Un recorrido histórico que explica la debilidad fiscal en el Perú
La semana pasada escribí sobre Julio Cotler y por qué varios especialistas repiten, con admiración y cierta melancolía, que “Cotler was right”. Y esta semana tuve la oportunidad de comentar en un panel de los Viernes Económicos y Financieros del Departamento de Economía de la PUCP, el manuscrito de su sobrino Daniel Cotlear —ignoro el leve cambio en el apellido— titulado Economía Política de la Debilidad Fiscal en el Perú, un texto que inspiró mi búsqueda de las fuentes originales de los trabajos de Cotler.
La tesis central de Cotlear es tan provocadora como sólida: no tenemos pacto fiscal porque pusimos en el cimiento mismo de la relación entre el Estado y la sociedad peruana el expolio de las mayorías. Hablamos del tributo indígena, la conscripción vial, el abandono de la titulación de tierras comunales, la negativa histórica a cobrar impuestos a los ingresos altos: todo ello, en paralelo con una política de sosiego sistemático hacia los poderosos. Por ejemplo, este siglo la torta del PBI peruano se triplicó y el PBI per cápita creció una vez y media. Y sin embargo, la pregunta de fondo —¿para quién?— sigue sin respuesta.
Lo que más me impresionó del manuscrito es su punto de partida, que es el reconocimiento de los datos macrofiscales al mismo tiempo que el fracaso en garantizar servicios básicos de calidad durante el exceso de muertes peruanas en la pandemia. Esa combinación de crecimiento con redistribución truncada no es un accidente técnico. Es, como diría Julio Cotler, el resultado de una mecánica de dominación que se ha reproducido bajo distintas formas a lo largo de décadas y que, en los últimos cinco años, ha encontrado nuevas y brutales expresiones: desde el intento de anular efectivamente el voto de comunidades enteras, hasta responder con violencia letal a quienes protestan.
Dicho esto, tengo dos comentarios de fondo desde la misma lógica del texto.
El primero es sobre la acción colectiva. El título habla de “Economía política”, y yo me esperaba más discusión de actores concretos. Redistribuir exige ponerse de acuerdo, y ponerse de acuerdo es costoso —lo saben bien quienes han tenido que negociar en familia o en trabajos grupales—. ¿Por qué los agentes económicos y políticos peruanos encuentran más conveniente no tener pacto fiscal? ¿Cuál es el costo que perciben en construirlo? El texto nos entrega resultados —el diagnóstico es certero—, pero sin reconstruir la interacción costosa entre esos actores que explica por qué el cimiento no ha sido removido. Esa interacción es, precisamente, el corazón de la economía política.
Mi segundo comentario es sobre los acertados candados de política económica que tenemos en el Perú: el Banco Central de Reserva no financia el gasto público; el gasto público tiene un límite de crecimiento —la regla fiscal—, y los contratos se respetan. El texto critica la regla fiscal, pero me parece que esa crítica subestima lo que el candado fue en realidad: un límite al gasto, no a la recaudación. Nada impedía una reforma tributaria. Pedro Castillo lo intentó, y no lo dejaron, y no por el candado, sino por razones estrictamente políticas. Esa distinción importa, porque si la incapacidad no está en la regla sino en la voluntad política de cobrar impuestos a quienes tienen más, entonces el problema no es técnico-institucional: es estructural. Y ahí volvemos a Cotler.Termino donde empecé: con Julio Cotler. Él advertía que sin redistribución no hay pacto, y sin pacto no hay desarrollo nacional. Lo decía en los años sesenta. Lo repitió durante décadas. El texto de Cotlear demuestra, con datos y con historia, que tenía razón. La pregunta que nos queda —la más difícil, la que la economía política todavía debe responder— es cómo se rompe ese cimiento. No si se puede romper. Eso ya lo sabemos. La pregunta es quién paga el costo político de hacerlo, y si alguien en este país está dispuesto a asumirlo
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