El peso de la camiseta naranja


Las expectativas que Keiko Fujimori carga antes de asumir la presidencia


¿Qué tienen de valioso equipos como el de Cabo Verde o como el noruego? Que llegaron a este extraño Mundial en el que juegan 48 equipos —dieciséis más que en las ediciones anteriores—, sin una gran historia que los respalde, sin leyendas, y por eso, cuando pisan una cancha, no hay expectativas. Su tradición va a empezar a escribirse, y eso no solo les resta presión a sus actuaciones, sino que, sea cual sea el resultado, no habrá mayor decepción. Cuando nadie espera nada de ti, estás en la situación perfecta para sorprender a todos. Para deslumbrarlos. Y así ha ocurrido con estas dos selecciones: Cabo Verde se fue aplaudida por el mundo entero y Noruega, al momento de escribir este artículo, sigue en carrera. 

Alemania y Brasil, en cambio, llegaron con un peso enorme sobre los hombros que terminó por quebrarlos. Alemania —tetracampeona, la selección que en más de sesenta años nunca había perdido una tanda de penales en un Mundial— cayó eliminada en dieciseisavos de final ante Paraguay, precisamente en penales. Brasil avanzó un poco más, pero también se fue en octavos, ante una Noruega que llevaba veintiocho años sin siquiera clasificar. Los ojos del mundo estaban puestos en esos chimpunes; se esperaba que llegaran a la final, y una eliminación temprana no fue solo una derrota deportiva sino un escándalo, casi una humillación nacional. Todos sabían lo que se esperaba de ellos, independientemente de que esa fama se haya construido con las jugadas de otras generaciones, de jugadores que ya no estaban en la cancha.

Keiko Fujimori asumirá la presidencia dentro de 17 días, y ella no llega como Cabo Verde o Noruega a Palacio de Gobierno. Enormes expectativas, de uno y otro lado, están puestas sobre su gestión. Si entendemos por expectativa «la posibilidad razonable de que algo suceda» —según la definición del DRAE—, esta no tiene por qué ser positiva. Y en este momento, en el Perú, hay dos expectativas diametralmente opuestas: los que están convencidos de que hará un gobierno antidemocrático y corrupto, y los que creen que va a poner orden y sacar adelante al país. Ambas se basan en los antecedentes del gobierno de su padre, pero también en el comportamiento de su bancada en los congresos en los que perdió las elecciones.

Como ya vimos en el Mundial, no es fácil entrar a la cancha cuando hay tanta gente esperando que te comportes de determinada manera.  Las posibilidades de fracasar son altas, y también las de nunca estar a la altura de lo que se espera de ti. Los que creen que habrá un gobierno corrupto estarán atentos a cada movimiento, a cada ley dudosa, como lo están los árbitros cuando entra a la cancha un equipo con fama de foulero. Los que creen que Keiko salvará al Perú estarán esperando soluciones mágicas que se lleven la delincuencia y el desorden de un plumazo. 

Ambas posturas generan un público atento, impaciente. A dieferencia de otros gobiernos, esta vez no habrá luna de miel durante los primeros meses de su gestión: después de años de caos, después de cuatro intentos por llegar a la presidencia del Perú, Keiko Fujimori está más que obligada a demostrar que era la indicada para el cargo.

Este 28 de julio, Keiko Fujimori no entrará a Palacio de Gobierno como una desconocida sin historia; llega como Alemania, cargando una tradición que unos temen que repita y otros quieren que redima. Por distintas razones, cada jugada suya será revisada en cámara lenta, desde todos los ángulos. La mayor responsabilidad para cuidar que el juego no se ensucie la tenemos los ciudadanos, a quienes nos toca funcionar como un VAR infalible, dispuestos a señalar cada trampa, cada  violación de las reglas, cada foul a la democracia. 


¡No desenchufes la licuadora! Suscríbete y ayúdanos a seguir haciendo Jugo.pe



Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

7 − 5 =

Volver arriba