El poder de Labubu


Tres sílabas, una caja ciega y el juguete coleccionable que se volvió fenómeno global


Luis Miguel Rojas-Berscia es lingüista e hiperpolíglota. Se doctoró en Lingüística en el Instituto Max Planck para la Psicolingüística y la Universidad Radboud en Países Bajos. Desde 2023, es profesor de Lingüística en la Universidad Radboud de Nimega y, desde 2024, ostenta el título de Lingüista de la Ciudad. Asimismo, es profesor de chino mandarín en el Instituto Confucio de la PUCP.


Es una tarde de miércoles en la húmeda y gentrificada Ámsterdam. Los callejones y avenidas, abarrotados de turistas y migrantes haciéndose la vida, son el día a día, así como las grandes boutiques de marcas exclusivas, los coffeeshops recibiendo a curiosos de cada rincón del globo y los amantes del arte buscando sentido en las interminables filas de importantes museos. Entre tal colapso de voces y esperanzas, asoma un peluche difícil de clasificar. Se lleva colgado en carteras y mochilas, y es rechonchito y de aspecto kawaii, pero, al mismo tiempo, muestra una expresión que fusiona lo grotesco con la picardía y la curiosidad.

Su nombre: Labubu.

La muñeca del gigante Pop Mart —pues sí, es del género femenino— fue creada por el ilustrador y diseñador Kasing Lung, de nacionalidad chino-hongkonesa y neerlandesa. Su primera aparición formal se remonta al año 2015 como personaje secundario de una trilogía de cuentos para niños que hoy le da nombre a una colección entera de personajes: The Monsters. La inspiración de Lung habría sido la mitología nórdica, cuyas leyendas e historias fueron su lugar de refugio cuando, allá por los años setenta, en tanto niño migrante en los Países Bajos, se le hizo difícil aprender la nueva lengua y los cuentos para niños se convirtieron en la manera idónea de mejorar sus competencias lingüísticas sin el sempiterno juicio del otro. Labubu, según Lung, está inspirada en los elfos, y sus nueve dientes característicos no son más que una simbología vinculada a los 3 grupos de 3 elfos. Además, es probable que Lung también encontrara inspiración en los kabouters, hombrecillos pícaros y tímidos que, según el folclore local, viven bajo tierra en los bosques neerlandeses.

The Monsters no tuvo mucho alcance sino hasta la cooperación entre Lung y Pop Mart, gigante de la juguetería china que empezó a producir los primeros juguetes exclusivos de The Monsters en 2019. Su estrategia: emplear las conocidas blind boxes, cajas cuyo contenido resulta relativamente incierto. El comprador sabe que está comprando un juguete de la colección escogida, pero no sabe cuál con exactitud. Aquello permanece como misterio. Así como en los noventa los niños peruanos compraban bolsas de chizitos hasta conseguir el tazo (o tap) de Pokémon más ansiado, los niños y adultos de hoy se hacen de blind boxes (cajas ciegas), saciando así su ansia de conseguir lo que ignoran pero inevitablemente quieren. Esta cuasi compulsión por lo desconocido y a la vez altamente deseado —muy en el sabor delobjet petit a de Jacques Lacan— muestra cuán humanos somos y cuánto nos conoce el mercader.

Ahora bien, el éxito de Labubu no solo ha respondido a las cajas ciegas. El boom mediático en torno al peluchito empezó una vez que Lisa, cantante del famoso grupo de k-pop Blackpink, se mostró llevando labubus en sus bolsos en 2024. Desde entonces, Labubu ha sido imparable. Según la agencia de noticias France 24, se estima que en el primer semestre de este año el beneficio neto de Pop Mart creció en 396 %, sus ingresos aumentaron en 204 % y sus ventas internacionales representaron el 40 % del total. En el continente americano, a su vez, las ventas del gigante de los juguetes han aumentado en un 1000 %. Según el propio CEO de Pop Mart, Wang Ning, en declaraciones de hace solo un par de semanas, el gigante de la cajas ciegas podría fácilmente alcanzar un crecimiento de 30 mil millones de yuan para este año, el equivalente de 4.2 mil millones de dólares americanos.

