Cinco teorías alucinadas que ponen en jaque nuestra lucidez
A raíz de mirar la serie documental Sean Combs: The Reckoning (2025), en la que se confirman las siniestras operaciones que ejecutó el productor y cantante conocido como P. Diddy en la industria musical estadounidense durante décadas, acabé perdiéndome por varios días en el agujero de conejo de las teorías conspirativas. Todavía no regreso por completo a la superficie —¿acaso alguien alguna vez lo consigue?—, pero al menos he recuperado medianamente la cordura y puedo recapitular algunas de las creencias estrafalarias que capturaron mi tiempo y mis emociones en los últimos años. Quien esté libre de credulidad, que tire la primera piedra.
Los teléfonos inteligentes nos escuchan
La sensación de que nuestros celulares nos vigilan a través de sus micrófonos es constante. ¿Cómo, sino, se explicaría la aparición de anuncios publicitarios vinculados a las conversaciones que, tan solo estando cerca de tales aparatos, hemos tenido verbalmente? Los expertos señalan que es muy poco probable y que la sensación responde a (1) una predicción de intereses extremadamente precisa por parte de empresas como Google Ads y Facebook, y (2) un sesgo de confirmación que nos empuja a prestar atención únicamente a las coincidencias. Sí, tiene perfecta lógica. Y sin embargo…
Los extraterrestres nos visitan
El universo es tan grande y tan viejo que la probabilidad de coincidir en el espacio y en el tiempo con vida extraterrestre —ya no digamos inteligente— es mínima, casi inexistente. Pero ¿quién no ha visto alguna vez luces imposibles en el cielo? Las anécdotas vividas o relatadas por amigos y familiares hacen muy difícil que uno se contente con la idea de que estamos solos. Además, ¿acaso no somos lo suficientemente especiales como para que los marcianos nos visiten de vez en cuando?
El COVID fue más que un virus fortuito
Desde teorías que afirman que fue diseñado y liberado con fines eugenésicos, hasta aquellas que aseguran que ciertos gobiernos lo aprovecharon para aumentar el control social, beneficiar a la industria farmacéutica y reconfigurar economías, todas bañan en un aura de misterio al virus que definió el inicio de la presente década. Más allá de una firme confianza en la ciencia, y con la perspectiva que han traído los años trascurridos, es inevitable pensar en el COVID y que nos acompañe la sospecha de una manipulación geopolítica.
Nuestra realidad es una simulación
De aquí a pocos siglos, las computadoras podrían ser tan poderosas como para desarrollar simulaciones inconcebiblemente grandes. ¿Cómo saber si no somos ya una simulación generada desde ese probable futuro? Además, ¿cuántos de nosotros no hemos atestiguado coincidencias o extrañezas demasiado llamativas como para no considerarlas un glitch en la matrix, la prueba de que nuestra realidad ha sido previamente diseñada; nuestro destino, prefigurado?
Hollywood es una red de trata de personas
A partir de los destapes conectados con los casos de Harvey Weinstein, Jeffrey Epstein, Dan Schneider (Nickelodeon) y Sean Combs (P. Diddy), cada vez parecen más factibles todos los rumores acerca del funcionamiento interno del mundo del espectáculo televisivo y musical en Estados Unidos. El abuso sexual —muchas veces a menores de edad— parece ser la ficha que ordena las dinámicas de poder en dichas esferas, al punto de definir los ascensos y caídas de las carreras artísticas. Bajo la luz de estas recientes revelaciones, teorías conspirativas y delirantes como Pizza Gate y QAnon cobran una seriedad inesperada.
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Buena