¿Por qué el periodismo importa? *


Palabras de una periodista premiada por su luminosa terquedad


Paola Ugaz Cruz es periodista de investigación, conocida por haber destapado, junto a Pedro Salinas, los casos de abuso sexual infantil cometidos por la sociedad católica Sodalicio de Vida Cristiana, y últimamente por ser víctima de los esfuerzos de dicha organización por difamarla al haber investigado sus trasfondos financieros.
Este fue su reciente discurso al recibir el prestigioso premio periodístico Maria Moors Cabot.

Desde hace diez años existe una campaña de desinformación que busca llevarme a la cárcel con base en mentiras. Ser periodista, mujer y madre de dos hijos hace que los ataques se hayan centrado en mi vida privada, en cuestionar mi inteligencia y hacer de mi cuerpo un campo de batalla en redes sociales. Como no pueden decir que las publicaciones que hago sobre ellos son falsas, han causado que me convierta en objeto de persecución con amenazas de muerte, y que sea la primera periodista en Perú a la que le levantaron el secreto de las comunicaciones (de 2013 al 2023). Nada de lo que cuento hoy, sin embargo, es noticia en mi país, porque los poderosos que he investigado han invisibilizado todo lo que me ha pasado.

¿Cuál fue mi crimen? Investigar los abusos sexuales, físicos y psicológicos, y luego las finanzas, de una organización poderosa de la Iglesia Católica que se fundó en Perú: el Sodalicio de Vida Cristiana, que recibió el permiso pontificio en 1997 por el papa Juan Pablo II. 

La investigación sobre el Sodalicio —similar a las del Opus Dei o de los Legionarios de Cristo en México— que publicamos en 2015 junto a Pedro Eduardo Salinas en el libro Mitad monjes, mitad soldados causó un terremoto mediático y, gracias a él, pudo hacerse luego la pesquisa sobre las finanzas de la organización donde, junto a un equipo de abogados especializados,comprendí la configuración y los métodos del imperio financiero del Sodalicio bajo la dirección del sacerdote Jaime Baertl. ¿Por qué era necesario evidenciar esto? Porque sin los fondos acumulados por Baertl, esta maquinaria de abusos, hoy disuelta, no habría vivido 54 años en total impunidad.

En mi país, con un capital mediano puedes construir un ecosistema de protección legal y empresarial donde la impunidad es la regla, y no la excepción. Tras el destape, el Sodalicio armó una maquinaria de difamación y enlodamiento en medios de comunicación afines y luego llevaron esas mentiras a la Fiscalía y el Poder Judicial. 

Uno de los financistas de la campaña contra mí y contra mi colega, Pedro Salinas, es el empresario y alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, líder del partido de extrema derecha Renovación Popular, quien es socio comercial de Baertl, y que además aspira a la presidencia en el 2026.

Durante la pandemia del Covid-19 me acusaron de liderar una red de lavado de activos que cometía delitos asociados a la estafa y al crimen organizado. También se me acusó de tener una empresa de plutonio y uranio junto a la familia del premio Nobel, Mario Vargas Llosa y un grupo terrorista de Medio Oriente. Estas acusaciones se basaron en chats falsos de WhatsApp en un diario investigado por haber vendido su línea editorial en tiempos de Alberto Fujimori. Así, al año siguiente, la Fiscalía inició una investigación en mi contra por lavado de activos. Tengo el triste título de ser la periodista con más demandas en mi país en los años de la pandemia y, aún así, elegí seguir publicando lo que iba encontrando.

Gracias al apoyo del nuncio de entonces, Nicola Girasoli, y de cuatro obispos —Pedro Barreto, Carlos Castillo, Reynaldo Nann y Robert Prevost, quien luego se convertiría en el papa León XIV— me reuní el 10 de noviembre de 2022 con el papa Francisco, a quien le solicité ayuda y el envío de una misión al Perú para que la Iglesia Católica investigara lo que habíamos descubierto en las pesquisas al Sodalicio y la persecución que sufríamos. 

No fui sola; a la distancia me acompañaron las víctimas del Sodalicio que aún piden justicia y reparación. Ocho meses después de esa reunión, el papa Francisco envió una misión al Perú, compuesta por el obispo de Malta, Charles Scicluna, y el monseñor Jordi Bertomeu.

El desenlace de esta historia parece escrito por un guionista: lo que no se supo hasta el 8 de mayo pasado es que Robert Prevost, el obispo de Chiclayo en Perú y luego cardenal, fue quien nos ayudó desde 2018 a los periodistas que investigamos al Sodalicio. Obviamente, que el obispo Prevost se convirtiera en el papa León XIV son buenas noticias para los periodistas, y aquí les aclararé por qué. 

