De orgasmos y otros tabús


Un libro de cuentos nos recuerda que el sendero del sexo es distinto para las mujeres


En esta lucha de las mujeres por vivir en un mundo más igualitario ¿existen todavía espacios inconquistables? ¿Hay ámbitos en los que, pese a todo el camino recorrido, seguimos sin poder medirnos en igualdad de condiciones frente a los hombres? Me encantaría decir que no, pero hay aspectos fundamentales en los que parece que seguimos destinadas a llevar las de perder. Y uno de ellos —el más íntimo, el más tabú, el más decisivo— es el sexo.

Sí, el sexo: esa actividad humana que no solo tiene una función reproductiva, sino que también es un acto de placer, de encuentro, de reconocimiento del cuerpo propio y del ajeno. Un territorio donde, sin embargo, hombres y mujeres seguimos habitando mundos distintos y asumiendo consecuencias completamente opuestas. Para un chico de quince años, perder la virginidad es un rito de virilidad; para una chica, un posible estigma. Un adolescente con varias parejas es un galán; una adolescente en la misma situación, una “puta”. Ellos pueden hablar abiertamente de sus experiencias; nosotras, en cambio, hemos aprendido a vivirlas en silencio para no cargar con etiquetas que no elegimos.

Aunque las cosas han cambiado, la desigualdad sigue siendo abismal. Y no es solo cultural, sino también física y emocional. Según estudios recientes —como el Barómetro de Salud Sexual y Reproductiva de España (2022)— siete de cada diez mujeres reconoce dificultades para alcanzar el orgasmo, muchas veces porque no saben cómo comunicar lo que desean, o porque todavía sienten vergüenza de expresar sus necesidades. No es poca cosa: es el resultado de generaciones de mujeres educadas bajo la consigna tácita de “de eso no se habla”.

Quizá por eso Tan simple, tan puro (Alfaguara, 2025), el primer libro de cuentos de Alessandra Pinasco, ha sido una grata sorpresa. A través de relatos narrados en primera persona, Pinasco nos acerca a mujeres de distintas edades que cuentan su vida a través del desarrollo —torpe, luminoso, doloroso— de su sexualidad. La adolescente que se asusta de su propio deseo nos remite a esa época en la que las ganas se mezclan con la culpa; las chicas que maltratan y son maltratadas revelan el peso de las relaciones desiguales; las mujeres atrapadas en vínculos insulsos muestran cómo la dependencia afectiva crece en el miedo al rechazo. Hay niñas vulneradas por adultos, esposas hastiadas, mujeres que se depilan, se dejan amarrar, se descubren, gozan.

El libro puede leerse como cuentos independientes o como una suerte de biografía fragmentada de una sola mujer vista en distintos momentos de su vida sexual. Personalmente, me inclino por esta segunda lectura. Me parece fascinante escribir la historia de una vida a partir del descubrimiento —a veces vertiginoso, a veces dolorido— de la propia sexualidad.

Las historias de Alessandra Pinasco no son morbosas ni gratuitas. Tampoco son un panfleto de denuncia. El mérito del libro no está en hablar de sexo ni en atreverse a explorar el deseo femenino; su mérito está en la escritura que se descubre a cada página fina, sensorial, honesta. Tan simple, tan puro es un libro en el que la sensualidad y el erotismo conviven con la herida y la confusión, un conjunto de relatos que cuenta una verdad sin caer en meloserías o lugares comunes. Un mundo que debería ser eso: simple y puro. Pero que, para nosotras, sigue estando lleno de trampas y censuras.


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