Miles de visitantes motivados versus un deseo de sustituir la memoria en Perú
El martes 28 de julio decidí pasar la investidura presidencial de Keiko Fujimori, justo al mediodía, en el Lugar de la Memoria la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM). No fue una decisión improvisada; lo hice tras la invitación de un grupo de documentalistas que un par de días antes me habían compartido su temor de que este espacio vaya a ser desaparecido o tergiversado.
Se trata de un temor legítimo, sobre todo después de las declaraciones de Martha Chavez en una entrevista con Alfonso Baella, en la que opina que dicho espacio debe ser replanteado. Aquí se la puede escuchar en un extracto de El Buho.
Unos días antes, el periodista Pedro Salinas conversó con Carlos Cornejo y también con dos excomisionados de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) —Sofia Macher y Rolando Ames—, quienes se mostraron optimistas ante la arremetida de los partidarios de Keiko Fujimori y piensan que la presidenta será más cautelosa y confían en que los jóvenes saldrán a defender los espacios ganados. En este enlace se puede apreciar cómo Salinas y Cornejo fueron más pesimistas y preven una arremetida feroz y concertada.
Pues en los diez días siguientes se dio una respuesta impresionante por parte de un sector ciudadano. Las visitas al LUM se comenzaron a incrementar y aparecieron videos en TikTok e Instagram advirtiendo sobre el riesgo que corre el museo y la necesidad de conocerlo antes de que se haga algo en su contra. La invitación que me hicieron los documentalistas tuvo la misma raíz, el miedo a que se fuese a cambiar o cerrar el museo y la necesidad de hacer algo al respecto.
Ya por esos días, quien escribe había declarado en esta entrevista en La Mula con Javier Torres y Pedro Salinas que el riesgo de que se reescriba la historia era grande, que los fujimoristas jamás habían aceptado la versión de la historia de la Comisión de la Verdad, y que siempre habían atacado al LUM. Esto no es algo nuevo, ni algo que pase solo en el Perú, basta ver lo que sucede actualmente en Argentina, donde actualmente también se pelea por la memoria.
Pero, a pesar de esos avisos, nada me preparó para lo que vi esa tarde del 28 de julio en el LUM. Eran miles de personas de todas las edades, de todas partes de la ciudad e incluso el país; familias enteras que habían llegado ese día feriado para conocer de manera didáctica lo que había ocurrido social y políticamente en el Perú entre 1990 y el 2000. En todos los años que he estado vinculada al LUM nunca lo había visto tan lleno, ni siquiera en su inauguración el 8 de diciembre de 2015.
Fui parte del equipo que organizó el Centro de Documentación e Investigación (CDI) donde hasta ahora se pueden encontrar los vladivideos, las audiencias públicas de la CVR y una infinidad de materiales audiovisuales. Desde un inicio trabajamos con el temor de que se pudiera intentar desarticular el trabajo, pues tal era el contexto de las elecciones presidenciales de 2016. Fue por ello que los videos se colgaron en plataformas públicas, con la idea de que cuanto más accesibles sean, más dificil será desaparecerlos. (A propósito, les pido visitar las plataformas para seguir viendo y repitiendo la información).
En la década que ha pasado, el CDI ha crecido de manera exponencial y ahora alberga colecciones variadas, desde las de artistas plásticos y fotógrafos, hasta las de agrupaciones políticas, de trabajadores y estudiantes. Se han escrito tesis, se han entregado premios a ensayos e investigaciones y desde el 2017 se publica la revista de investigación +Memoria(s), que ha salido casi todos los años. Como dice Sofía Macher, gran impulsora del CDI, será difícil desaparecer toda esa información.
El museo, además, se puede visitar de manera virtual aquí, y los invito a hacerlo si no pueden llegar a la Bajada San Martín en Miraflores, como lo han hecho ya miles de personas este fin de semana. Ese día 28 hablé en el museo con algunas personas. Una era una señora de El Agustino, quien me contó que había ido por primera vez con su hija. Declaró ser fujimorista y siempre haber votado por ese partido, pero, a pesar de ello, se mostró impactada positivamente por lo que vio en el LUM. Se sintió representada, porque ella fue parte del comedor popular que allí se menciona y en ese espacio revivió lo que pasó durante esos años.
También hablé con un señor que había venido de Huánuco con sus dos hijas. Él nos contó que había vivido en Uchiza en los tempranos 90 y que había sobrevivido de milagro tanto a los senderistas como a los militares, y que eventualmente había tenido que huir con su familia. El museo le resultaba muy importante para recordar lo vivido y poder compartirlo con sus hijas. Una de ellas nos contó que había estudiado ingeniería gracias a una beca que había recibido su familia por haber sido desplazados.
También me ha sorprendido la viralización de la publicación que compartí en Instagram sobre mi visita: más de 100.000 personas la han visto y son muchos los comentarios. La gran mayoría, casi todos, son de apoyo, pero los que han sido de ataque nos muestran la crudeza de las batallas por la memoria que seguimos y seguiremos peleando. No falta quienes califican al LUM como un espacio proterrorista que debería desaparecer, una idea que lamentablemente se ha extendido.
Como nos dicen José Ragas y Charles Walker en el reciente libro Las guerras de la historia. El uso político del pasado en el Perú: “El uso instrumental del pasado para legitimar propuestas políticas va a continuar, y es importante saber distinguirlo y oponerse a ello cuando dicho uso apunte a socavar la democracia y la calidad de vida de los ciudadanos”.
Es por eso que ahora nos toca ahora, una vez más, dar esa batalla por la memoria histórica y por la defensa de un espacio ganado como el LUM.
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