La fuerza histórica de los pobres


Cinco décadas después, un libro nos recuerda que la esperanza y la lucha son hermanas gemelas


Alejandra Montoya es licenciada en Economía de la Pontificia Universidad Católica del Perú y magíster en Economía y Políticas de Desarrollo de la Universidad de Manchester, Reino Unido. Es investigadora en temas de desarrollo e inclusión social, educación, género, desarrollo rural y agricultura. Como estudiante, perteneció a la Unión Nacional de Estudiantes Católicos (UNEC) y actualmente pertenece al Movimiento de Profesionales Católicos (MPC).


Acaba de ser reeditada La fuerza histórica de los pobres del teólogo Gustavo Gutiérrez, una obra refrescante y esperanzadora frente a la realidad que enfrentamos. En la década de 1970, época en la que el libro fue escrito, el país vivía dictaduras explícitas, persecución política, violencia, pobreza y desigualdades extremas. Los tiempos han cambiado mucho y, sin embargo, hay cosas que persisten, como los gobiernos autoritarios, que hoy en día disfrazan dictaduras como si fuesen democracias a través de la toma de las instituciones del Estado sin que haya consecuencias. En el Perú, la represión ha acallado las voces de protesta y reducido la capacidad de la ciudadanía para transformar sus reclamos en logros. La pobreza y las desigualdades también persisten. En 2023 la pobreza llegó a 29 %, una cifra más alta que la del año anterior y muy por encima de los valores prepandémicos. Otro 30 % de compatriotas se encuentra en situación de vulnerabilidad. Así, 6 de cada 10 peruanos están en pobreza o cerca de ella. Esto es una tragedia.

Pero volvamos al libro, que recoge los ensayos escritos por Gustavo Gutiérrez en el contexto de las Conferencias Episcopales de Medellín y Puebla. Estas fueron cruciales para la transición de una Iglesia tradicional y eurocéntrica a una más cercana a la realidad latinoamericana. El principal problema que identifica Gutiérrez para Latinoamérica es el de la “no persona”: seres humanos considerados menos valiosos, excluidos, marginados y oprimidos.

En este contexto surgió la Teología de la Liberación, profundizada en esta obra. El texto plantea la exigencia de vivir la fe en solidaridad con el pobre. La opción preferencial por el pobre tiene su raíz en el Evangelio. Ser cristianos no significa solo creer en Dios, rezar y vivir nuestra fe de manera individual, sino plasmar el mensaje de Jesús en la realidad e historia concretas. Esta forma de hacer teología va más allá de pensar en formas asistencialistas de “ayudar” al prójimo; implica transformar las estructuras que generan pobreza e impiden que los pobres sean agentes de su propio destino.

En su época, el libro fue innovador al combinar teología con ciencias sociales para entender la realidad latinoamericana. Hoy, los nuevos conceptos y herramientas de análisis empírico de las ciencias sociales modernas pueden interactuar con recientes propuestas teológicas para analizar y brindar soluciones a problemas contemporáneos del país, la región y el mundo. Por ejemplo, existen tradiciones desde las ciencias sociales, por un lado, y la teología, por otro, que coinciden en entender que la pobreza va más allá de la carencia de ingresos y se extiende a privaciones en múltiples dimensiones de la vida, limitando las libertades de las personas para llevar vidas valiosas. Asimismo, la ecología integral enunciada por el papa Francisco, que enfatiza el clamor de la Tierra y de los pobres, tiene elementos comunes con aproximaciones dentro de la ecología política. Estos diálogos entre teología y ciencias sociales, en cercanía con las voces de la poblaciones que sufren pobreza, son cruciales para transformar los órdenes sociales que generan estos problemas.

Es difícil hablar de la transformación de la realidad y de la promoción de un entorno más justo y fraterno en un contexto de antidemocracia, censura y represión. Sin embargo, existen espacios de esperanza como los de las organizaciones y colectivos feministas, de derechos humanos, agrupaciones populares como las “ollas comunes” y los grupos indígenas que defienden sus territorios y el medio ambiente, entre otros. La Iglesia latinoamericana también ha presentado buenas nuevas con la elección de un papa de la región que exhorta a ser una Iglesia en salida, una Iglesia pobre y para los pobres, y en cuidado de la “casa común”. Movimientos laicales como la Unión Nacional de Estudiantes Católicos (UNEC), en donde me formé durante mi vida universitaria, también buscan hacer presente este mensaje del Evangelio hoy en la realidad del país.

Termino esta columna con una frase del libro que invita a mantener una esperanza activa, esa que actúa para generar condiciones necesarias para un futuro mejor:

“En la fracción del pan, del pan que falta a los desheredados de la tierra, se hace presente y se reconoce la vida del Resucitado. Vida que nos asegura que la muerte no vencerá, que el pecado y la injusticia serán abolidos. (…). Es una alegría pascual que pasa por la muerte y el dolor, pero que expresa una profunda esperanza”.


¡Suscríbete a Jugo haciendo click en el botón de abajo!

Contamos contigo para no desenchufar la licuadora.

2 comentarios

  1. Julio

    Buena síntesis del legado de Gustavo Gutiérrez, la teología de la liberación y el proceso político en nuestro país, buen jugo!

  2. Pier Paolo MR

    Momento de lucha por la justicia, para avivar la esperanza en que lograremos ensanchar el espacio de la vida en nuestro país

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

16 − quince =

Volver arriba