El quechua llegó a Apple TV


La serie Pluribus y las paradojas de la homogenización cultural


En América Latina, la presencia indígena en los medios de comunicación suele aparecer en los márgenes. Y cuando lo hace, muchas veces es bajo la forma de la burla o la caricatura. Durante años, personajes como la Paisana Jacinta en Perú o la India María en México fueron presentados como el rostro de lo indígena en la televisión nacional: figuras construidas sobre el ridículo y la exageración de estereotipos raciales. Cuando no se recurre a la burla, lo indígena suele mostrarse como algo congelado en el pasado. En documentales arqueológicos o turísticos, las culturas originarias son presentadas como vestigios de una civilización antigua, asociadas a ruinas y monumentos. Y en la cobertura informativa contemporánea, con frecuencia se refiere a ellas como un “problema social”: comunidades que protestan, bloquean carreteras o que son retratadas como obstáculos para el llamado desarrollo.

En Perú, en particular, las excepciones son escasas. Una de las más notables es Ñuqanchik, programa del canal estatal que transmite noticias en quechua y que ofrece una ventana a las múltiples realidades de los casi cuatro millones de hablantes de esta lengua en el país. Más allá de iniciativas como esta, la presencia contemporánea del quechua en la pantalla sigue siendo limitada.

Por eso resulta llamativo que una de las representaciones recientes del quechua con mayor visibilidad internacional haya aparecido en una producción de Hollywood.

En los últimos años, algunas producciones internacionales han incorporado breves diálogos en quechua o referencias a culturas andinas, como Transformers: el despertar de las bestias (2023) o Dora y la ciudad perdida (2019). Recientemente, la serie Pluribus, estrenada por Apple TV en noviembre de 2025 y del mismo creador del drama Breaking Bad, se suma a este panorama con un personaje quechuahablante. Mientras que en el Perú la serie recién comienza a circular entre el público, en Estados Unidos se ha convertido en el programa más visto en la historia de la plataforma y hasta el momento ha sido reconocida con un Globo de Oro.

La trama va así: un extraño virus de origen extraterrestre transforma a la humanidad en una especie de mente colectiva; una sociedad en apariencia feliz y libre de conflictos. Sin embargo, trece personas permanecen inmunes a ese fenómeno. Una de ellas es Kusimayu, una joven quechuahablante que vive en los Andes peruanos. 

El personaje es interpretado por la actriz peruana Darinka Arones, originaria de San Juan de Miraflores en Lima y actualmente vive en Nueva York. Su presencia en la serie no es un simple detalle exótico: la identidad cultural de Kusimayu forma parte del universo narrativo de la historia. Para construir este personaje, la producción contó con asesores culturales como Doris Loayza, profesora de quechua en la Universidad de Colorado, y la poeta y actriz quechua Irma Álvarez Ccoscco.

Las representaciones quechuas en la pantalla global siguen siendo escasas, y precisamente por eso implican un enorme desafío. ¿Cómo representar lo local y lo indígena en una producción pensada para audiencias globales? Películas peruanas como Retablo (2017)Willaq Pirqa (2022) o Uyariy (2025) han abordado este reto desde una perspectiva profundamente arraigada en los contextos andinos. Pluribus, lo hace desde el lenguaje de la ciencia ficción y la televisión internacional.

Dentro de ese marco narrativo —y sin entrar en spoilers— la serie logra algo significativo: mostrar que el quechua no pertenece únicamente al pasado. En entrevistas recientes para medios, Darinka Arones ha insistido en que la cultura andina no puede reducirse a Machu Picchu o a la gastronomía. También es una cultura viva, hablada y pensada por millones de personas en el presente.

Ese punto resulta especialmente interesante en el contexto de la propia trama de la serie. Pluribus imagina un mundo en el que la humanidad converge hacia una sola conciencia colectiva, una especie de “armonía global” que elimina las diferencias culturales. Frente a esa fuerza homogeneizadora, la existencia de sujetos que permanecen distintos adquiere un significado particular.

Así, el personaje de Kusimayu puede leerse como una metáfora de lo cultural. En un mundo que tiende a uniformar identidades, lenguas y formas de vida, la cultura y lengua quechua aparecen como una presencia que en Kusimayu resistió a la disolución en la masa global, aunque desde una posición frágil.

El sociólogo Pierre Bourdieu señalaba que las culturas también operan dentro de campos de poder simbólico, donde ciertos valores y prácticas adquieren mayor legitimidad que otros. Durante mucho tiempo, el quechua ha sido relegado dentro de ese campo: asociado a lo rural, a la pobreza o a la falta de modernidad, en un contexto marcado por jerarquías heredadas de la colonialidad y por persistentes formas de discriminación.

Sin embargo, en el escenario global contemporáneo ocurre algo paradójico. En un mundo saturado de productos culturales similares, es visto como valioso aquello que se percibe singular. La diversidad cultural, incluso dentro del capitalismo global, puede convertirse en una forma de capital simbólico. Pero esa valorización también es ambivalente: lo que hoy puede celebrarse como diferencia distintiva es, al mismo tiempo, el resultado de historias largas de desigualdad y marginalización.

Esta paradoja conceptual se ve en el rumbo de nuestro país. Durante décadas, amplios sectores de las élites políticas y económicas peruanas promovieron procesos de aculturación donde hablar quechua o mantener identidades indígenas era visto como algo que debía superarse. Sin embargo, en el escenario internacional contemporáneo, es justamente esa diferencia cultural la que despierta interés, curiosidad y reconocimiento.

El quechua, lejos de ser un obstáculo para la modernidad, puede convertirse en una fuente de creatividad cultural y relevancia global. Pero este reconocimiento también exige cautela. La visibilidad internacional no debería reducir a las culturas indígenas a simples recursos estéticos para el consumo global. El verdadero desafío sigue siendo que nuestras propias sociedades reconozcan el valor de estas lenguas y culturas dentro de sus espacios públicos, junto con el reconocimiento efectivo de derechos y la centralidad de las propias voces indígenas en las conversaciones culturales y políticas.

Tal vez por eso la aparición del quechua en una serie global como Pluribus tiene un significado que va más allá de la ficción. En un contexto donde esta lengua ha sido históricamente relegada o invisibilizada en los espacios mediáticos, su presencia en una producción internacional puede funcionar como un recordatorio para millones de quechuahablantes de que su cultura sigue siendo parte activa del presente, e interlocutora de lo peruano en el contexto global. 

En un mundo que empuja hacia la homogenización, de pronto es necesario recordar que la verdadera riqueza del futuro no está en “parecernos todos”, sino en preservar la diversidad que alimenta nuestra creatividad cultural. 

Postdata: En una próxima ocasión me encantará comentar Pluribus con más detalle y sin miedo a los spoilers sobre el contexto andino, la música y el elenco de actrices quechuahablantes. Por el momento, la invitación a ver la serie queda hecha. 


¡No desenchufes la licuadora! Suscríbete y ayúdanos a seguir haciendo Jugo.pe


1 comentario

  1. Miguel Zaldivar

    En nuestra sociedad racista, producto del colonialismo, siempre ha mirado peyorativamente al quechuablantes y q en la última obra del gran escritor peruano Jeremias Gamboa es uno de los temas principales.
    Apoyemos el cine peruano q vislumbra este tema y critiquemos a congresistas q no apoyaron el cine peruano.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

catorce − 2 =

Volver arriba