La ciencia y la tecnología argentinas no deberían caer en la trampa peruana

Gerald Salazar es un físico y comunicador con más de 10 años de experiencia en fuerza laboral STEM y gestión de I+D. Ha liderado iniciativas de divulgación científica y ciencia de materiales. Actualmente se enfoca en computación cuántica y tecnologías emergentes. Es director ejecutivo de la Asociación Clubes de Ciencia Perú.
Para quienes seguimos la situación política en distintos países, especialmente aquellos donde la ultraderecha gobierna, resulta evidente que una cosa es con guitarra y otra es con cajón. El caso más cercano es el de Javier Milei, quien, desde una presidencia con rasgos autoritarios, motosierra en mano, y un plan de ajuste basado en recortes a la educación, salud, obra pública, pensiones, industria y ciencia, ha sufrido una derrota estrepitosa en las elecciones de la provincia de Buenos Aires.
Se han planteado distintas explicaciones.
- Rechazo a la corrupción: días antes de los comicios, se filtraron audios en los que el exjefe de la Agencia Nacional de Discapacidad, una entidad que recortó pensiones de forma arbitraria, relataba posibles coimas del 3 % en licitaciones amañadas que habrían beneficiado a Karina Milei, hermana y cogobernante del presidente (vale la pena escuchar el jingleAlta Coimera, de Gelatina).
- Razones económicas: el “dólar planchado” sostenido con intervenciones del Banco Central, al mejor estilo estatista, combinado con aumentos en los encajes que enfriaron la actividad económica y redujeron el consumo, todo en nombre de contener la inflación.
Sin embargo, pocos analistas —entre ellos Alejandro Bercovich— han puesto el foco en un tercer argumento: el impacto sobre la industria. En varias zonas de la provincia de Buenos Aires, vinculadas al agro y la producción industrial, y antiperonistas, Milei perdió. Allí la industria se ve asfixiada por un ajuste que privilegia la especulación financiera, por una economía orientada al extractivismo —que tiene el foco en el yacimiento petrolífero de Vaca Muerta— y por las restricciones al dólar, necesario para importar insumos y componentes.
Pongo algunos ejemplos de empresas de base tecnológica que se han desarrollado en Argentina, y que forman parte de ese sector industrial afectado:
- INVAP: Empresa líder en el desarrollo de tecnología nuclear, espacial, médica y ambiental, con sede en Bariloche.
- Biosidus: Compañía de biotecnología y biofármacos industriales, ubicada en el Parque Industrial y de la Innovación de Posadas, Misiones.
- Sinergium Biotech: Productora de vacunas y biofármacos de alta complejidad, con sede central en Garín, provincia de Buenos Aires.
- FANIOT: Fábrica de nanosensores en Posadas, Misiones, que articula con universidades y emplea personal técnico especializado en innovación aplicada.
- Base Industrial: Empresa dedicada a la provisión de insumos industriales y a la automatización, con unidades orientadas a sectores específicos como el textil y la domótica.
Y no solo la industria, sino también la ciencia argentina se ha visto afectada. Entre 2024 y 2025, el presupuesto destinado a ciencia sufrió una reducción cercana al 46,4 % en términos reales. Esto se tradujo en despidos y recortes administrativos, con una disminución significativa de puestos científicos de apoyo. La compra de equipamiento y bienes de capital se desplomó, afectando proyectos estratégicos, mientras que organismos clave como la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) vieron reducides o directamente paralizados sus financiamientos.
El resultado ha sido una destrucción neta de empleos en el sistema científico y el debilitamiento de instituciones que durante décadas fueron motor de innovación y desarrollo. A esto se suma el retroceso simbólico e institucional: el Ministerio de Ciencia fue degradado a Secretaría, reflejando una disminución en la prioridad estatal hacia el sector.
Este nuevo tipo de economía a la que Milei busca conducir a la Argentina suele ser resumido por algunos analistas como el “modelo peruano”: un esquema que ha mantenido estabilidad pese a la permanente crisis política. En Perú, la inflación no representa un problema, el Banco Central sigue siendo —por ahora— independiente y, aunque los expresidentes enfrentan procesos por corrupción y la actual mandataria está investigada por delitos de lesa humanidad a raíz de las muertes de diciembre de 2022 y enero de 2023, el tipo de cambio se ha mantenido relativamente estable.
Visto desde lejos, incluso con este combo de degradación política, para ciertos analistas argentinos, Perú representa un “cielo macroeconómico” al que aspirar, un modelo que habría que emular para reducir la dependencia del dólar. Pero creo que se equivocan al desear ser como Perú. Este modelo peruano debería ser una ventana al futuro de lo que no hay que ser: una economía neocolonial que descansa en un modelo primario-exportador que genera conflictos sociales recurrentes, con un alto grado de informalidad y crecientemente capturado por mafias en sectores como el transporte, educación, el comercio, la minería, el Congreso y Palacio de Gobierno. Bajo la apariencia de estabilidad macroeconómica se esconde una economía sumergida que deteriora cada vez más los espacios de convivencia social.
Y en ciencia ciencia y tecnología, basta decir que no estamos ni cerca de la capacidad institucional de la ciencia y tecnología que Argentina tenía en 1950. Incluso, me temo que con la presencia de rectores retrógrados en la SUNEDU, se están poniendo en duda los fundamentos democráticos de la reforma universitaria de Córdoba.
Tras dos años de recortes duros, ideológicos e indiscriminados, Javier (y Karina) Milei han perdido unas elecciones intermedias en una provincia con décadas de arraigo productivo e industrial. Por ello, cuando los analistas argentinos miran al Perú como un supuesto modelo a seguir, deberían recordar que esa misma agenda de desindustrialización económica ya se aplicó en nuestro país durante 30 años. El resultado está a la vista: Perú no es un modelo a imitar.
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