Si le dices “proterruco”, es porque no has ido


Atacar el LUM y otros espacios por la memoria, otro síntoma de estos tiempos fanatizados


El pasado 28 de agosto los familiares de las víctimas de la violencia política de los 80 y 90 en Perú  se reunieron frente al monumento El Ojo Que Llora a recordar un aniversario más de la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. Hace veintitrés años, el filósofo y exrector de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Salomón Lerner, le presentó al entonces presidente Alejandro Toledo los seis pesados tomos que la Comisión compiló en 776 días. Allí se reunió un profundo análisis de lo sucedido entre 1980 y el año 2000, basado en investigación exhaustiva y más de 17.000 testimonios. 

Quien fuera el presidente de la Comisión volvió esta semana para recordarle al país y a sus gobernantes, en su discurso frente al monumento, que “los muertos no nos piden que odiemos por ellos; nos piden que no los olvidemos. Es la demanda más modesta que puede formularse, y quien se niega a concederla queda obligado a explicar de qué tiene miedo”.  

Lerner reivindica la importancia no solo de seguir luchando por la memoria, sino de cómo el informe “procuró descubrir el sentido de la catástrofe”, así como El Ojo Que Llora busca honrar de manera colectiva y permanente a todos los muertos. Porque en las piedras del monumento ideado por la artista Lika Mutal están escritos los nombres de los caídos “sin jerarquía ni bando, porque quien los reunió”, como nos recuerda Lerner, “no los ordenó según la identidad de su verdugo, sino según su condición de muertos”.

En este momento de ataques sistemáticos a la memoria es importante detenernos y recordar por qué que importan estas batallas. Como dijo Lerner en su discurso, tenemos el deber de seguir librándolas, porque “la memoria de nuestros muertos jamás podrá ser borrada por ninguna legislación”.

Este borrado es lo que a todas luces parece buscar el actual ministro de justicia, Ernesto Álvarez, que también fuera cuestionado premier del presidente José Jerí, quien ha declarado que el Lugar de la Memoria la Tolerancia y la Inclusión Social “debe ser desarrollado de manera técnica”,  y que “hay que reorganizarlo de principio a fin”, sin tomar en cuenta que el museo fue concebido con criterios técnicos y que tanto los militares como las fuerzas policiales fueron parte del proceso de consulta.

Resulta anecdótico que se insista en que el LUM es sesgado y que presenta una mirada de la izquierda, o que defiende a Sendero o a los terroristas, cuando su creación fue un complejo proceso de trabajo de consulta con una multitud de actores y, entre ellos, principalmente las víctimas. Entre el 2013 y el 2014 se propuso un primer borrador del guion museográfico basando en el informe de la CVR, que luego llevó a un proceso de consulta nacional descentralizada con 14 mesas de concertación en regiones clave, entre ellas Satipo, Ayacucho y Lima. Participaron asociaciones de víctimas, organizaciones de derechos humanos, además de representantes de las Fuerzas Armadas, empresarios, periodistas y académicos.  

El libro Cada uno, un lugar de memoria. Fundamentos conceptuales del Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social, de Ponciano del Pino y José Carlos Agüero reúne la información sobre el proceso, además de reflexiones, y en sus anexos están los documentos de las reuniones participativas. En el prólogo, la directora ejecutiva, Denise Ledgard, recuerda que “todo está siempre en proceso; cada piedra es un avance significativo pero difícil, y este libro es también un inicio y no un punto de llegada”. Pueden encontrarlo completo en la web del LUM o en este enlace

De una manera similar, el ministro de Cultura Alberto Beingolea ha afirmado que el museo se ha convertido en “un punto de desunión y permanente enfrentamiento entre los peruanos”, algo que el exdirector del LUM, Manuel Burga, desmintió ante La República. Declaró que “estas afirmaciones carecen de sustento y terminan profundizando las divisiones entre los peruanos”. Burga recordó que en el museo se han llevado a cabo actividades vinculadas con la reconciliación, con ceremonias de perdón y reparación. 

Un encuentro muy emotivo, por ejemplo, fue el del autor Lurgio Gavilán con el llamado Teniente Shogun, quien le salvó la vida durante el conflicto cuando era un niño senderista, como narra en Memorias de un Soldado Desconocido. Burga destacó también el caso de Rogger Cayllahua, de Chuschi, cuyo padre, Martín, fue secuestrado por una patrulla en 1991, y a quien buscó sin descanso, llegando a perdonar al oficial que lo secuestró. Todo esto y mucho más se ha venido haciendo desde el LUM, que además publica desde 2017 la revista académica +Memoria(s).

La narrativa de que se trata de un lugar sesgado o, como se me dicho en redes, “proterruco” se ha instalado desde un sector que nunca ha querido aceptar su existencia. El mismo ministro Álvarez profundiza en esto cuando declara que “hay mucha gente que considera que el LUM no refleja la realidad, aseverando que “el LUM lo que transmite es que hubo una guerra entre grupos subversivos y militares, y que quien sufrió las consecuencias de esa guerra ajena, fue el pueblo peruano. Y esa postura no coincide con la realidad, con la historia que conocemos todos los peruanos». 

¿Habrá de verdad visitado el ministro Álvarez el museo que describe?

Sostiene además el señor ministro que la del LUM “es una postura en la que hay que tener fe, es decir, en lo que ellos han concebido; y no atreverse ni siquiera a ponerlo en discusión».

Pues nada es más ajeno a la realidad. Lo que más buscamos para defender la memoria es el dialogo, el intercambio de ideas. Le preguntaría entonces al señor Álvarez: ¿si no fue el enfrentamiento de un grupo subversivo contra el Estado peruano, en el que se involucró el Ejército y muchos fueron afectados, qué fue?

Le preguntaría también: ¿porque estamos aún buscando a unos 15.000 desaparecidos en esos años? La memoria por la que luchamos también es la de ellos y aquí estamos listos para debatir y recordar lo sucedido. 

Como hemos recordado esta semana, la memoria no se puede borrar de un plumazo.


¡No desenchufes la licuadora! Suscríbete y ayúdanos a seguir haciendo Jugo.pe


Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

uno + trece =

Volver arriba