Una invitación a ver tras la cortina


El orgullo de compartir, sin bromear, sobre el último “viernes”


Si usted tiene cierta cercanía a las referencias culturales de los procesos de negritud en Estados Unidos, o si ha visto comedias producidas por realizadores afro de ese país, tal vez haya oído hablar de las “reuniones de los viernes”. Esta idea de las “reuniones” se alimenta del estereotipo de que todas las personas afro se conocen mutuamente, y del pánico moral de los años 60 respecto de lo percibido como esfuerzos organizativos de las poblaciones negras que pudieran devenir en alguna acción de “venganza” contra las poblaciones blancas durante el proceso de segregación racial. Una lectura diferente —pero menos tomada en cuenta en esa época— era que la congregación de personas afro les permitía navegar mejor, gracias a la solidaridad que se encuentra en la colectividad, en medio de la sociedad hostil en que vivían. 

Hoy esta noción se utiliza en otros países de la región de manera medianamente lúdica para, reapropiándonos de esta idea, más allá de su sentido perverso original, bromear con alguien cercano que no es afrodescendiente. Concretamente ocurre cuando nos hacen alguna pregunta que podría implicar que hablemos por todo el colectivo a manera de representantes. “Claro, lo discutimos en la reunión del próximo viernes y te cuento” es una frase que más de un amigo o amiga mía me ha escuchado decir antes de darse cuenta de que, en efecto, su amiga Mariela no puede hablar por las 828.894 personas que hacen parte de los pueblos afros a nivel nacional.

Hace unos días, sin embargo, sí me sentí como en una de estas reuniones. Y sin ánimo de abrir el telón de par en par, sí me parece pertinente compartir un poco sobre la importancia del espacio en el que participé, por varias razones. Estuve en la celebración de los 50 años de fundación de lo que fue una de las primeras organizaciones afroperuanas del siglo XX: la Asociación Cultural de la Juventud Negra Peruana “ACEJUNEP”, que además congregó a varios de sus miembros originales, lo cual lo hizo más emocionante. Este espacio de reunión y comunión de la sociedad civil organizada buscó evaluar qué se hizo, cómo, qué quedó por hacer y cuál es la labor de quienes venimos detrás, mientras se reconocía el esfuerzo de ser parte de un escenario de movimientos sociales juveniles en el país y una demostración de agencia ciudadana. 

La historia de la población negra en el Perú, como colectivo político, ha estado caracterizada por una constante lucha. Es posible argumentar que su primera preocupación política colectiva a la llegada al territorio americano se centró en el mejoramiento de sus condiciones de vida. El día de hoy, la lucha de la población negra en el Perú se concentra en la eliminación de las barreras tangibles y simbólicas que limitan el pleno disfrute de sus derechos. En ese escenario, la agencia organizacional de los afrodescendientes se ve reflejada en múltiples esfuerzos que continúan hoy en día. 

Si bien hay espacios de agencia y resistencia afrodescendiente que pueden registrarse hasta en el periodo de la esclavitud y la época colonial, el movimiento negro contemporáneo tiene sus orígenes organizacionales a principios de la década de los 50. Las primeras organizaciones estaban concentradas en poner en valor el arte, música, folklore y, en general, la identidad cultural negra del Perú, recogiendo y alimentándose de la herencia de las figuras culturales y representativas de la población afro que hicieron mucho por ampliar las narrativas sobre la negritud a través de la representación pública. En este plano estarían personas como Nicomedes y Victoria Santa Cruz Gamarra, Carlos Hayre, Amador Ballumbrosio Mosquera, Ronaldo Campos y Pedro Carlos “Caitro” Soto De la Colina. Por otro lado, las organizaciones de los 60 y 70 estaban políticamente influenciadas por el Movimiento Negro por los Derechos Civiles y el Movimiento de Poder Negro (Black Power) en Estados Unidos, así como por la agenda colectiva de las Panteras Negras y los escritos de pensadores como Frantz Fanon, Aimé Cesaire y Marcus Garvey. Hacia los años 70, e influenciados por una nueva generación de pensadores sobre la diáspora africana como Manuel Zapata Olivella y Nicolás Guillen, el panorama organizacional del movimiento negro peruano giró hacia la reflexión sobre asuntos de identidad, negritud y panafricanismo, para luego concentrarse en la desigualdad, el racismo y la lucha por la inclusión social alineados al discurso vigente, mucho más reciente, de los derechos humanos. 

