¿Ya imaginaste tu obituario? 


Cómo pensar los objetivos del nuevo año sin perder la salud


“Siéntate cómoda, cierra los ojos, pon las palmas hacia arriba y conecta con el año que terminó”, nos instruía la guapa gurú emocional mientras llegábamos al ápex de una ceremonia de cacao de fin de año. Éramos un grupo de amigas de distintas edades, reunidas por vocaciones laborales afines y por un deseo compartido: soltar una buena dosis de estrés acumulado. “¿Qué quieres dejar atrás? ¿Qué es lo que ya no te sirve? Déjalo ir. Imagínate una pequeña nube que se desliza por el cielo y se lleva lo que quieres desechar”, continuaba con voz suave y pausada la guía, mientras yo imaginaba una pequeña nube llevándose cargas inútiles por mi tercer ojo. 

Confieso que el ejercicio funcionó: algo se aflojó en los hombros, se alivió el cuerpo.

Menos exitosa fue la actividad siguiente, dedicada a los propósitos del nuevo año. ¿Qué quería atraer? ¿Qué objetivos quería fijarme? ¿Cómo imaginaba el futuro inmediato? Bastaron esas preguntas para devolverme el estrés que había liberado.

Y no es raro. Vivimos rodeadas de psicólogos, gurús de la autoayuda, libros, pódcasts y reels con recetas para alcanzar nuestros objetivos, para todos los gustos. Algunos nos exhortan a fijar metas claras, medibles, ambiciosas, escritas en cuadernos bellamente diseñados. Otros nos aconsejan exactamente lo contrario: soltar las metas, confiar en el fluir de la vida y abrirnos a lo inesperado. Entre estudios de neurociencia, discursos motivacionales y mantras espirituales, una puede acabar profundamente confundida, intentando seguir todas las recomendaciones a la vez. 

Entonces, ¿qué hacemos con los objetivos para el nuevo año? ¿Escarbamos en el fondo del alma para encontrar nuestro propósito y traducirlo en una lista ordenada de metas? ¿O tiramos la lista por la ventana y dejamos que la vida nos sorprenda?

La psicología científica ofrece una respuesta menos extrema y bastante más interesante. A partir de una amplia revisión de la literatura, los investigadores Schippers y Ziegler de la Escuela de Negocios de la Universidad Erasmus de Róterdam, proponen un enfoque estructurado para construir la propia vida o, si se prefiere, para pensar con mayor claridad los propósitos del año que comienza.

El proceso empieza con un análisis honesto de nuestros valores y pasiones: ¿la justicia social?, ¿la protección de la naturaleza?, ¿el surf?, ¿el rescate de la música tradicional?, ¿el fútbol femenino? Identificar qué nos importa de verdad es clave, pero no suficiente. Ese primer paso debe complementarse con una revisión realista de nuestras competencias y hábitos: ¿en qué somos buenas?, ¿pensar críticamente y hablar en público?, ¿motivar equipos?, ¿investigar?, ¿patear la pelota?

Luego viene un momento igual de importante: observar cómo nos desenvolvemos en nuestra vida social y profesional.¿Qué vínculos nos energizan y cuáles nos drenan? ¿Qué dinámicas laborales favorecen nuestro bienestar y cuáles lo erosionan? A partir de ahí, el ejercicio invita a imaginar un futuro deseado, para finalmente traducirlo en metas concretas y compromisos asumidos de forma consciente.

A este enfoque, Schippers y Ziegler lo llaman life crafting: una construcción deliberada de la vida, paso a paso, ladrillo sobre ladrillo, utilizando tanto los materiales que ya tenemos como aquellos que podemos aprender, preparar o desarrollar.

Una de las claves del método está en cómo se formulan los objetivos. En lugar de declaraciones abstractas, se propone usar “intenciones concretas”: planes del tipo “si–entonces”, que ayudan a pasar del deseo a la acción. Por ejemplo: si mi deseo es participar en la vida política del país y quizás, algún día, ser presidente de la República, podría formular estas intenciones: “Si participo una vez al mes en el Consejo de Coordinación Local de mi distrito, podré llevar la voz de los jóvenes a las decisiones municipales”. Oen un escenario más ambicioso“Si dedico dos horas semanales a analizar el proceso electoral peruano a través del análisis de programas políticos, entrevistas o editoriales, empezaré a formarme como una candidata informada y responsable”.

La clave no está en la grandilocuencia de las metas, sino en la coherencia entre valores, capacidades y acciones concretas, sostenidas en el tiempo.

Pero aquí viene el giro interesante: no toda la ciencia está del lado de acumular objetivos. Un creciente cuerpo de investigaciones advierte que la autoexigencia febril por cumplir metas puede ser contraproducente. No es casualidad que en enero de 2025 el diccionario en línea Merriam-Webster incorporara el término grindset, (del inglés to grind o moler, machacar), usado para describir una mentalidad de productividad extrema que glorifica el agotamiento y desprecia el descanso, tan difundida en redes sociales: “dormir es para perdedores”; “si no estás exhausta, no te estás esforzando lo suficiente”.

Frente a eso, algunos psicólogos hablan hoy de la necesidad de una “renuncia productiva”. Carsten Wrosch de la Universidad de Montreal ha sido uno de los primeros en demostrar que abandonar metas se asocia con menor ansiedad y mejor salud física. Por el contrario, aferrarse a objetivos a toda costa eleva el cortisol, incrementa la inflamación y, a largo plazo, aumenta el riesgo de enfermedad. 

La conclusión, quizás, es ni abandonar todo ni obsesionarse con hacerlo todo. La clave parece estar en priorizar, asumir límites y decidir con conciencia en qué vale la pena poner la energía. 

Uno de los ejercicios más sugerentes, entre tantos formatos posibles, es escribir tu propio obituario: ¿qué resaltaría realmente de tu vida? ¿ese objetivo que hoy te angustia aparecería allí? Si la respuesta es no, quizá puedas permitirte soltarlo.

Hace años, un amigo algo flojón, más inclinado a la siesta recurrente que a la definición de grandes objetivos vitales, me confesó cuál sería el texto de su obituario: “Y siguió descansando”. A la luz de lo que hoy sabemos sobre estrés, salud y longevidad, no sería extraño que termine viviendo más, y mejor, que muchos de quienes nos llenamos de grandiosos objetivos.


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