La plata, la espada y la piedra


Un libro que trata de explicar la complejidad de nuestro continente


Esta semana me ha tocado presentar en el Hay Festival de Arequipa el libro de Marie Arana La plata, la espada y la piedra, un largo ensayo que busca desenmarañar el pasado en busca de entender las paradojas latinoamericanas del presente. Escrito originalmente en inglés, el idioma en el que Arana —de padre peruano y madre norteamericana— se siente más cómoda, su libro tiene una profunda conexión con el continente.

Luego de años como editora de la sección de libros del Washington Post, Arana publicó su primer libro a inicios del milenio. American Chica es lo que se conoce en inglés como un memoir, algo que viene a ser más íntimo que una autobiografía, donde la autora retrata la experiencia de vivir entre el Perú y los Estados Unidos, con el influjo de una infancia en una hacienda azucarera en la que su padre era ingeniero, y la pertenencia a una familia aristocrática de Lima, descendiente por un lado de un barón cauchero y, por el otro, de intelectuales y poetas que conforman el clan Cisneros.

En La plata, la espada y la piedra, Arana hace un recorrido por el pasado y el presente del continente enfocándose en tres ejes: la riqueza material (la plata), la violencia endémica (la espada), y la espiritualidad (la piedra). No se trata de un libro clásico que sigue una cronología específica y tampoco se concentra solo en un periodo. Lo que hace es organizar un gran panorama que nos lleva del presente al pasado y nuevamente a la actualidad, a través de tres vidas reales.

La primera le pertenece a Leonor González, una mujer que vive de escarbar los residuos de oro que encuentra en Puno, en la mina La Rinconada, y su experiencia ilustra la vida al borde de la subsistencia en una de las montañas más altas e inhóspitas del mundo. El eje conductor de la segunda parte es Carlos Buergos, un cubano cuya vida ha estado atravesada por la violencia a causa de la revolución cubana, su participación en la Guerra de Angola, su vida de pendenciero y criminal de poca monta, primero en la isla y, luego del Mariel, en los Estados Unidos. Finalmente, la piedra y su referencia a la espiritualidad se ancla en la vida de Xavier Albó, un sacerdote jesuita de origen catalán que se especializó en el quechua y el aimara durante sus años en Bolivia y Ecuador.

En palabras de la autora, este libro nació de una larga conversación con su tía y madrina María Isabel Arana Cisneros. Al conversar sobre las diferencias entre los Estados Unidos y Latinoamérica, a raíz de la publicación de la biografía de Bolívar, “la tía Chaba” le hizo notar que el libro conseguía largamente el objetivo para el que fue escrito, pero que si queríamos ir más allá y entender realmente lo que es América Latina, había que explicar exactamente qué es lo que nos hace lo que somos.

El libro, por lo tanto, es un intento de dar una respuesta a esa pregunta, que no es nada sencilla. El resultado es una narración extremadamente rica de lo que late bajo la piel de nuestro continente. Es una búsqueda por el alma común que hurga en el pasado prehispánico, en la conquista, en las Guerras de Independencia y en las que siguieron, en las economías extractivas que nos han condenado continuamente a usar la figura de los mendigos sentados en bancos de oro, además de los múltiples intentos de cambiar nuestro destino.

La conversación que tuvimos en el Hay Festival ha quedado registrada y se puede ver en la página virtual del festival. También se puede comprar el libro en inglés o en español y los invito a hacerlo, porque este largo ensayo, que puede ser interpretada como una carta de amor al continente y a lo que nos hace latinoamericanos, ilumina muchas de las preguntas que nos hacemos sobre cómo llegamos a donde estamos, ese territorio y circunstancia que Octavio Paz llamó El laberinto de la soledad en uno de sus ensayos más celebrados.

Aclaración pertinente:

La biografía personal de Marie Arana es afín a la de quien escribe, e incluye lazos de parentesco: entre los antepasados de la autora existen unos Sobrevilla, un apellido que en Perú proviene de una sola familia en Huancavelica. Las coincidencias no se detienen allí: también hemos sido becarias en John Carter Brown Library en Providence Rhode Island, donde descubrimos que ambas buscábamos entender mejor las Guerras de Independencia; ella, para la biografía que iba a escribir de Simón Bolívar, y yo para la de Andrés de Santa Cruz. 


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