado de Navalny, se equivoca, pues ha creado para el creciente número de disidentes y opositores a un mártir que personifica la valentía y la residencia, y que recuerda que en Rusia otro tipo de liderazgo es posible. La periodista Anne Applebaum lo explica con elocuencia en su obituario para The Atlantic: “Ahora Putin se verá forzado a pelear contra la memoria de Navalny, y esa es una batalla que nunca ganará”. 

En un documental que le hicieron después de su envenenamiento, antes de ser apresado, le pidieron que dejara en video un mensaje dirigido a los rusos en caso de que algo llegara a pasarle. Mirando a la cámara, Aleksei Navalny dijo: “Escucha, tengo algo que decirte que es muy obvio: no está permitido rendirse. Si ellos deciden matarme, es porque somos increíblemente fuertes. Necesitamos usar ese poder para no rendirnos, para recordar que tenemos tanto poder que estás siendo oprimido por estos tipos. No nos damos cuenta de cuán fuertes somos realmente”.


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8 comentarios

  1. Sylvia Martijena Godoy

    Siempre lo digo y es la verdad, escribes de una forma excelente. De Putin solo se puede esperar guerra, muerte y destrucción.

    • Alberto

      Muchas gracias, Sylvia! Tu comentario me alegra y motiva 🙂

  2. Maria Eugenia Durand

    Excelente Alberto! El primer artículo que leo en el Perú sobre el asesinato de Navalny. Muy bien documentado.
    Navalny seguirà viviendo!

    • Alberto

      Muchas gracias, Maria Eugenia! Tarde o temprano tiene que triunfar la libertad.

  3. Adriana Soldi

    Gracias Alberto, no conocía esta historia, es muy bueno tener presente a estas personas que sólo con su vida nos muestran los valores de integridad que nunca debemos perder. Estoy segura que aquí también, en medio de la podredumbre que vemos en el congreso y en la política, salvo honrosas excepciones que se cuentan con los dedos de una mano, los honrados, con valores, íntegros en su ser y actuar somos más.

    • Alberto

      Muchas gracias, Adriana! Son ejemplos como esos los que permiten seguir pensando en un futuro mejor.

  4. Antonio Lorca LL.

    Líder de que eres tu???? A quien representas? Ni salir a la calle puedes porque la gente te detesta….. ya encontraste a los desaparecidos????? Hay que saber tener los pantalones puestos, ser hombre y reconocer los errores, en tu caso mentiras, si quieres aspirar a algo…. mientras tanto estas en el mismo saco de los esperpentos que hoy fungen de congresistas.

    • Alberto

      Gracias por tomarte el tiempo de escribir, Antonio. Representé al país, pero ahora me represento solo a mi, ¿no es suficiente para opinar? Todo ciudadano tiene ese derecho. Sobre la denuncia de desaparecidos, si vuelve a haber represión en el país y se vuelve a denunciar que hay personas cuyo paradero se desconoce, espero que quienes sean congresistas en ese momento asuman el mismo rol que tuvimos varios en ese momento. Yo cumplí con mi deber y lo volvería a hacer.

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