Kokushobi o la era del calor cruel


Baños de hielo y refrigeradoras humanas se multiplican en un mundo que arde 


Mi amiga Linda es una experta en baños de hielo, una de las prácticas más recientes que ha generado la industria del bienestar. Guiando tu respiración y tu mente, ella te ayuda a sumergirte en una tina repleta de cubos de hielo: el proceso, que suele durar entre 2 y 10 minutos, provoca una intensa respuesta fisiológica del organismo. La exposición al frío activa el sistema nervioso simpático, aumenta la liberación de adrenalina, incrementa la sensación de alerta y genera una profunda sensación de bienestar.

Los rusos y los finlandeses conocen desde hace siglos el poder del frío: sus baños helados y las saunas seguidas de inmersiones en lagos congelados forman parte de sus antiguas tradiciones culturales. Aunque la mayoría de humanos somos friolentos y huimos de los escalofríos, en los últimos años una creciente legión de aficionados a los baños de hielo está surgiendo en el mundo. 

Pero, más que por sus efectos sobre el bienestar y la longevidad —objeto todavía de debate científico—, los baños de hielo están alcanzando una nueva notoriedad por un motivo inesperado: salvar vidas durante las olas de calor. 

En este bochornoso verano europeo, mientras una sucesión de olas de calor cada vez más tempranas, intensas y extensas vuelve a pulverizar récords de temperatura, la inmersión en agua helada se está convirtiendo en una herramienta médica para prevenir o limitar los efectos de un calor escalofriante. Y de sus golpes. 

Un golpe de calor ocurre cuando el cuerpo pierde la capacidad de regular su temperatura y esta se eleva peligrosamente, generalmente por encima de 40 °C, provocando daños en el cerebro y otros órganos. Es la manifestación más grave de la exposición al calor extremo y constituye una emergencia médica que requiere atención inmediata. 

Cuando en junio las temperaturas alcanzaron picos de 43 grados, Francia sufrió duramente. El gobierno cerró escuelas, modificó horarios ferroviarios, suspendió actividades públicas. Los pacientes con golpes de calor desbordaron las salas de emergencia y algunas morgues dejaron temporalmente de aceptar nuevos cuerpos pues no se daban abasto. Durante esos días murieron 21.674 personas: unas 5.764 muertes adicionalesse atribuyen al episodio de calor extremo, un 36 % más de lo habitual. 

Además de aire acondicionado, todos corrieron a abastecerse de hielo. En el hospital de Sarclay, ante la escasez de suministros, un supermercado y un restaurante de fast food cercanos suplieron el hielo necesario para enfriar rápidamente a los pacientes, mientras diversos nosocomios se apresuraron a conseguir máquinas para producirlo. 

Es la nueva normalidad. El personal hospitalario se está entrenando para atender cada día a más pacientes sofocados por el bochorno. 

En Italia, donde la mortalidad asociada al calor en mayores de 65 años ha aumentado un 54 % en las últimas dos décadas, la Sociedad Italiana de Medicina de Urgencia y Emergencia (SIMEU) ha elaborado un protocolo nacional de diagnóstico y terapia que incluye la inmersión en agua fría y la aplicación de hielo en los principales puntos vasculares del cuerpo (cuello, ingles, axilas) además de la inyección intravenosa de líquidos fríos. Es que, si no se trata a tiempo, el golpe de calor tiene una mortalidad cercana al 80 %. 

En Asia, el calor también es de escalofrío. Hasta la semana pasada, el Centro Meteorológico Nacional de China había emitido decenas de alertas por temperaturas extremas.Ante registros que en muchas regiones han rozado los 50 °C, varias ciudades están ensayando nuevas formas de adaptación: ventiladores gigantes en los espacios públicos, cascadas de aerosoles de agua fría desde las altura de postes y edificios, estaciones de metro habilitadas como refugios climáticos. Algunas ciudades también han convertido los refugios antiaéreos en guaridas contra el calor: con temperaturas 10 grados más bajas que en el exterior, estos espacios se han transformado en salas de descanso, bibliotecas o lugares para jugar tenis de mesa. En Hangzhou, seis refugios antiaéreos ofrecen conexión inalámbrica gratuita, agua potable y medicamentos contra golpes de calor.

Los japoneses, sofocados por temperaturas superiores a 40 °C y por una sucesión de noches tropicales en las que el termómetro no baja de 30 grados, han incorporado un nuevo término en su diccionario: Kokushobi, o “días de calor cruel». Algunos municipios están instalando refrigeradoras humanas en las calles: cabinas refrigerantes públicas donde cualquier persona puede entrar, sentarse cómodamente y enfriar el cuerpo bajo un soplo de aire enfriado a unos 5 grados. Estas cápsulas, que parecen sacadas de una novela distópica, comienzan a difundirse tanto en espacios públicos como en lugares de trabajo.

¿Estas necesarias invenciones terminarán convirtiéndose en parte del paisaje de nuestras ciudades? 

“No quiero que tengan esperanza. Quiero que entren en pánico. Quiero que sientan el miedo que yo siento cada día. Y luego quiero que actúen”, dijo Greta Thunberg ante los líderes mundiales reunidos en el Foro Económico de Davos de 2019, con la franqueza sin tapujos de su síndrome de Asperger que, como ella ha explicado, le permite ver la crisis climática con una claridad poco habitual. 

Sofocados y escalofriados, seguimos sin escucharla. 


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