¿Qué es la ventana de Overton y por qué ya no disfrutas de tu superhéroe favorito?
“Superman se volvió progre”.
“Star Wars ya no es lo que era”.
“Disney arruinó mi infancia”.
¿Te suenan estas frases? Seguro las has visto en X, Facebook o en el comentario de algún tío en el grupo de WhatsApp. Cada vez que se trae de vuelta a un personaje de la cultura popular a los tiempos actuales, las redes explotan con quejas: “lo volvieron woke”, “es una agenda globalista”, “¿dónde está mi héroe de los 80?”.
Pero, ¿y si te digo que ni Superman, ni Star Wars cambiaron tanto como crees? Lo que cambió fue la Ventana de Overton, ese marco invisible que define qué ideas son “normales” y cuáles son “locas”. Y mientras esa ventana se movía, tú —sin darte cuenta— quizás te quedaste atrás, gritándole a tu celular.
¿De qué ventana estamos hablando? Esta idea fue desarrollada por el politólogo Joseph Overton. Imagina una ventana que enmarca lo que una sociedad considera aceptable en un momento dado. Dentro de la ventana están las opiniones “razonables”: cosas que puedes decir en la mesa familiar sin que te miren como alien. Afuera están las ideas radicales, impensables o directamente tabú. Pero aquí está el plot twist: la ventana no es fija. Se mueve con el tiempo, empujada por la cultura, los medios, las redes sociales y los eventos globales. Lo que ayer parecía una locura —como el matrimonio igualitario— hoy es tan normal que negarlo te hace sonar como un dinosaurio. Y lo que antes era sentido común —un personaje femenino cuya única característica es la belleza— puede volverse problemático.
Tomemos la nueva película de Superman (2025), dirigida por James Gunn. David Corenswet encarna a un Hombre de Acero descrito como “luminoso, optimista y humano”, inspirado en el Superman de Christopher Reeve, pero con un toque moderno. Suena a lo de siempre, ¿no es cierto? Un héroe que lucha por la verdad, la justicia y la bondad universal. Pero en las redes sociales hay quienes lo llaman woke porque, por ejemplo, enfatiza su origen como inmigrante —¡sorpresa, siempre fue un aliende Krypton!— o porque salva a todos sin importar raza o género. Hasta Dean Cain, el Superman de los 90, ha dicho que Hollywood lo hace “demasiado proinmigración”. ¿En serio? Los creadores de Superman, Jerry Siegel y Joe Shuster, hijos de inmigrantes judíos, diseñaron al personaje en 1938 como una alegoría del desplazamiento y la integración, reflejando sus propias experiencias.
En las películas antiguas, Superman peleaba por “la verdad, la justicia y el estilo de vida americano”. Pero ese “estilo de vida americano” era blanco, heterosexual y masculino. Cualquier cosa fuera de esa norma —mujeres fuertes, personajes racializados, emociones profundas— era secundaria o invisible. Si en 1985 veías a Superman llorando o cuestionando al gobierno, habrías pensado que te cambiaron el canal. Hoy, cuando el Superman de 2025 muestra empatía, cuestiona el poder o —Dios nos libre— salva a un personaje no blanco, algunos fans sienten que les robaron a su héroe. Pero no es que Superman se volvió woke. Es que la ventana se movió hacia una sociedad más inclusiva, y lo que antes era “normal” ahora suena anticuado.
La cultura pop no es perfecta, pero muchas veces va por delante, especialmente en sociedades como la peruana. Lo que hoy parece “progre exagerado”, en unos años será lo normal.
Entonces, antes de gritar “¡me arruinaron a Superman!”, pregúntate: ¿Es el personaje el que cambió… o soy yo el que ya no reconoce el mundo que lo rodea? Porque al final, no se trata solo de películas. Se trata de cómo elegimos mirar el presente. Y si algo te incomoda, antes de descalificarlo intenta entender por qué está ahí.
Tal vez no es propaganda. Tal vez es representación.
Y tal vez —solo tal vez— el problema no es la agenda progresista. Es que estás viendo el mundo con los lentes de hace cuarenta años.
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