La hora de la contención democrática


Las fuerzas democráticas tienen una tarea urgente en el nuevo Senado


La elección del domingo nos deja a los peruanos un mapa político que obliga a ser honestos: las fuerzas democráticas no ganaron el Senado. Pero tampoco lo perdieron del todo. Y esa distinción importa más de lo que parece.

De acuerdo con las proyecciones de Datum, Fuerza Popular y Renovación Popular, suman juntos 30 escaños en la nueva cámara alta. La mitad exacta. Es decir, la misma coalición que durante este Congreso construyó con paciencia —y con impunidad— una ingeniería legal diseñada para concentrar poder, llega al Senado a un solo voto de lograr la fuerza para aprobar leyes importantes y para modificar a su favor los proyectos que lleguen desde la cámara de diputados. No hay forma de suavizar eso: es una mala noticia.

Hay, sin embargo, una lectura más compleja que vale la pena hacer. La mayoría de los partidos que integraron ese pacto autoritario fueron castigados por los electores: no pasaron la valla electoral. Los casos más evidentes son los de Podemos Perú y Alianza para el Progreso, dos fuerzas que tuvieron un poder enorme en el Congreso que termina y que ahora desaparecen del parlamento. El electorado sí pasó factura. El problema es que ese castigo no fue suficiente para desmantelar el bloque: el poder se concentró, pero sobrevivió en Fuerza Popular y Renovación Popular. Menos actores, misma lógica.

Fuerza Popular es una maquinaria disciplinada, con características sectarias. Su bancada vota en bloque de acuerdo con lo que ordena su líder. Eso hace que, en un parlamento fragmentado como el que viene, sus votos valgan más de lo que el número sugiere: mientras otros negocian, dudan o se fracturan, ellos ya decidieron. Por su parte, Renovación Popular es agresiva, paranoica en su lectura de la política, y no tiene ningún problema en revolcarse por el lodo si eso le permite conseguir sus objetivos. Juntos forman una combinación peligrosa que las fuerzas democráticas tendrán que aprender a leer con cuidado.

Pero quedarse en ese diagnóstico sería un error político. Porque lo que los números también muestran es algo que tiene nombre propio: contención democrática.

El concepto lo tomo prestado de Marisol Pérez Tello. La contención democrática es la capacidad de frenar los peores excesos del poder en los momentos decisivos, pero también de presionar, avanzar y disputar agenda cuando las condiciones lo permiten. No es solo un escudo, es también una palanca. El bloqueo legislativo es solo una parte del juego. La otra es usar la tribuna parlamentaria, la presión mediática y la movilización ciudadana para abrir grietas, acumular capital político y arrancar reformas que de otra manera nunca llegarían a votarse.

La coalición de Fuerza Popular y Renovación no tendrá los votos para nombrar al nuevo Tribunal Constitucional ni al Defensor del Pueblo, pues necesita diez escaños más de los que tiene. Tampoco podrá aprobar reformas constitucionales: requieren dos tercios del Senado, un umbral que hoy está fuera de su alcance. Tampoco los votos necesarios para aprobar por sí sola las leyes orgánicas. Estos no son detalles menores. Son los muros que pueden sostenerse, y también los puntos de presión desde los que se puede negociar.

Los partidos más al centro —Ahora Nación y Buen Gobierno— suman aproximadamente trece escaños. No es suficiente para detenerlo todo, pero lo es para construir algo. Su tarea más urgente no es legislativa: es política. Tienen que convertirse en una sola fuerza cuando las circunstancias lo exijan. No necesariamente una alianza formal, pero sí una coordinación real, disciplinada, con capacidad de respuesta rápida ante las jugadas del otro bloque. A eso hay que sumar puentes hacia Juntos por el Perú y hacia la bancada de Obras, que llega como la gran incógnita del nuevo parlamento. Si esas conversaciones prosperan, las fuerzas democráticas podrían alcanzar la mitad de la cámara.

Hay un error que las fuerzas democráticas han cometido antes y no pueden repetir: creer que la aritmética parlamentaria se sostiene sola. No es así. Una estrategia de contención requiere tres cosas que en el pasado han brillado por su ausencia. Disciplina interna: las bancadas democráticas tienen que votar juntas en los momentos clave, sin fisuras que la otra coalición pueda explotar. Una narrativa clara hacia la prensa: la gente tiene que entender qué se está defendiendo y qué se está exigiendo. Y conversación constante con la sociedad civil y con los sectores que tienen algo que perder si el autoritarismo parlamentario consolida sus posiciones, pero también algo que ganar si las fuerzas democráticas empujan con inteligencia.

Perú ha vivido estos años bajo un Congreso que usó el poder para el abuso. El nuevo Senado no será el espacio donde esa historia se revierta de golpe, pero puede ser el espacio donde se detenga, donde se dispute y donde, con presión suficiente, se avance hacia la recuperación de las instituciones. Las fuerzas democráticas deben empezar ya las coordinaciones para lograrlo.


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