Colegios y abuso: ¿qué pueden hacer los padres?


Aprendizajes tras haber escuchado a víctimas y especialistas en una comisión investigadora 


El padre de uno de los escolares detenidos por la denuncia de agresión sexual contra un alumno del Liceo Naval le dijo a la prensa que los chicos estaban jugando en el bus. Cuando leí esa frase, volví a una sala del Congreso peruano en 2018, donde hombres de entre treinta y cuarenta años recordaban su etapa escolar y contaban lo que el director de su colegio llamaba «el castiguito».

Ocurrió cuando doce exalumnos del colegio Héctor de Cárdenas declararon ante la Comisión Investigadora de Abusos Sexuales de Menores de Edad en Organizaciones que presidí en el Congreso. Los exalumnos declararon que Juan Borea, el exdirector, les hizo tocamientos indebidos cuando eran niños. Según sus testimonios, les pedía quitarse los zapatos, les hacía cosquillas y, mientras se retorcían, les sujetaba un pie y lo frotaba contra sus genitales. A veces se los planteaba como alternativa a una suspensión o a que citara a sus padres. Varios contaron que tardaron años en entender que aquello había sido un abuso. Borea admitió luego ante la comisión que, si les hacía cosquillas, era para relajarlos, y negó cualquier connotación sexual. La Fiscalía archivó la denuncia en 2019 por prescripción.

Lo que más me impresionó de esos testimonios fue lo público que era todo. En el colegio se hacían bromas sobre “el castiguito”. Uno de los exalumnos recordó que los chicos de quinto de secundaria advertían a los de primero, entre risas, que al director le gustaban los pies. Otro contó que en Educación Física algunos imitaban el gesto con sus compañeros. 

El del colegio Héctor de Cárdenas fue uno de varios casos. La comisión también investigó denuncias en otros colegios privados, además del Sodalicio y de las escuelas públicas de Condorcanqui, en Amazonas, y otros casos de interés público. El informe final se presentó en julio de 2019 y tuvo 1.394 páginas. Costó sacarlo adelante. La comisión cambió de integrantes una y otra vez, y varias sesiones se cayeron por falta de quórum. Después, el Pleno nunca lo debatió. No hubo interés político en enfrentar la problemática. Esta semana lo volví a abrir pensando en los padres que hoy se preguntan qué pueden hacer.

Lo primero que les diría es que miren más cerca de lo que suelen mirar. El informe concluye que no hay un perfil de agresor y que en la mayoría de casos se trata de alguien conocido. En una de nuestras mesas técnicas de la comisión investigadora, los especialistas nos explicaron que en 60 % de los casos de violencia sexual en colegios privados el agresor era otro menor de edad. Entre enero y agosto de este año, casi seis de cada diez reportes de violencia sexual escolar registrados en SíseVe correspondían a agresiones entre estudiantes.

Por eso la conversación con un hijo adolescente tiene que incluir lo que pasa en grupo. Los «bautizos», las «bromas» en el camarín o en el bus, lo que hace él o ella cuando otros empiezan. Tiene que saber que reírse o grabar también es participar, y que buscar a un adulto en ese momento no lo convierte en soplón. El informe advierte que el abuso sexual casi nunca llega solo; suele crecer en lugares donde el bullying, los golpes y las humillaciones ya se volvieron normales.

Con los más chicos, recomendamos que aprendan desde temprano a nombrar las partes de su cuerpo, a distinguir un contacto que está bien de uno que no, y a saber que un abuso no se guarda en secreto aunque lo pida alguien a quien quieren. Esa última parte es la más difícil. En los casos que investigamos, el presunto agresor solía ser alguien querido, admirado, o las dos cosas. Por eso el informe insiste en que el niño sepa que lo van a seguir queriendo aunque denuncie a esa persona.

Si un hijo cuenta algo, lo primero es creerle. Hay que escucharlo sin interrogarlo, sin pedirle que repita la historia y sin salir a enfrentar por cuenta propia al presunto agresor. Muchas víctimas hablan tarde por culpa o vergüenza, y los varones suelen tardar más por el estigma que pesa sobre la violencia sexual entre hombres. Pueden pasar incluso décadas.

También hay que mirar al colegio. El informe señala como factor de riesgo que una institución cuide su reputación antes que a sus alumnos. En el caso del Liceo Naval, una familiar de la víctima ha dicho que la directora quiso presentar lo ocurrido como una agresión física. Recomendamos que las asociaciones de padres fiscalicen cómo el colegio detecta y registra estos casos, y que se supervise adecuadamente el transporte escolar, ya que los vehículos figuran entre los espacios de riesgo que identificamos, junto a los servicios higiénicos y otros lugares de difícil acceso. Cualquier APAFA puede pedir esta semana que le expliquen el protocolo del colegio y quién cuida a los chicos en cada momento de la experiencia escolar.

Lo peor que podría pasar ahora es que lo ocurrido en el Liceo Naval se vea como un caso aislado, un problema de un colegio o de un grupo de alumnos. Entre enero y agosto de este año, SíseVe registró 2.059 reportes de presunta violencia sexual en colegios de todo el país, y esos son solo los que alguien se animó a reportar. En unas semanas el caso dejará de estar en los titulares, como dejaron de estarlo los que investigamos en 2018. Las conversaciones en casa y las preguntas al colegio tienen que continuar, para que los chicos puedan estar más seguros y protegidos.


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