¿Es justo que la crisis de violencia sexual en la Amazonía reciba menos atención que el caso del Liceo Naval?

Paul Montjoy Forti (Chiclayo, Perú) es abogado, investigador y escritor. Actualmente cursa un doctorado en Literatura Hispánica en la Universidad de Rutgers.
Ministra Seminario, usted sabe que la situación de abuso sexual en las escuelas peruanas es dramática. Hace poco hemos visto el caso de violación a un chico en el Liceo Naval Almirante Guise, en Lima, un colegio destinado principalmente a los hijos de oficiales de la Marina, que provocó una rápida reacción de las autoridades. Sin embargo, los casos de violencia sexual en la comunidad awajún constituyen un problema crónico que el Estado no quiere enfrentar con la misma urgencia. En 2025 se registraron más de 500 casos, y solo entre enero y julio de este año ya van alrededor de 370 denuncias, según cifras reportadas en Condorcanqui. La presente, pues, es para preguntarle directamente: ¿qué está haciendo usted como ministra de la Mujer por las niñas awajún? Aunque en realidad debería añadir “niños”, porque también existen casos de abusos a varones pequeños. Como académico que ya tiene algunos años investigando la Amazonía, no solo debo denunciar la violencia en la que viven miles de mujeres amazónicas, sino también la desidia del Estado peruano.
Han pasado más de cincuenta días desde que inició el gobierno de la señora Fujimori y todavía no vemos resultados concretos frente a esta problemática urgente. De continuar así, la cifra de niñas abusadas seguirá creciendo durante los próximos años. ¿Ha hablado de este problema en el Consejo de Ministros? ¿Le ha contado a la presidenta, que parece estar ocupada haciendo videos en redes sociales, el infierno que muchos niños viven en Condorcanqui? ¿Ha comentado que muchos de los abusadores son profesores del Estado? ¿Ha coordinado usted algún tipo de acción con el ministro de Educación, o el señor Chang está muy ocupado haciendo nombramientos dudosos?
No olvido que Morgan Quero, antecesor del actual ministro de Educación, dijo que los abusos en Condorcanqui podían responder a una “práctica cultural”. Ahora, hace poco, el ministro de Justicia, el señor Álvarez, volvió a hablar del problema también en términos de un “origen cultural”. Esto ha sido rechazado por diversas organizaciones que trabajan con comunidades indígenas. El problema con esto, señora ministra, es que revela una mirada neocolonial de la realidad amazónica, donde el hombre urbano es “civilizado” y el hombre indígena es un “salvaje” al que, en palabras de Álvarez, quien desconoce la realidad amazónica, “hay que cambiarle la mentalidad”. El amazónico es visto como un ciudadano de segunda categoría. En una democracia, al igual que en el cristianismo que usted profesa, todos tienen la misma dignidad y, por lo tanto, merecen el mismo trato ante la ley. Además, se soslaya que parte de la violencia en Condorcanqui es ejercida justamente por personas ajenas a la comunidad. En el fondo, lo que se busca con este tipo de comentarios es ocultar la ineficiencia del propio Estado y su ceguera para ver un problema que es mucho más grande de lo que aparenta.
Esta perspectiva neocolonial ha contribuido a que el caso no tenga la prioridad que debería para el Estado peruano. Lo que me molesta, y se lo digo a modo de confesión, es que bastó un niño limeño abusado para que la misma presidenta comentara el caso, tomara cartas en el asunto y su ministerio se movilizara. Pero los abusos sexuales a centenares de niñas awajún llevan años sin ser priorizados. Lo peor de todo es que si se tratase de explotación de recursos naturales en lugar de niños, el gobierno habría sido el primero en intervenir: ahí queda el recuerdo de Bagua de 2009. Tengamos en cuenta, además, que estos abusos generan embarazos no deseados en niñas muy menores y también la transmisión de enfermedades como el VIH, cuyas cifras son alarmantes en la Amazonía.
Señora ministra, ¿recibirían estas niñas awajún la misma atención y urgencia si fueran más cercanas al mundo social y político que usted conoce? ¿Considera a las personas awajún tan peruanas como usted o como yo? ¿No cree que ellas tienen derecho a crecer y desarrollarse en un ambiente sano sin que sus profesores abusen de ellas? ¿Qué hay más prioritario para el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables que el abuso sexual sistemático que ya acumula centenares de denuncias? ¿Por qué no es prioritario? ¿Porque son indígenas?
Señora Seminario, usted tiene la obligación de hacer algo para cambiar esta terrible realidad. Puede decidir cortar con el olvido del Estado o, por el contrario, perpetuar la violencia institucional —sí, también por omisión— hacia la comunidad awajún. Espero que el joven abusado del Liceo Naval encuentre justicia y que, al mismo tiempo, recordemos que hay centenares de niños indígenas esperando por lo mismo desde hace años.
Hace poco vi un video institucional de su ministerio en redes sociales en el que aparece usted pidiendo más sentencias para los casos de abuso sexual a niñas indígenas. No basta con eso. Se requiere hacer política de verdad, reconocer que el problema es sistemático y emprender una reforma institucional. Si realmente quiere tener una política efectiva, es momento de que trabaje con las madres indígenas y los líderes de las comunidades. Haga un esfuerzo, pero hágalo en serio, y considérelos interlocutores válidos. Tome el toro por las astas, señora ministra. Demuestre que su paso por el ministerio puede servir para algo más que administrar una crisis que lleva años frente a los ojos del Estado. Presente un plan claro, con responsabilidades, plazos y resultados que puedan ser fiscalizados. Porque las niñas awajún no necesitan otro video, otra declaración, ni otra promesa: necesitan un Estado que las proteja. Y esa responsabilidad, desde que usted asumió el cargo, también es suya.
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