Cómo amar al cine


O respuesta a un hombre llamado Ricardo


Rossana Díaz Costa (Lima, Perú) estudió Literatura en la PUCP, se doctoró en Estudios Literarios en la Universidad de La Coruña y estudió Realización de Audiovisuales en la Escuela de Imagen y Sonido de la misma ciudad. También se especializó como guionista en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid.
Sus cuentos han ganado premios literarios en el Perú y España, y su libro Los Olvidados (no los de Buñuel, los míos) fue finalista en el Premio Nacional de Narrativa en el 2005.

Su corto documental En Camino (1996) ganó el Premio One World de la BBC de Londres y su primer largometraje de ficción, Viaje a Tombuctú (2013), ha ganado varios premios como Mejor Largometraje de Ficción y Premios del Público, además de haber participado en la Selección Oficial de diversos festivales del mundo. En noviembre del 2021 estrenó en el Perú Un Mundo para Julius luego de haber participado en la Selección Oficial de varios festivales, película que ya ha sido estrenada en casi 20 países.


La semana pasada fui invitada a uno de los enriquecedores conversatorios que organiza Jugo en Casa Rebara para hablar acerca de la situación actual del cine peruano y, sobre todo, acerca del conflicto que ha originado la nueva ley de cine y los varios problemas que traerá a aquellas personas que nos dedicamos a este arte tan complejo y sacrificado en un país como el nuestro, en el que tan poco espacio se le da al arte y la cultura. En esta charla, Gustavo Rodríguez nos leyó el comentario de un lector de Jugo a un artículo que había escrito Américo Mendoza a inicios de junio. Esta persona, llamada Ricardo, se cuestiona por qué los impuestos de todos los peruanos y peruanas debe destinarse a financiar películas que a él le parecen pésimas e intrascendentes, películas que nadie ve. Gustavo me encargó escribir este artículo en respuesta a este comentario.

Estimado Ricardo, no sé si habrás tenido una infancia difícil, o si algo pasó a lo largo de tu vida que no te haya permitido amar el cine. Es difícil conversar con personas a quienes no les gusta ver películas, y menos películas de su propio país, películas que han sido reconocidas internacionalmente, que han dado la vuelta al mundo, que han enseñado a muchas personas a conocer y valorar el Perú. Tal vez, Ricardo, tu opinión está formada por alguna mala película que viste alguna vez y generalizas a partir de ahí al cine peruano que se ha hecho con estímulos económicos. Tal vez no te gusta ver un Perú que no se parece al Perú en el que tú vives, o tal vez no te gusta ver películas en las cuales se habla de nuestras desigualdades, injusticias y conflictos sociales, o tal vez no te gusta que una película te incomode o interpele, o bien que genere algún tipo de pensamiento crítico acerca del país en el que vivimos. O, sencillamente, no toleras las formas de pensar que son distintas de la tuya. Todas estas son posibilidades que se me vienen a la mente en este momento para entender tu rechazo hacia un cine peruano más comprometido con nuestros problemas.

Pues, tratando de entender esto y centrándome en la economía, que es tu principal preocupación, te contaré lo siguiente: los estímulos económicos que han permitido que se hagan muchas películas en nuestro país en los últimos años no son dinero regalado que no se devuelve al Estado. Por cada sol que el Estado peruano invierte en el cine a través de estos estímulos, se le devuelve 1.8 soles. Esto es algo que no me estoy inventando o que estoy suponiendo. Te invito a que busques un estudio de la Universidad del Pacífico en el cual se estudia la “economía naranja” a profundidad —aquella que se crea a partir de las industrias culturales— y donde aparecen estas cifras tan reveladoras.

Para que se entienda de dónde sale esta devolución hay que entender cómo se hace una película. En el rodaje de un largometraje de ficción trabajan, por lo menos, 50 o 60 personas, entre el equipo técnico y artístico. Muchas veces hay más personas si es que hay muchos personajes en la película. Cada una de estas personas gana un sueldo y paga sus impuestos. También se emplean diversos servicios, como catering, restaurantes, transportes, hoteles, entre otros, con lo cual se dinamiza la economía del país. Todas las personas y empresas que ofrecen estos servicios también pagan sus impuestos. Son varios los meses de trabajo entre la preproducción y la producción de una película, y al finalizar el rodaje se sigue trabajando en la etapa de postproducción y entran nuevos técnicos, con lo cual se sigue dinamizando la economía a través de, por lo menos, unos seis meses más. Pero esto no termina aquí. Al momento de distribuir y exhibir la película también se necesita de un equipo que trabajará en el estreno del film y se siguen creando puestos de trabajo, manteniendo a muchas familias que viven del cine y se siguen pagando impuestos al Estado. Son procesos de un año o de hasta un año y medio. Es así como se termina devolviéndole al Estado 1.8 soles por cada sol que se nos dio. 

Pero no solo es eso. En el caso de personas como yo, que no vivo de ser técnica, sino que soy guionista, directora y productora ejecutiva, podemos estar años empujando el proyecto de una película, desde que es solo una idea hasta que se convierte en un guion, buscando el financiamiento no solo a través de los estímulos económicos de nuestro país, sino también a través de coproducciones internacionales. No es nada fácil encontrar una coproducción con otro país, toma años llegar a acuerdos, pagándole a abogados, notarios, firmando contratos complejos. Y para que confíen en nosotros es casi obligatorio tener el aval de tu propio país, es decir, es necesario haber obtenido estos estímulos. Así es como se produce el cine en gran parte del mundo y los estímulos económicos se han creado tomando como ejemplo el sistema de países que nos llevan muchos años de desarrollo en temas culturales. Incluso países que son faros del capitalismo estimulan a su cine independiente de esta manera.