Así, teniendo como referencia la reciente descolonización de varios países africanos y el reconocimiento de figuras como Patricio Lumumba, Kwame Nkhrumah y Martin Luther King, durante los años 60 fue fundado el grupo Los Melanodermos. El objetivo de esta organización —que congregaba a varios académicos— fue aplicar el conocimiento jurídico de sus miembros para combatir la discriminación racial. Junto al Grupo Harlem, fundado varios años antes, estos dos colectivos fueron pioneros en las tareas organizativas de los afrodescendientes en el Perú. La falta de recursos y su centralidad en la ciudad de Lima les llevó, eventualmente, a su disolución unos años más tarde. 

En los inicios de la década de 1970, sin embargo, los jóvenes encontraron un espacio de congregación y debate sobre identidad en la formación de la Asociación Cultural para la Juventud Negra Peruana. La ACEJUNEP, fundada por José “Cheche” Campos, Oswaldo Lecca, Tito Mandrel, Néstor Lay, Gloria Gonzales y tantos otros, reunió a alrededor de 30 jóvenes para debatir y problematizar la identidad negra peruana y su posición en el contexto de la diáspora africana del momento. Muchas organizaciones políticas, académicas y culturales vendrían después: La Tribu, el Instituto de Investigaciones Afroperuanas (INAPE), el Movimiento Negro Francisco Congo, el Centro de Desarrollo Étnico (CEDET), la Asociación Negra de Derechos Humanos (ASONEDH), el Centro Juvenil Mundo de Ébano, el Centro de Desarrollo de la Mujer Negra Peruana (CEDEMUNEP), y Lundu, entre otras. Pero ACEJUNEP es particular, no solo porque congregó los ideales de los jóvenes negros del momento, sino porque les dio un espacio para, afirmando su propia ciudadanía, participar de la vida política del país y del escenario naciente de los movimientos sociales reivindicativos. Además, sostenían reuniones donde podían ser ellos mismos, en comunidad, y compartir los códigos que no les eran permitidos explorar bajo la narrativa aplastante y generalizada del Perú como país mestizo, donde no todos lo somos. Se trataba de un espacio de afirmación de la agencia colectiva, de pensar el país y de pensarse en el país, y de imaginar un mejor futuro que les incluya. 

Compartir con ellos y escucharles evaluar sus propios procesos fue, además de emocionante, retador, porque, como en todo grupo humano, hay desacuerdos, ocasionalmente fundamentales. Pero la sensación más grande que me llevé, fue la de agradecimiento. Ellos (Gloria, Cheche, Jorge, Oswaldo, Susana, Luis, Carlos) son parte de nuestra historia colectiva; colocaron el asfalto que aseguró un mejor camino a los activistas afroperuanos y no afroperuanos de hoy. La ruta sigue siendo difícil, no está libre de obstáculos, pero caminamos sobre sus hombros. 


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2 comentarios

  1. La importancia de un espacio de reunión y comunión, que excelente manera de seguir motivando a la juventud afro a la lucha. ¡Gracias Mariela!

  2. ESTEBAN MINAYA

    Los felicito, pero como diría un antiguo filósofo, «lo q define a los actores, son lo q producen». Hay un espacio de confluencia y trsbajo con 18 años, que se llama «Mesa de Trabajo Afroperuana» que se impulsó desde el 2004, en el Congreso de la República y sin muchos «cafés de viernes» aplicó una agenda q le dio vuelo y brillo a lo construido en estas latitudes. Aún recuerdo cuando propusimos a Gloria Gonzáles y la reivindicamos como representante a la CAN, como reaccionaron «los históricos» líderes afrodescendientes. Estimada Mariela Nole, el país se hunde y no es tiempo de «cafés de viernes», sino de sacarlo de la ideologizacion de izquierdas y derechas. Tenemos q aprender de lo vivido y a ser auténticos a no invisibilizarnos para avanzar. No existen ombligos del mundo. Como diría el maestro Quijano: «descolonizar las mentalidades». Gracias.

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