Las chanclas caviares


Cuando la paranoia política convierte una campaña de verano en guerra cultural


Cuando era niña les decíamos “sayonaras”; después se estilizaron un poco y las llamábamos “slaps”. Hoy esos nombres alternan con el popular “chancla” o “chancleta”, y con el veraniego “havaianas”. Estamos hablando del calzado más popular de todas las playas del mundo: ese que está hecho con una suela de goma y una tira que encaja entre el dedo gordo y el segundo.

El nombre “Havaianas” es, en realidad, el de la marca brasileña que las creó y patentó en 1962. Según Wikipedia, la empresa —fundada por el inmigrante escocés Robert Fraser— se inspiró en las sandalias japonesas zori e hizo su propia versión tal como la conocemos hoy. Inicialmente fueron concebidas como un calzado funcional para la clase trabajadora; por eso se fabricaban únicamente en azul y blanco, y las vendían comerciantes ambulantes en la parte trasera de sus camionetas.

De acuerdo con información de la propia empresa, en 1969, por error, un lote resultó de color verde y se convirtió en un éxito de ventas. A partir de ese “accidente”, los fabricantes empezaron a experimentar con diversos colores y diseños. Hoy las podemos encontrar con motivos de Star Wars, en colores básicos y simples, y hasta en modelos con incrustaciones de cristales Swarovski por los que se pagan más de cien dólares en la neoyorquina Saks Fifth Avenue. Eso las ha convertido en una propuesta asequible para todos los bolsillos y permitió que se pusieran de moda en el mundo entero. Son, además, una marca tan indispensable para la vida de los brasileños que, en los años noventa, estuvieron incluidas en la canasta básica familiar.

Sin duda, Havaianas es una de las lovemarks más importantes de Brasil y, hasta hace unos días, no había ninguna discusión al respecto. Sin embargo, para el inicio de la campaña de este verano, la marca lanzó un video protagonizado por la actriz Fernanda Torres —ganadora del Globo de Oro este año—, en el que, con una amplia sonrisa, se dirige al público diciéndole que no empiece el 2026 “con el pie derecho”, sino “con los dos pies”. Torres combina sus Havaianas blancas con una elegante camisa y falda de lino, y, con una actitud fresca, culmina el mensaje diciendo: “Vayan por todo, de cuerpo y alma, de la cabeza a los pies”.

Como idea publicitaria, la verdad está muy bien: el aviso es inteligente, transmite un mensaje claro con un sencillo juego de palabras. Sin embargo, para la ultraderecha brasileña —que hoy no pasa por su mejor momento con Bolsonaro preso—, el aviso es un insulto. Han acusado a la campaña de ideológica, de atacarlos, y han iniciado un fuertísimo boicot a la marca en redes como respuesta. Eduardo Bolsonaro, hijo del expresidente y diputado federal, se grabó tirando las chanclas a la basura, y muchos políticos y ciudadanos de a pie se han unido a la protesta. La avalancha fue tan seria que la empresa Alpargatas, dueña de Havaianas, cayó más del 2 % en su valor de mercado, aunque se recuperó en menos de veinticuatro horas.

El daño para las chanclas es, básicamente, nulo. Los seguidores en redes han aumentado exponencialmente a raíz del intento de boicot y la derecha bolsonarista ha hecho el ridículo con su pataleta paranoica. Las redes están saturadas de memes y videos que se burlan de lo que claramente es —una vez más— el delirio de una política que se aferra a lo banal y a un enfrentamiento entre derecha e izquierda que da vergüenza ajena.

La derecha ultraconservadora, ya lo dijimos antes, construyó su discurso contrarrestando a un reformismo cancelatorio y paranoico que llevó sus ataques al límite de la razón. Su éxito se debe, entre otras cosas, a que los ciudadanos ya se habían cansado de un “correctismo” político mal entendido que funcionaba como una mordaza. En muy poco tiempo, sin embargo, se han convertido en aquello que cuestionaban. Así que, no sé ustedes, pero yo, en protesta ante tanta estupidez, me voy a comprar mis chanclas esperando iniciar el año con buen pie.

¡Feliz 2026!


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