El temor a la página que no está en blanco


El atentado contra Salman Rushdie no debe dejar a nadie indiferente


“La idea de lo sagrado es simplemente una de las ideas más conservadoras en cualquier cultura, ya que busca convertir las otras ideas —la incertidumbre, el progreso, el cambio— en crímenes”.

                                                Salman Rushdie 

Los escritores suelen tenerle miedo a la página en blanco. Es decir, le tienen temor al bloqueo creativo, a no poder empezar a escribir por falta de inspiración, de claridad en las ideas, o a causa de cualquier otro motivo que evita que las palabras fluyan y vayan construyendo el texto que quieren crear. Si uno le pregunta a escritores de toda índole —novelistas, cuentistas, poetas, editorialistas, académicos— coincidirán, sin importar la disciplina, que se trata de una amenaza real, frente a la cual todos tienen algún consejo para enfrentarla.

Pero este no es el único miedo que puede enfrentar un autor. Hay uno que resulta más intenso ante las graves amenazas que entraña: el temor a la página que no está en blanco. Aquella página que ya tiene las ideas y conceptos que se querían expresar, y que ahora debe decidirse si se publica o no. Ese temor aparece cuando el autor tiene la lóbrega certeza de que lo que ahí se dice puede detonar serias amenazas a su vida e integridad.

El caso más emblemático y actual que grafica este temor es el de Salman Rushdie. En 1988, el escritor británico-estadounidense de origen indio publicó la novela Los Versos Satánicos, su cuarto trabajo de ficción, donde trata de manera irreverente al Islam y su profeta Mahoma. Las consecuencias de ello han atormentado al escritor y su entorno por más de tres décadas.

Al poco de tiempo de ser publicado el libro, fue prohibido en la India, Bangladesh, Sudán, Sudáfrica, Sri Lanka, Malasia, Kenia, Tailandia, Tanzania, Indonesia y Singapur. En Inglaterra hubo protestas públicas contra el libro, incluyendo una quema de la novela en la ciudad de Bradford. Un mes después de su publicación en Estados Unidos, el FBI había sido notificado de 78 amenazas contra librerías en ese país por comercializar la obra. 

Pero lo peor ocurrió en 1989, a cinco meses de publicado. El ayatola Ruhollah Khomeini, lider supremo de Irán, publicó una fetua (pronunciamiento legal dentro del Islam) llamando a la muerte de Rushdie y aquellos que habían publicado su libro. En una transmisión por radio, el ayatola dijo lo siguiente: “Llamo a todos los valientes musulmanes, dondequiera que estén en el mundo, a matarlos sin demora, para que nadie se atreva a insultar las sagradas creencias de los musulmanes en lo sucesivo. Y quien sea asesinado por esta causa será un mártir, si Alá quiere. Mientras tanto, si alguien tiene acceso al autor del libro pero es incapaz de llevar a cabo la ejecución, debe informar al pueblo para que [Rushdie] sea castigado por sus actos”. La recompensa por cumplir la fetua era de tres millones de dólares.

Lo que siguió a ello fue el horror. 

Las masivas protestas de musulmanes se dieron en diversos países, con mensajes explícitos a favor de la muerte del escritor. Varias librerías en Estados Unidos decidieron retirar el libro ante las amenazas y luego de que varios locales fueran atacados. Cinco librerías en el Reino Unido fueron incendiadas. El traductor japonés de la novela fue encontrado muerto en una universidad al noreste de Tokio en julio de 1991, víctima de múltiples puñaladas. Ese mismo mes, el traductor italiano Ettore Capriolo también fue apuñalado en su apartamento de Milán, aunque sobrevivió al ataque. Antes de ser agredido, el atacante le preguntó a Capriolo por el paradero de Rushdie. Dos años después, el editor noruego de la obra fue herido gravemente por un disparo.

El escritor ha vivido en la clandestinidad muchos años, mudándose permanentemente de casa y con grandes medidas de seguridad. En todo ese tiempo el gobierno iraní no solo no ha retirado la amenaza, sino que subió varias veces la recompensa económica por la muerte del escritor.

El 12 de agosto de este año el terror finalmente actuó. Treinta y cuatro años después de publicado el libro, Rushdie fue apuñalado durante un evento académico en una universidad del estado de Nueva York, en Estados Unidos. El violento ataque casi le causó la muerte y, según la información compartida por la prensa, las consecuencias a su salud serán graves y permanentes.

La historia de la campaña contra Salman Rushdie, en la cual el atentado es el último y más dramático capítulo, no debe dejar a nadie indiferente. Es un ataque a la libertad sustentado en el más peligroso fanatismo religioso. Un ataque a todo escritor, editor y librero. Un ataque a todo lector. A todo ciudadano que decide informarse, pensar y expresarse como le dé la gana de hacerlo, sin aceptar que un tercero se lo imponga.

Además de condenar sin matices este acto de barbarie, creo que es importante ir más allá. Comprar masivamente Los versos satánicos —que puede conseguirse en algunas librerías peruanas—, compartir los artículos y entrevistas de Rushdie en nuestras redes sociales, conversar del caso con nuestros amigos, y aplicar esto en todos los casos de represión y censura, amplificando el alcance de lo que se busque suprimir. Vayamos al cine a ver la película criticada por ese cura en su púlpito, difundamos el trabajo del artista callejero que fue perseguido por el serenazgo, vayamos a la librería que fue acosada por un iracundo grupo de agitadores, asistamos en mancha a la obra teatral criticada por un rabioso político desde su Twitter.

No cedamos un ápice, porque el fanatismo no se detendrá ante nada. Si no reaccionamos con contundencia, el temor a la página que no está en blanco se convertirá en el horror a la página arrancada por la intolerancia.


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1 comentario

  1. Olga Montero Rose

    Excelente artículo Alberto! Muy cierto!
    No cedamos! Un abrazo

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