Josh Safdie vs. Benny Safdie, o una fórmula reconocible vs. un cine más complejo
Quien haya visto Marty Supreme (2025) —la película dirigida por Josh Safdie, protagonizada por Timothée Chalamet y nominada a nueve premios Oscar— sabrá que se trata de una experiencia con alta dosis de ansiedad. Tiene mucho de drama deportivo —al estilo de Rocky (1976)—, pero más de ese cine de pequeños criminales que Safdie (Nueva York, 1984) hizo su sello luego de las tres últimas películas que dirigió junto a su hermano Benny: Heaven Knows What (2014), Good Time (2017) y Uncut Gems (2019).
Al salir de la sala, mientras comenzaba a percibir que las emociones convocadas por la cinta se diluían, pensé de inmediato en un twit reciente de la escritora Joyce Carol Oates —siempre voceada para el Nobel de Literatura, adicta a Twitter, octogenaria—:
«Una característica muy apreciable en cualquier película es el cambio de ritmo, de tono, de escenario, de atmósfera. Las películas intensas y monocromáticas, aunque resulten estéticamente impresionantes, suelen ser difíciles —incluso aburridas— de ver. Da la sensación de que el mensaje queda claro, pero después se repite, se repite y se repite».
Con esto no quiero decir que Marty Supreme sea una mala película. O que no me haya gustado. Pero bajo el influjo de aquellas recientes palabras de Oates es imposible esquivar algunas sensaciones; la más notoria: que Josh Safdie está exprimiendo una y otra vez el mismo truco, muy simple cuando se lo aterriza en una estructura dramática: (1) su protagonista se ve acorralado por un problema financiero; (2) encuentra la forma de solucionarlo; (3) un evento fortuito desajusta o desbarata por completo tal solución; (4) el protagonista debe encontrar una nueva; (5) repetir; (6) repetir; (7) repetir.
A ello se le suman aspectos audiovisuales, como el estilo de montaje o el género que prioriza en sus bandas sonoras —new wave; synth wave—, una estética que funciona y que a la vez es un recurso ya trillado: en la primera mitad de los años 2010, lo usaron directores como Panos Cosmatos (Beyond the Black Rainbow [2010]), Nicolas Winding Refn (Drive [2011]; Only God Forgives [2013]) y David Robert Mitchell (It Follows [2015]), pero en 2016 el estreno de Stranger Things en Netflix demostró que era urgente abandonarlo. Si se usaba un sintetizador más, John Carpenter asesinaría a alguien.
Más llamativa y difícil de catalogar es la propuesta del otro hermano Safdie, que con The Smashing Machine —también estrenada en 2025 y prácticamente ignorada en la temporada de premios— anticipa más versatilidad, un ritmo distinto al del efectismo ansioso y personajes de mayor complejidad humana. En este último punto, es interesante constatar que, mientras Josh vuelve a colocar como protagonista a un hombre ambicioso, seductor, poco confiable y casi superdotado, Benny (Nueva York, 1986) apuesta por un héroe de movimientos pausados, coeficiente intelectual dudoso, afligido por sus reflejos de bestia masculina, reflexivo, generoso y conmovedor cuando se equivoca.
Aquí, además, vale mencionar que en años recientes Benny Safdie se habría alejado de su hermano luego de enterarse de un episodio ocurrido durante el rodaje de Good Time: en una escena supervisada por Josh, la actriz menor de edad contratada para interpretar a una trabajadora sexual fue violentada física y verbalmente por Buddy Duress (un actor no profesional que años más tarde, en 2023, murió por sobredosis).
El twit de Joyce Carol Oates hace referencia a If I Had Legs I’d Kick You (2025) y a Hamnet (2025) —la película de Chloé Zhao que debería ganar las ocho nominaciones que tiene en los Premios Oscar—, pero es inevitable pensarlo alrededor de la carrera de estos dos hermanos que el año pasado dieron cada uno un nuevo paso: Josh —el hermano mayor— en lo que sabe que funciona; Benny —sin prisa— comenzando a descubrir su propia impronta, aventurándose, apelando a una intensidad de más larga duración: aquella que se queda contigo horas, días, semanas después de haber dejado la sala de cine.