Basta de parches, encaremos una reforma previsional de verdad

José Ugaz La Rosa es administrador con especialización en mercadotecnia, publicidad, comunicación corpora-tiva e imagen institucional. En el sector privado ha trabajado en agencias de publicidad y en empresas de consumo masivo, farmacéutica y telecomunicaciones; en el sector público trabajó por más de una década en la ONP como asesor de imagen de la alta dirección y como encargado de atención al asegurado, donde fue parte del equipo que ganó el concurso Creatividad Empresarial de la UPC en Servicio al Cliente.
Desde hace casi 25 años viene difundiendo la necesidad de adoptar una nueva visión para enfrentar el envejecimiento poblacional.
Ahora que se está marchando en el Perú contra una supuesta reforma de pensiones, es hora de recordar quizá el problema más trascendental y a la vez más postergado de nuestro país y de muchos otros: el envejecimiento de la población y su impacto en el sistema de pensiones. Este no es un tema secundario, ni lejano; es, a mi juicio, el desafío estructural más importante que tenemos por delante como sociedad.
Nuestro país aún cuenta con una pequeña ventaja: el llamado “bono demográfico”. Esto significa que todavía tenemos más personas en edad de trabajar que población dependiente. Pero esa ventana de oportunidad se viene cerrando y solo durará entre 15 y 20 años más (2040-2045)*. Conviene precisar que esa población dependiente no son solo los adultos mayores, sino también los niños y adolescentes que aún no trabajan. En teoría, esta mayoría de población activa debería ser capaz de sostener tanto al sistema previsional como a las poblaciones que dependen de él. Sin embargo, aquí aparece el gran problema peruano: que la realidad no refleja ese potencial. Somos un país con niveles altísimos de informalidad laboral. La mayoría de los trabajadores en edad productiva no aporta a un sistema previsional y, por tanto, no está construyendo su propio futuro. A esto se suma otro fenómeno preocupante: el crecimiento de la población de jóvenes que ni estudian ni trabajan, los llamados “ninis”. Estos jóvenes, en lugar de ser un motor para el desarrollo, se convierten en un grupo atrapado en la exclusión y sin perspectivas de aportar ni al sistema ni al crecimiento del país. Así, lo que debería ser una ventaja —una amplia base laboral que sostiene a los dependientes— se convierte en una ilusión. La población en edad de trabajar no sostiene el sistema porque, sencillamente, la mayoría está fuera de él. Y el tiempo para corregirlo se está agotando.
Si no hacemos algo radicalmente distinto a lo que hemos venido haciendo hasta ahora, lo que se nos viene será como un tsunami devastador. Y no será un problema que golpee solo a los jubilados, sino a toda la economía, al presupuesto público, a la estabilidad política y a la cohesión social.
La experiencia internacional debería servirnos de advertencia. Durante décadas, muchos países de Europa lograron brindar un estado de bienestar robusto a sus ciudadanos. Lo hicieron porque, antes de envejecer, lograron volverse ricos: crearon economías altamente productivas, con sistemas fiscales sólidos y con instituciones capaces de sostener servicios sociales amplios. Pero ahora, incluso esas naciones están en aprietos. Europa es hoy un continente viejo, y sus países, incluyendo Alemania —una de las economías más fuertes del planeta—, están buscando desesperadamente fórmulas para mantener a flote sus sistemas de pensiones.
Un ejemplo reciente lo muestra con claridad: precisamente en Alemania se ha propuesto que los niños, desde los seis años, reciban un pequeño aporte mensual que se acumule en una cuenta para su futura jubilación[JU1] . Se trata de una medida simbólica en términos monetarios, pero con un poderoso mensaje: la urgencia de preparar a las nuevas generaciones para un futuro donde cada euro, cada sol, cada esfuerzo de ahorro contará. Y entonces, la pregunta es inevitable: si los países ricos, que llegaron a viejos siendo ricos, enfrentan ahora enormes dificultades, ¿qué nos espera a países como el Perú, que inevitablemente envejecerá sin haber alcanzado antes la riqueza, y que además no aprovecha su bono demográfico porque gran parte de su población activa está fuera del sistema?
Desde que ingresé a la ONP, hace casi 25 años, he visto desfilar todo tipo de propuestas y “reformas” en materia previsional. Ninguna ha tomado realmente el toro por las astas. Se han parchado sistemas, se han abierto discusiones parciales, se han hecho ajustes de corto plazo, pero nunca hemos diseñado una política de Estado que asuma este reto con la seriedad que merece. Es hora de que este tema se coloque en el centro del debate nacional. No podemos seguir postergándolo. La reforma del sistema de pensiones no se trata solo de números o de cuentas fiscales: se trata de cómo vamos a envejecer como sociedad. ¿Lo haremos en pobreza, desamparo y conflicto, o con dignidad, seguridad y cohesión?
El tiempo para decidirlo es ahora.
- Fuente: ONU: World population prospects (2022). Perú: Evolución de la estructura etárea (1950-2100).
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