Acerca de una pequeña y luminosa novela nacional
Lo fácil cuando se escribe sobre la miseria: revolcarse en el barro, inflar las escenas de dolor, perseguirlo con el lenguaje, capitalizar las chances de efectismo. Pornomiseria, trauma porn, disaster porn, trauma lit: discursos críticos recientes tienen esa insistencia muy bien catalogada. También sus vínculos con paradigmas coloniales y misóginos. Mala suerte para los oportunistas.
Alejado de ese panorama, con una luz que conmociona, aparece Al pie de las hambres (2024), segunda novela de Orlando Quevedo (Lima, 1992).
Desde sus primeras páginas, es evidente que la propuesta del escritor peruano afincado en Ica perfila otras posibilidades. Su historia transcurre en El Porvenir, San Juan de Lurigancho, en medio de un aniego que enloquece a los vecinos y desde el punto de vista de un hombre de cuarenta años que vive postrado en una silla de ruedas, sin hablar, casi sin poder moverse, a merced de una familia que lo cuida, lo quiere y lo aborrece en iguales medidas. A pesar de ello, la novela elige conducirnos por pasillos inesperados que ponen en primer plano la dignidad y la belleza, aquello que algunos limeños entenderían como la antítesis de aquel argumento. Con lucidez y una buena pluma, Quevedo subvierte la presunta paradoja.
Lo primero son las palabras. Remigio, nuestro protagonista, comprende el mundo a través de metáforas. Ante el horror cotidiano y las vejaciones sobrevividas, construye una forma única de aproximarse a las cosas. Su mirada lleva las marcas del dolor y del trauma —a los cuales se acerca sugiriendo, circundando, evitando nombrar—, pero también la potencia de la complejidad. La mitología desde la cual configura su ecosistema familiar y barrial conmueve por su inteligencia, y al mismo tiempo revela a un narrador que se sabe por encima de aquello que los demás esperan de él. Remigio piensa, ordena, imagina, ama, perdona. Su quietud y su mutismo son solo contraparte. La otra cara nos habla desde la profundidad, la contemplación y la agudeza.
Aquella rebeldía no es exclusiva de Remigio. Su madre Espíritu, su hermana Asunción, su tía Maritza y su amante Iradia son todas mujeres que han tomado control sobre sus destinos. Desde el arrebato, desde la actividad sindical, desde la protesta, desde la ruptura consciente de vínculos podridos, deciden. El caso más radical es el de Espíritu. Va a suicidarse, todos lo saben. Ella misma se los ha dicho, obligándolos a preparar su velorio prematuro: tanta es la voluntad que subyace a lo que el resto interpreta como locura. Para infortunio de Remigio, ha decidido llevárselo con ella al otro plano. El viaje del héroe, para nuestro protagonista, consistirá en descubrir por qué su madre quiere matarlo.
Además de tamaños atributos, Quevedo se permite la irregularidad, acaso mi mayor debilidad como lector. La novela se expande y ahonda, para luego retraerse, acelerar e incluso, a ratos, casi disolverse en capítulos de apenas un puñado de palabras. En tiempos en que las novelas parecen un formato caduco y redundante, Quevedo apuesta, abandona por tramos a su protagonista, inserta hechos fantásticos, y sin embargo no pierde de vista la dirección prometida en el principio. Latiendo como un cuerpo vivo, la constelación que el escritor dibuja se ensancha bajo sus caprichos —la clase de caprichos que se agradecen—, solo para regresar más tarde, impecable, a la médula que le dio el primer soplo de vida.
Al pie de las hambres se enmarca dentro de las desdichas de una familia y su barrio, pero la historia es otra. Las elecciones de su creador esquivan con talento los lugares comunes del realismo urbano de los márgenes y a cambio ofrecen una frescura que bien podría señalar nuevos caminos para la narrativa nacional. Dura solamente 130 páginas, pero su impronta permanece detrás de los ojos como si habláramos de casi mil.
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Giácomo esta vez nos ofrece una crítica sobre una novela reciente que a su parecer es muy buena y merece leerla. No me equico si afirmo que debe ser apreciada y valorada por quienes la vayan a leer . Lo haremos y gracias por esta invitación a ese mundo maravilloso del libro.