El chicharrón que hermana


En una sociedad descorazonada, la cocina vuelve a galopar para contentarnos


Ibai Llanos es un streamer español que, entre sus cuentas de Instagram (12 millones) y TikTok (23 millones), reúne más seguidores que toda la población peruana junta. A este señor, que todo lo que toca lo vuelve viral, se le ocurrió organizar el “Mundial de Desayunos” a través de sus redes sociales. Armó grupos de países que se iban enfrentando, tal como ocurre en los mundiales de fútbol, y los ganadores iban avanzando hasta llegar a las etapas finales. Por supuesto, y como no podía ser de otra manera, el Perú estuvo desde el inicio en la selección de países en competencia y, con el correr de las rondas, hemos llegado nada menos que a la semifinal, donde nos tocó enfrentarnos con nuestros vecinos chilenos.

Por el lado peruano, nos representa el pan con chicharrón; los chilenos, en cambio, van con su marraqueta con palta. ¿Cómo se define el ganador? Pues con votos en línea. Y ahí, hay que admitirlo, los peruanos solemos ser prácticamente imbatibles. Machu Picchu, por ejemplo, ingresó a la lista de las Siete Maravillas Modernas en 2007 gracias a nuestra imparable avalancha de clics. Estamos tan poco acostumbrados a los triunfos que, cuando dependen exclusivamente de nuestra voluntad, no dejamos pasar la oportunidad de salir campeones. Y si se trata de comida, con mayor razón.

La verdad, no soy muy fan del pan con chicharrón. Si me dan a elegir, prefiero un buen pan con pejerrey o una butifarra. Pero no puedo negar que me genera cierta ilusión que nuestro chancho crocante se lleve el campeonato. Lo desconcertante es el furor que este concurso ha desatado. Ministros y congresistas, alcaldes y periodistas, influencers de todo tipo y ciudadanos de a pie no dejan de hablar de la competencia. El alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, mandó un mensaje ensalzando las virtudes de nuestro pan con chicharrón, y casi de inmediato recibió respuesta del alcalde de Santiago de Chile, Mario Desbordes, animando a los chilenos a apoyar sus marraquetas. En el emporio textil de Gamarra no han perdido tiempo: ya venden polos y gorras con lemas a favor del chicharrón nuestro de cada día. La venta del sánguche se ha disparado y, en casi todos los locales donde se ofrece, es la estrella de la carta.

¿Por qué tanta emoción alrededor de un pan? ¿Será que estamos tan hartos de no ganar nada que la sola posibilidad de ser “los reyes del desayuno” nos hace perder la cordura? No encuentro una explicación completamente coherente, pero sospecho que tiene que ver con nuestra necesidad de tener esperanza en algo. El país se nos cae a pedazos: vivimos con altísimos índices de criminalidad, una clase política vergonzosa, un Estado ineficiente que nos desprecia y una ciudadanía tan cansada, que ya no le queda ganas de quejarse. Hace tiempo que solo nos une la desgracia, la desolación y el pesimismo que resulta de ver a tantos representantes nuestros enriqueciéndose con otros tipos de chicharrones. En un escenario así, no resulta raro que un pan con chicharrón nos termine hermanando.

Así que ya saben: a votar por el desayuno peruano. Ya nos toca, hace mucho, ser campeones de algo. De lo que sea.


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1 comentario

  1. Luis

    Tambièn es mi parecer que no habiendo otra esperanza a la vista, todos los seguidores de este campeonato gastronómico del desayuno, en nuestro caso el pan con chicharrón, han volcado su fé con sus votos en el desayuno bandera, para sosegar en algo sus tristeza y desolación que a todos no envuelve.
    Usted lo ha presentado con mucha claridad .

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