Yo vivo de ser profesora universitaria, como muchos y muchas de mis colegas. Cuando llegan los estímulos, se destinan para pagar todos los gastos de preproducción y rodaje, para pagarle a todas estas personas de las que hablé antes. Trabajamos durante años de noche, de madrugada, los fines de semana, sin un sueldo, solo porque amamos el cine. Recién cuando la película se estrena es que tal vez podrás cobrar tu sueldo. Dirán que cuál es el sentido de vivir así, con tantos sacrificios económicos, pero es que muchas personas que nos dedicamos al cine no pensamos solamente en el dinero, sino en cómo alimentar nuestro espíritu y el espíritu de aquellos que también aman el cine.

Un Estado digno tiene la obligación de alimentar el espíritu de sus ciudadanos, tiene la obligación de fomentar la cultura y el pensamiento crítico: para hacernos mejores personas, para reflexionar acerca de nuestros problemas, para pensarnos como peruanos y peruanas. No todo es entretenimiento y evasión. Hay películas que nos tocan fibras importantes, que nos pueden cambiar la vida, que nos pueden hacer soñar con un mundo posible, o nos pueden interpelar de tal forma que nos pueden llevar a querer cambiar el mundo. El cine es el rostro de un país, es la memoria de los pueblos. Por eso, los países desarrollados le han dado la importancia debida al cine, porque saben que a través de este podrán generar un orgullo, una identidad para vernos y comprendernos mejor.

Tal vez, Ricardo, no te han enseñado a amar el cine, pero te invito a que empieces a ver todas aquellas películas peruanas que nos han hecho universales. Nunca es tarde.


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8 comentarios

  1. "JUS" Salazar Laynes, Gustavo

    Excelente respuesta me adhiero a ella. Saludos como un humilde lector y cinéfilo.

  2. Moissan

    Esta ha de ser la peor respuesta que alguien podría dar para persuadir a alguien sobre los estímulos económicos al cine. Condescendiente y con argumentos superficiales.

    • Maira

      Así como Rossana, estás en todo tu derecho de responder de la manera que consideres apropiada 🙂 A mi, que no sé mucho de la industria cinematográfica del país, me pareció educativo

    • José Ugaz La Rosa

      No entiendo cómo puedes responder con tan mala leche a un artículo que, desde el título, solo habla de amor…

  3. Guill3rm0

    Excelente artículo para ubicar a desubicados y limitados

  4. Juan Garcia

    Lamento discrepar…
    La condescendencia de la respuesta es tremenda. No necesitamos atribuir «una infancia difícil» o «no apreciar el cine» para cuestionar a quien no piensa como nosotros.
    Nunca me ha gustado que dinero público se gaste en financiar una industria que, sin ese dinero, no sobreviviría, y es el caso del cine peruano como es el caso de otros negocios privados que subsisten solamente gracias a «ayuda estatal» pues sus consumidores son muy pocos o no están dispuestos a pagar más por el producto.
    Y esto pasa con el cine peruano. La mayoría de filmes peruanos no «conectan» con la gran masa de público peruano por el motivo que sea. El cineasta se obsesiona con su «visión creativa» y no le importa si su película no pasó de cinco mil espectadores en Perú pues espera que los «premios internacionales» salven la situación… y además no hay deber de reembolsar dinero alguno al Ministerio de Cultura. Con esta premisa ¿qué importa si solo mil peruanos vieron el filme? ¿Se hace películas pensando en el público peruano o en «los premios de afuera»?
    Leo muchos insistiendo en que «se ganan premios internacionales» pero eludiendo revelar las cifras de audiencia de tal o cual filme, y olvidando que «ganar premios en Europa» no debería ser la única meta del cineasta. Si deseas «crear un espacio para el debate» deberías lograr que la gente vea tu película y así lograr ese «espacio de replanteamiento de visiones» tan buscado.
    Lo mismo con el argumento «Mexico/Argentina/Chile subsidian su cine…» Primero: si mi vecino bebe lejía no significa que me halle forzado a imitarlo. Segundo: veamos si los filmes subsidiados allá han tenido audiencia o no que justifique el gasto de sus gobiernos.
    Nada malo hay en creerse el Kusturica peruano, el problema es exigir (sí, eso digo, exigir) que dinero público financie el «sueño artístico» de X, Y, o Z. Hay películas peruanas que sí han logrado audiencias notables, y sin pedir plata estatal, no solo la insoportable «Asu Mare» y sus derivados. Miremos «La revolución y la tierra», «Cementerio General», o inclusive «La fuga del chacal» en un entorno mucho menos «amigable» a un emprendimiento nacional, veamos cómo se han desempeñado en salas de cine en Perú, y pensemos si vale la pena que fondos estatales vayan a solventar proyectos 100% personales (el premio ganado en Europa no es «para el país» sino para el cineasta X, Y, o Z que se hace conocido).
    Miremos nada más cómo fuera de la burbuja de Lima se ha producido películas de terror con gran público en regiones y sin necesidad de fondos públicos (¿recuerdan «Jarjacha» o «El chullachaqui»?) y se puede notar cómo esto sí es posible, aunque ciertos «culturosos» desprecian esta clase de filmes por «inmaduros» o «carecer de conciencia transformadora».
    Gracias

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