Una lucha por el sentido común


A propósito de Lo Justo, ¿vale la pena involucrarse en política peruana?


La semana que pasó anuncié mi participación en Lo Justo, un nuevo partido político. Dicho espacio es empujado por Marisol Pérez Tello y Flor Pablo, quienes tienen experiencia tanto parlamentaria como ministerial, y también por ciudadanos con militancias previas y otros que recién se animan a participar en política activa. Por ello quiero compartir aquí qué me ha animado a unirme, e invitarlos a que hagan lo mismo, no necesariamente en el mío, sino en cualquier otro partido donde se sientan convocados.

Siempre me ha gustado la expresión “lo justo”,  porque tiene varias lecturas. En un contexto moral, «lo justo» se refiere a aquello que es correcto de acuerdo a los principios y valores que nos rigen. En el ámbito legal o de resolución de conflictos, «lo justo» se asocia con juicios basados en la imparcialidad, la objetividad y el seguimiento de las leyes o normas establecidas. Por otro lado, en contextos de activismo social, «lo justo» puede servir para validar la lucha por la igualdad o la aspiración por el reconocimiento de derechos. Y en una conversación coloquial, “lo justo” puede hacer referencia a lo que resulta razonable, sin excesos ni defectos, aquello que el sentido común nos dice que debería esperarse como consecuencia natural de determinadas acciones.

Tomando como referencia esta última lectura, es la lucha por ese sentido común la que me lleva a involucrarme en Lo Justo. Que una familia mande a su hija al colegio sabiendo que aprenderá lo que necesita para salir adelante en la vida. Que una estudiante que se esfuerza en la universidad tenga la confianza de que su título a nombre de la Nación le permitirá tener un empleo digno. Que nuestro color de piel, el lugar donde nacimos y la persona a quien amamos sean parte de nuestra identidad, pero que no determinen a priori nuestras posibilidades de progresar en la vida. Todas ellas son aspiraciones razonables. No son nada exóticas o caprichosas. Uno lee y piensa —y también lo siente— que es lo justo.

Lo mismo con respecto a la política. Que cuando se apruebe en el Congreso una ley sobre nuestra selva amazónica, sea para protegerla. Que la clase política se enfrente a las mafias que destruyen nuestro país, no que sea parte de ellas. Que si se dan casos de congresistas que “mochan” el sueldo a sus colaboradores, sean ejemplarmente sancionados. Nadie puede decir que estamos pidiendo cosas que solo suceden en Finlandia o Suiza. Creo que es lo justo: lo mínimo indispensable que esperaríamos en una democracia sana. 

Y, sin embargo, cuando uno ve lo que sucede en el Perú, se cuestiona si efectivamente estamos ante sentidos comunes. Porque parece que no tocamos fondo, con un Congreso que logra sus más amplios consensos cuando se trata de destruir las pocas reformas que se pudieron impulsar en los últimos años, como la reforma universitaria o la reforma magisterial. Que aprueba leyes a favor de la minería ilegal y la tala ilegal donde confluyen quienes se dicen de izquierda y derecha. Con un Ejecutivo incapaz de asumir ninguna responsabilidad política, así estas sean graves denuncias de corrupción o de violación de derechos humanos. Y con actores políticos que buscan instalar la frase de que “todos los políticos son iguales” para hacer sus fechorías camuflados por la indiferencia general. 

Entonces, en medio del desánimo, brilla un poco la esperanza. En mi caso se llama Lo Justo, porque conozco a sus liderazgos y confío en ellos; porque compartimos ideas y urgencias, porque creo que podemos ayudar al país. Hasta el momento, la frustración y la indignación me habían sido poco productivas y bastante dañinas, pues parecían no tener fondo. Sin embargo, por fin siento que se convierten en algo mucho más valioso: la frustración y la indignación alimentan la acción de sacar adelante este partido político.

No lo olvidemos, aunque el panorama no sea el más auspicioso: las cosas pueden ser diferentes. Ya sabemos que pasa cuando no participamos, ahora es momento de actuar. Nuestra historia republicana está llena de momentos dramáticos donde el esfuerzo de muchos permitieron que salgamos adelante. 

Los invito a conocer el partido Lo Justo, en el que sueño que podemos ayudar a ese cambio urgente. Y si no los convence, busquen otra de las opciones inscritas o en proceso de inscripción donde ustedes sientan que pueden dar la lucha para cambiar las cosas. Donde los sentidos comunes no se vean amenazados y podamos llegar a acuerdos mínimos por el bien del país, por aquello que pensamos y sentimos que debería ser nuestro futuro compartido. Ya saben: lo justo.


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5 comentarios

  1. CARLOS Rolando Huamán

    Excelente propuesta. Es una muy buena alternativa con personas en la dirección con experiencia y buena trayectoria en política libre de escándalos y corrupción… Mucha suerte y gracias por ser una muy buena alternativa para sacar a nuestro amado Perú del hoyo en que se encuentra y sacudirnos de los corruptos y ladrones…

  2. Sylvia Martijena Godoy

    Querido Alberto, creo que es muy justo que vuestro partido político, Lo Justo, tenga mucho éxito con afiliados y votantes. En este mundo tan caótico buscar lo justo es emprender una ardua lucha por lo que necesitan los ciudadanos peruanos y creo que la humanidad entera. Nuevamente mucho éxito.

  3. Ahmed Huidobro

    La política es y será siempre sucia. Los que participan en ella no lo hacen por amor al chancho sino a los chicharrones. El que se mete en ella puede ser honrado… hasta que es elegido… En ese momento tiene que comenzar a pagar las deudas en las que incurrió para pagar su campaña… y allí se fue toda presunción de honestidad, porque nadie va a creer que los gastos salen del bolsillo de quienes fueron elegidos.

  4. Carlos Roderich Bradley Botta

    Me preocupa la educación qué tenemos sin valores por la qué tenemos el índice más alto de todos los tiempos y debido a la calidad de los maestros que educan a nuestros jóvenes

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