Pensar el Perú, una tarea colectiva necesaria


Breves reflexiones para el mes patrio


Las celebraciones oficiales por el Bicentenario de nuestra Independencia están previstas hasta el año 2024. Esto se debe a que, si bien el 28 de julio de 1821 fue la fecha escogida para referirnos al momento en que nuestra nación se hizo libre, poco espacio geográfico peruano lo era en realidad. Fieles a nuestro espíritu centralista, la proclama de la Independencia del Perú no cobraría significado a lo largo de todo el territorio de la república hasta la capitulación de Ayacucho, en diciembre de 1824. Así como este detalle, hay muchos otros que escapan a nuestra mirada o atención cuando hacemos la tarea de pensar el país o reflexionar sobre el mismo. 

Pensar el Perú es una tarea compleja, una obligación que ciertamente corresponde a nuestras autoridades en su actuar cotidiano y de planeamiento de largo plazo, pero que también debería ser parte de nuestro ejercicio ciudadano regular. Pensar el país, sin embargo, requiere que le entendamos o busquemos entenderlo en su complejidad o, por lo menos, que asumamos una postura intencionalmente integrada por múltiples miradas y diversas perspectivas; además de muchas preguntas. Verificar constantemente ¿qué vemos? pero, sobre todo, ¿qué o a quiénes no vemos?, y ¿por qué?. Otras preguntas como: ¿alcanzamos a ser una república? O, por lo menos, cuestionar si hemos adoptado los valores que deben guiar este tipo de régimen. Si el respeto de las normas y del marco jurídico, la igualdad entre todos y todas, y el involucramiento ciudadano son una de nuestras máximas colectivas. Preguntarnos si nos hemos constituido como una nación realmente. O si podemos considerarnos una población que, abrazando su propia pluralidad, se siente convocada alrededor de algo. Finalmente, cuestionar ¿hacia dónde estamos yendo como país? Y ¿a dónde lo estamos llevando?; dos preguntas que nos presentan escenarios bastante distintos en la realidad actual del territorio que habitamos. Así como, ¿Qué no hemos aprendido aún? ¿Qué fórmulas funcionaron antes que podamos volver a traer a este tiempo? ¿Y cómo nuestras acciones de hoy repercutirán en las próximas generaciones? 

Las celebraciones del Bicentenario presentan una oportunidad. Si acaso, nos permiten una pausa para hacer el ejercicio de repensarnos como ciudadanos y como con-ciudadanos. Una ocasión para hacer algún tipo de (auto) evaluación sobre nuestro avance. Sabemos ya que, en sus cortos 200 años, nuestra nación ha sufrido procesos de profundas fracturas sociales, muchas de las cuales nunca sanaron; y momentos que demarcaron un antes y un después en el desarrollo y devenir de los diversos pueblos que componen nuestro tejido social. El contexto de crisis acelerado y facilitado por la pandemia del Covid-19 no ha hecho sino más urgente la necesidad de levantar nuestra proverbial alfombra política y confrontar todos los temas, asuntos y problemas que habíamos colocado debajo de ella; preguntándonos además por qué habíamos optado por la indiferencia en un primer lugar. 

Se hace fundamental traer nuevas conversaciones a la arena pública y desempolvar viejas reflexiones, aportando nuevas miradas críticas. La apatía política, la indiferencia colectiva o la ignorancia intencional ya no son posturas convenientes en estos tiempos. En ese sentido, y con ocasión del mes patrio, trataré de aportar mi granito de arena. Levantaremos la alfombra política, si acaso un poco y observaremos algunos de los temas que quedaron debajo. Si el plan no me falla, durante este julio reflexionaremos sobre la discapacidad en nuestro país, cómo (no) la entendemos, y cómo adoptar una estrategia de accesibilidad universal terminaría beneficiando no solo a las personas en situación de discapacidad, sino a todos y todas. Reflexionaremos sobre las manos invisibles que sostienen a nuestra nación y el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado; y hablaremos de las mujeres peruanas, porque siempre es bueno reconocer los logros de las mujeres en el país, y algunas de sus apuestas más audaces. Estoy segura de que nos vamos a sorprender en este camino o de que, por lo menos, daremos una segunda mirada a algunos temas; además de ir reconociendo algunas de nuestras tareas siempre pendientes.

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