El papa León XIV escribió una carta a los periodistas peruanos, la primera de este tipo, en la que expresaba su apoyo a los investigadores del caso Sodalicio. La carta fue leída por el monseñor Jordi Bertomeu —el gran investigador y miembro del Dicasterio de la Fe del Vaticano de los abusos cometidos en la Iglesia— en un teatro de Lima, luego de ponerse en escena una obra que cuenta estos avatares. 

“Esta obra no es solo teatro —dice la carta—: es memoria, denuncia, y sobre todo, un acto de justicia (…). Hoy, vuelvo a elevar la voz con preocupación y esperanza al mirar hacia mi amado pueblo del Perú. En este tiempo de profundas tensiones institucionales y sociales, defender el periodismo libre y ético no es solo un acto de justicia, sino un deber de todos aquellos que anhelan una democracia sólida y participativa”, añadió León XIV.

Es necesario resaltar que lo que me ha sucedido a mí tiene un paralelo en la historia peruana: a fines del siglo XIX, la periodista, indigenista y feminista Clorinda Matto de Turner fue perseguida por la Iglesia y los políticos de entonces por denunciar los abusos sexuales de sacerdotes a mujeres y menores de edad en su novela Aves sin nido (1889). El obispo de Lima la acusó de “hereje” y la amenazó con la excomunión tras publicar el cuento Magdala de Coelho Netto en el semanario El Perú ilustrado, del cual era editora. El escándalo causado por Clorinda Matto en el país figura en los archivos del Vaticano. Sus fotos fueron quemadas junto a sus libros. Fue perseguida, saquearon su casa y destruyeron su imprenta, La Equitativa, donde daba trabajo a muchas mujeres, razones que la empujaron al exilio. Huyó a Argentina, donde murió sin haber podido regresar a su país.

En uno de sus textos dijo: “Y si por haber denunciado ante las autoridades eclesiásticas y civiles y ante la sociedad abusos que no tienen razón de ser en el Perú libre, se me persigue y calumnia y se quema mi busto, no importa señor, la semilla está sembrada”.

Por otro lado, y tal como les adelanté, les cuento que el impacto que generó esta investigación contra el Sodalicio causó que una pareja de dramaturgas, Vera Castaño y Rocío Limo, plasmaran la historia en una obra de teatro: Proyecto Ugaz. Fue en este contexto, y a días del estreno, que el papa León XIV respaldó la obra a través de aquel mensaje, en el que se refiere a ella comouna pieza que “da voz y rostro a un dolor silenciado durante mucho tiempo”.

Agradezco al jurado de Maria Moors Cabot y a la Universidad de Columbia por esta mención especial. Gracias, también, al papa León XIV, con quien me reuní hace pocos días en el Vaticano y me reiteró su mensaje al periodismo que enriquece nuestras almas. Gracias a los sacerdotes Charles Scicluna, Jordi Bertomeu, Pedro Barreto, Nicola Girasoli y Carlos Castillo. Al fallecidopapa Francisco, que inició esta saga donde se hizo efectiva la alianza entre el buen periodismo y la Iglesia Católica.

A mi colega, amigo y hermano Pedro Eduardo Salinas, con el que todo esto empezó. A José Enrique Escardó por ser y estar. A mi gemela y aliada, Raiza Natalia Arroyo. Gracias a mis mentores: Enrique Zileri y Gustavo Gorriti. 

A Romina Mella, Edmundo Cruz, José Vales, Raúl Tola, Josefina Townsend, María Luisa Martínez, Rosa María Palacios y José Guardiola. A Bam-Bam y Pebbles. 

A José Ugaz, Carlos Rivera, Alberto de Belaunde, Teresina Muñoz Nájar, Carmen Wurst, Gustavo Mohme, Pepi Patrón, Nani Pease, Jason Day, Carmen Ponce, Mónica Sánchez, Keka Becerra, Carlos Rodríguez, Marisol Palacios, Vera Castaño, Rocio Limo, Diego Gargurevich, Guillermo Galdós, Raul Cabrera, Claudia Tangoa, Jano Clavier, Chela de Ferrari, Nishme Sumar, Yamile Caparo, Harry Gordillo, Elise Allen, Gustavo Rodríguez, Carol Harrison, Julia Urrunaga, Natalia Sobrevilla, Fredddy Chirinos, Patricia Montero, Yésica Muñoz, Klever Espinoza, Patty Araujo y Paco Muguiro. A Morgana Vargas Llosa, Adriana León y Zuliana Laynes. 

A Daniel Yovera, Paul Javier, Martin y Vicente López de Romaña, Camila Bustamante, Rocío y Alfonso Figueroa. A mi mamá,Margot; a mi papá, Antonio; a Graciela, a Esther, a Virginia, César; a mis hermanos, Andrés y Antonio; a mi querido Daniel, y a mis amados hijos, Isabel y Liam.

Y, sobretodo, gracias a los sobrevivientes del Sodalicio.

(*) Discurso leído por Paola Ugaz en la aceptación del Premio Maria Moors Cabot la semana pasada.


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