El baile y el salón


Lo que las mayorías prefieren no siempre coincide con lo objetivamente deseable. ¿Cómo hacer para que lo técnico y lo político bailen mejor?


¿Cómo se ponen de acuerdo un grupo de amigos? ¿Un barrio? ¿Una nación? Casi todos creemos en el camino democrático. Confiamos en que, con la participación general, se pueden tomar decisiones en beneficio de muchos. La democracia es el mejor sistema que conocemos para agregar las preferencias de varios, es cierto, pero no está libre de problemas. Lo objetivamente mejor para las mayorías no siempre es lo que prefieren esas mismas. 

            Lo hemos visto con el apoyo popular a varias decisiones recientes: 

  • Bicameralidad. El argumento contra la bicameralidad está basado en la baja popularidad del Congreso. Una aritmética sencilla nos dice que con solo una cámara tenemos menos congresistas (y menos gasto) que con dos. Es cierto, pero también que así las decisiones son más apresuradas y menos reflexionadas: censuras a ministros, vacancias exprés y leyes que, de repente, aparecen publicadas en el diario oficial sin haber sido discutidas lo suficiente, abiertamente. 
  • No reelección inmediata de congresistas, alcaldes y otras autoridades. Aquí el argumento ha estado basado en otra animadversión, esta hacia toda la clase política. La antipatía que sentimos por quienes nos gobiernan nos lleva a apoyar que no se entronicen. Funciona, pero con costos que pueden ser altos: (i) Cuando la rotación de políticos es muy alta perdemos la posibilidad de formar cuadros experimentados, (ii) Cuando un político sabe que va a estar en la oficina poco tiempo toma decisiones más apresuradas, no necesariamente las mejores. 
  • Uso de ahorros previsionales. Ya van viendo un patrón. Los impopulares en este caso son las AFP. Además, aquí el argumento toma una forma mas inmediata y personal: queremos “que nos devuelvan nuestra plata”. Es curioso que el mismo argumento egoísta que sirvió para impulsar el sistema privado de pensiones sirva ahora también para agujerearlo. El costo de esto en el largo plazo es enorme, pero estamos decidiendo no verlo. ¿Qué haremos cuando los trabajadores actuales lleguen a la edad de jubilación y no tengamos cómo financiar una pensión para ellos?

            También lo hemos visto en la falta de apoyo, o indiferencia, a medidas que nos han hecho bien (o nos lo hubieran hecho):

  • El shock. Tras el descalabro económico del primer gobierno de García, el país se debatía entre dos opciones: aplicar o no un shock económico. En las elecciones de 1990 el país voto por no ejecutarlo. Meses después, el shock se implementó (la falta de respeto a las promesas electorales puede ser motivo de otra columna. Para el argumento de hoy dejemos esto aquí nomas). Ahora, tres décadas después, disfrutamos de una economía estable, sin hiperinflación, y con reservas internacionales. La medida impopular era buena

            La ley universitaria y la creación de la Sunedu. Hoy la medida goza de gran apoyo popular, pero en el momento clave de su discusión el tema no era prioritario. Transportémonos mentalmente al 2014. ¿Qué estaba en la discusión pública? Seguro muchos recordaran el fallo de La Haya o nuestros problemas de corrupción, pero muy poco sobre una discusión acerca de una Ley Universitaria. 

  • La Ley Pulpín. Una ley técnicamente correcta, pero pesimamente comunicada, por lo que tuvo que ser derogada tan rápido como se aprobó. Lo lamentable es que hoy solo uno de cada 20 jóvenes pobres cuenta con un empleo formal, y en esta pandemia son quienes más trabajo perdieron. 

            Según la situación, esto ha sido visto como el triunfo de lo técnico sobre lo político, o viceversa. Pero necesitamos cambiar ese enfoque. No deberíamos buscar que lo uno venza a lo otro, ni resignarnos a que esto suceda alternadamente. Lo que necesitamos, más bien, es un adecuado balance permanente, un baile mejor coordinado. 

            ¿Cómo hacer para alinear mejor la voluntad popular con lo mejor para las mayorías? Con información y discusión. Estamos muy poco acostumbrados a eso. La inmediatez del día a día no invita a la tarea de informarnos, revisar lo que uno cree que cree, discutir y buscar alguna convergencia de pensamiento con los demás. Pero es sin duda una de nuestras tareas pendientes

            Ya hemos visto muchas veces lo técnico y lo político como solitarios bailando. Para los retos que se nos vienen estaría bien que ambos practiquen más pasos juntos

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