El viaje de ABBA


Con ustedes, la próxima frontera de la industria de la nostalgia 


La nostalgia es un gran motor de la industria del entretenimiento. Grupos de música emblemáticos de los noventa se vuelven a juntar para dar conciertos, películas se remasterizan y vuelven a cartelera, sale la nueva temporada de una serie que dejó de producirse hace una década, se lanza una secuela más de un éxito de Disney, crean la edición especial de un disco que cumple cincuenta años, emuladores para jugar en la computadora juegos que sacó Nintendo hace treinta años: la lista puede seguir, y es tan variada como nuestros recuerdos.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de vivir en Londres una nueva experiencia dentro de esta tendencia: Abba Voyage. Se trata de algo inédito: un concierto virtual donde se presentan los icónicos miembros de la banda sueca ABBA, pero recreados como avatares digitales para interpretar sus grandes éxitos. Cuando inicialmente me lo explicaron, me imaginé asistiendo a una suerte de proyección de una película con lentes de 3D, o viendo sobre el escenario unos avatares como el de la princesa Leia en Star Warscuando R2D2 difunde su mensaje de auxilio para Obi Wan Kenobi. 

Estaba equivocado.

El concierto fue como si hubiese retrocedido en el tiempo y tuviese la oportunidad de ver a ABBA en su mejor momento. Loquísimo es poco. Abba Voyage ha construido un lugar de conciertos especial donde utiliza tecnología avanzada para que realmente parezca que los integrante de ABBA están sobre el escenario. Y les juro que, de no saber que era materialmente imposible que los cuatro suecos estuviesen ahí luciendo tan jóvenes como en el pico de su carrera, hubiera pensado que era un concierto de música como cualquier otro. Incluso, en un momento salieron a tocar unos músicos de verdad, de carne y hueso, y me fue muy difícil convencerme de que no eran también hologramas.

No puedo explicar muy bien la parte técnica que hace que tal locura sea posible. Entiendo que los miembros originales de ABBA realizaron actuaciones vistiendo trajes especiales equipados con sensores. Esos sensores capturaron cada movimiento y expresión facial, y de ahí salieron los avatares digitales ultrarrealistas, junto con el uso de fotos y videos de cuando eran jóvenes. Pantallas y proyectores especiales, efectos visuales de alta tecnología, luces y gran sonido hicieron el resto. 

El publicó gritó, cantó y bailó como si fuese un concierto real del grupo. A ello se sumó un elemento de profunda emoción porque los que ahí participábamos aceptamos sin mayor problema, gracias a la tecnología y a nuestras propias ganas, esa ficción que se nos planteaba: durante la duración del concierto creímos que eso que teníamos adelante era el grupo de pop sueco, y que habíamos encontrado la manera de retroceder en el tiempo para volver a vivirlo o, en el caso de la gente de mi generación, para vivirlo por primera vez. Fue hermoso. Uno podía ver a la gente genuinamente conmovida, en especial ante canciones emblemáticas comoChiquitita, Thank you for the music y The winner takes it all.  

Salí del concierto muy contento, tarareando esos éxitos. Y también con la sensación de que lo vivido marca el inicio de una nueva frontera de la industria de la nostalgia. Claro, la experiencia no es igual a la de un concierto regular. Si se nos ofreciera el concierto que dará Paul McCartney en Lima junto a uno que se pudiese armar de forma digital, de seguro todos preferiríamos ir al Estadio Nacional. Pero si les digo que podremos ver a The Beatles en vivo y en directo gracias a esa tecnología, ¿rechazarían la propuesta? 

Lo que Abba Voyage está popularizando no es un reemplazo de los conciertos, es la posibilidad de acceder a experiencias que sin esa tecnología simplemente no podríamos tener. Y no solo para volver al pasado. Estoy pensando en las swifties que no pudieron ir a los agotadísimos conciertos de Taylor Swift alrededor del mundo y que llenaron los cines para ver el mismo espectáculo, bailando y cantando a viva voz desde sus butacas. La diferencia es que les aseguro que la tecnología utilizada en Abba Voyage supera largamente a la experiencia que puede dar una sala de cine, permitiendo que se sientan casi casi como en un concierto real.

Por el momento, me imagino que la inversión para realizar una experiencia como la de Abba Voyage debe ser muy alta. Pero si algo sabemos de los asuntos tecnológicos, es que con el tiempo todo se abarata y se vuelve más asequible, así que no pasará mucho hasta que este tipo de propuestas se popularicen en distintas ciudades. Mientras eso sucede, si pasan por Londres, no dejen de ir aAbba Voyage. Vacilón asegurado. Incluso si no son muy fanáticos del grupo, traten de ir: pocas veces se tiene la oportunidad de ver con tanta claridad el futuro de una industria.


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