En tanto lingüista, hay algo que llamó mi atención de este fenómeno. Más allá de una Lisa de Blackpink llevando labubus en su cartera o de una Madonna que mandó a hacer una torta gigante del personaje, algo en su nombre era más que obvio. Es cierto que el hecho de haber sido llevado por estrellas del pop ha transformado a Labubu en capital cultural, pero ¿habría sucedido lo mismo si se hubiera llamado Juana, Mary, Manuel, Vladimir o Pieter?

Según su creador Kasing Lung, las labubus le deben su nombre a su forma de hablar. Estas, que superan los cientos, se comunican repitiendo las sílabas la bu bu. Lo mismo sucedería con su líderZimomo (o Mococo), otro de los personajes de aquel universo. Podríamos hacerle caso al autor, pero, como sabemos, las palabras esconden significados, formas de ver el mundo e intencionalidades. Labubu no se queda atrás. Esta es una palabra de tres sílabas, de estructura ABB. Lo mismo ocurre con los otros dos personajes del mundo de Labubu que mencioné hace un momento. Esta estructura es bastante común en la lengua china. Algunos ejemplos del mandarín son 甜蜜蜜 / tiánmìmì / ‘muy dulce’, presente en la famosa canción de la cantante taiwanesa Teresa Teng; 空洞洞 / kōngdòngdòng / ‘muy vacío, desolado’; o 绿油油 / lǜyóuyóu / ‘verde fuerte o exuberante’, por dar algunos ejemplos. Esto se hace aun más obvio cuando revisamos los nombres de algunos Labubu, como 美滋滋 / měizīzī / ‘delicioso’ o 羞答答 / xiūdādá / ‘tímido’.

Más allá de las características obvias de los nombres de estos personajes —propias de su lengua de origen—, Labubu tiene algo que la hace todavía más especial. ¿Qué se les viene a la cabeza cuando escuchan la bu bu? Ya desde los años veinte del siglo pasado hay estudios que reportan que ciertos sonidos parecen asociarse a ciertas formas de manera consistente —el llamado fonosimbolismo—, demostrando así que la asociación entre sonido y forma no es del todo arbitraria en las lenguas del mundo. En psicolingüística, a uno de estos efectos se le conoce como buba-kiki, en donde buba suele asociarse, independientemente de cual sea nuestra lengua materna, con algo curveado, redondo o esférico, mientras que kiki, con algo anguloso o dentado. Parece que los seres humanos preferimos nombrar lo rechoncho y curveado empleando vocales como o y u, y consonantes bilabiales como mp y b.

Tanto nuestra querida Labubu como su líder Zimomo son bastante fonosimbólicos. Sus nombres encierran bastante de buba. Esto, más que anecdótico, podría encontrar sustento en una de las mayores inspiraciones del arte de Kasing Lung que él mismo confirmó en una entrevista para Mill Milk: los Moomins, personajes de cómics y cuentos de la escritora e ilustradora finlandesa Tove Jansson. Los Moomins, según la propia Jansson en una carta enviada en 1973 al lingüista estonio Paul Ariste, le deben su nombre a su apariencia, algo redonda y curveada. Es interesante. Punto aparte —y quizás algo puramente anecdótico— es que, simultáneamente, desde 1974 en adelante, aparecieran en los Países Bajos los peluches japoneses Monchhichi, unos monitos regordetes y risueños que cautivarían a los niños de esa generación. Monchhichi es — aunque en japonés y bastante fonosimbólico— una palabra de estructura ABB también.

Está claro que por el momento Labubu continuará cautivando compulsiones y amores de todas las generaciones. Más allá de las simples cajas ciegas, su ascenso a condición de capital cultural —producto del empuje de las divas del pop y, en mi opinión, de un fonosimbolismo nominal intrínseco— hace que sea uno de los accesorios más exitosos y vendidos de la historia. Del mismo modo, es innegable que Labubu es una muestra más del imparable ascenso de la República Popular China como potencia cultural. El nombre de una muñeca en chino, con estructura china, forma hoy parte de nuestro vocabulario diario. Y las innovaciones no se han quedado atrás: siguiendo la misma estructura, las chafufus y las lafufus, versiones bamba de las muñecas labubu, inundan nuestras calles, nuestros barrios y nuestras redes. Cuánto nos dice de nuestra coyuntura una palabrita.


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