Grandes ideas que nos dejan sin oxígeno


Esta semana, tres noticias colocan a la Amazonía peruana en el centro de las preocupaciones 


La Amazonía ocupa más del 60 % del territorio peruano. Su densidad poblacional es baja y, en el imaginario de la costa y del ande, es la gran despensa de nuestro territorio. Sin embargo, no se trata solo del territorio donde habitan mestizos que han migrado de todos lados hasta allá, sino también del hogar de decenas de pueblos originarios.

Cuanto más lejos te encuentres de la selva, más llamarás a los peruanos originarios “tribus”, a quienes, en el mejor estilo de la evangelización del siglo XVI, tenemos que “desarrollar” a fuerza de integrarlos a la cultura occidental y poder generar riqueza desde los recursos naturales de sus tierras. La distribución de esta riqueza ya es otro cantar.

Con la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la descolonización a nivel mundial, se comenzó a reconocerle derechos a los pueblos originarios. El gobierno de Velasco distinguió las comunidades campesinas, en costa y sierra, de las comunidades nativas en la selva. Luego, vino el Convenio 169 de la OIT, casi a la par de la normativa mundial para evaluar el impacto ambiental de las inversiones y reconocer el hábitat de las personas que tendrían que cambiarlo a raíz de un proyecto de inversión. Asimismo, se reconoció que algunos territorios debían ser protegidos de manera estricta para garantizar el funcionamiento del ecosistema y aprender más de sus servicios.

Mal que bien, en el Perú íbamos avanzando.

Sin embargo, los retrocesos han sido varios en estos últimos años, aunque los últimos siete días han constituido un bulldozer de malas noticias.

Primero, a un grupo de congresistas se les ha ocurrido que lo mejor que pueden hacer para promover el crecimiento económico del Perú es levantar las restricciones a la explotación de recursos naturales en áreas naturales protegidas, específicamente en los parques nacionales, que es la categoría de protección más estricta que tiene el Perú. Pero, ¿por qué allí, si los parques nacionales solo comprenden el 2,94 % del territorio peruano? Porque allí no tendrán que hacer consulta previa o estudios de impacto social; es decir, no tendrán que gestionar las diferencias de concepción del mundo con otros peruanos. 

Segundo, a otro grupo de congresistas se le ha ocurrido que lo mejor para fomentar el desarrollo de la minería artesanal es permitir la minería en cuerpos de agua, lo que se llama “minería aluvial”. Con eso, los peces que son la fuente de proteínas de la población de la selva estarán contaminados con mercurio y afectarán su vida y su salud. Ello junto con la destrucción del ecosistema, ese que nutre de humedad a los cielos para garantizar las precipitaciones que nutren plantas, animales y ríos.

Tercero, a un grupo de países poderosos se le ha ocurrido que lo mejor que pueden hacer para promover su crecimiento económico es construir una vía de comunicación entre las costas sudamericanas del océano Atlántico y del Pacífico, específicamente para llevar productos a China desde el puerto de Chancay en Perú. ¿Cuáles productos? Mayormente, carne de res para alimentar a los cientos de millones de asiáticos de las nuevas clases medias —resultado del crecimiento económico—, cuyos vacunos se criarán en las zonas que se deforestarán de la Amazonía del vecino Brasil. Por si esto fuera poco, Perú no ha sido parte explícita del acuerdo entre China y Brasil.

La Amazonía, vista como un todo, es un recurso que utiliza el planeta para estabilizar el clima. Cuanto más lo perturbemos, menos oxígeno tendremos, y parecemos estúpidamente empeñados en cerrar la válvula.


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