Novedades, hallazgos y reediciones que vale la pena buscar
En japonés existe una palabra maravillosa: tsundoku. Describe hábito de comprar libros y dejarlos apilados sin leer. No es una palabra que denote algo negativo, al contrario, se refiere al placer que produce coleccionar y a la promesa de lectura que se esconde tras esas torres silenciosas que crecen en mesas de noche, escritorios y cualquier superficie disponible de la casa.
Yo practico el tsundoku con disciplina. Tengo columnas que se elevan con textos de consulta, están las que amontono con material diverso para preparar mis clases, y no faltan las torres ya francamente optimistas, de novelas gordas y flacas que no tengo idea si llegaré a leer. Me gusta rodearme de libros, pero empiezo a sospechar que, si no hago algo pronto, en cualquier momento habrán tomado mi casa para siempre.
Este artículo nace, en parte, como una estrategia de supervivencia. Cada primer sábado del mes voy a escribir sobre algunos de esos libros que sí logré leer antes de que la pila me venciera: novedades, descubrimientos, reediciones o simplemente libros que se cruzaron en mi camino y valieron la pena.
No pretendo hacer de esta entrega mensual un espacio para la crítica. No sabría ni por dónde empezar. Es, más bien, una forma de compartir lo que me gustó. Si además logro que alguno de estos títulos pase de mi pila a la suya, misión cumplida.
- Niñagordita (Negra ediciones, 2024), de la escritora Belinda Palacios, se publicó en 2022. Yo recién lo descubrí este año, cuando llegó a mis manos la segunda edición ilustrada por la autora. La tapa rosada y el título me hicieron pensar, inicialmente, en un texto sobre la infancia de una niña con transtornos alimentarios, tal vez un texto juvenil con su toque de autoayuda, pero no. Lo que me encontré desde sus primeras páginas fue algo bastante más complejo. Tali, la protagonista, está en sus quince, y no la aqueja ningún problema serio. Buena alumna, responsable, un poco nerd tal vez, transita por la vida con buenas notas, pechos grandes y las típicas inseguridades de su edad. Hasta que se enfrenta a la mirada de los otros. Hasta que empieza a construir una imagen de sí misma a través de los ojos de los chicos con los que se relaciona. En lugar de disfrutar del despertar de su sexualidad y de sus primeros enamoramientos, Tali se zambulle en un proceso autodestructivo que pasa por enredarse con tóxicos, sentirse fea y puta, e inmerecedora de cualquier afecto sano. ¿Por qué sucumbe a una idea de sí misma que la distorsiona y con la que se agrede? ¿Por qué se castiga con relaciones tóxicas que la hacen sentir tan poca cosa? Con una prosa original que transa con la oralidad y el flujo de conciencia, Belinda Palacios construye una historia convincente, desgarradora por ratos, que nos enfrenta de manera brutal a esa culpa y miedo que experimentan las mujeres cuando el descubrimiento de su propio placer las aleja de lo que la sociedad espera de ellas. La hipocresía de una clase alta y conservadora que a unas les exige pureza y a los otros les aplaude el maltrato destruye a Tali, que, lejos de experimentar un drama personal, representa el común denominador de las chicas que crecen con pavor a ser tildadas de fáciles, de perras, de putas. Muy buena primera entrega de la Belinda Palacios que, ante el buen recibimiento de su novela, prepara su adaptación al cine.
- País Picante (Planeta, 2026) es la primera novela de Diego Steinhöfel, escritor germano-peruano que vive en Berlín, pero que regresa al Perú cada vez que puede en busca de un buen ceviche. La suya es una historia, con pinceladas autobiográficas, en la que Oscar, un berlinés treintañero, decide viajar al Perú, la tierra de su madre, en busca del ají más picante y sabroso. Lo que podría ser la historia disparatada de un periplo por la costa, sierra y selva se convierte en una búsqueda de la identidad y del lugar de pertenencia. Oscar transita un país completamente distinto del suyo con la mirada de un extranjero que no quiere serlo tanto. Ha dejado a su padre moribundo en Alemania, y a su familia y amigos, para instalarse en una modesta casa en Máncora que le dejó su abuela, donde planea sembrar ají. Mezclando la crónica periodística con la narración literaria y la reflexión histórica, el autor consigue darle forma a un libro original en su concepción y muy entretenido.
- La culpa es mía (JM Marthans 2026), es la última entrega de la escritora Marcela Robles. Se trata de una recopilacoión de crónicas que describen con aguda prosa y precisión periodística la vida de diversos personajes. No son recuentos biográficos ni mucho menos un puñado de anécdotas. Lo que hace Marcela es regalarnos su mirada, a partir de la cual va construyendo los personajes de los que se ocupa. Juan Rulfo, Jean Genet, Kurt Vonnegut, Carmen Ollé, entre muchos más, son presentados a través de episodios significativos de sus vidas que explican la grandeza de sus obras. En tiempos de inteligencia artificial y de información enlatada, miradas como la de Marcela Robles resultan indispensables.
- Me despido con un hallazgo. Estado del malestar (Gatopardo, 2020), de Nina Lykke, ya tiene varios años de publicada, pero recién la rescaté de uno de mis estantes y se salvó de quedar en mi lista de pendientes. Se trata de una sátira, a ratos ácida a ratos deprimente, que retrata a la clase media escandinava, que supuestamente goza de todas las comodidades de lo que significa vivir en un estado de bienestar: casa propia, buena educación, salud de primera, trabajo asegurado etc. Sin embargo, el paraíso parece no funcionar del todo. Elin, la protagonista, es una médica de familia que está en sus tempranos sesenta y que ya no le encuentra mucha gracia a su vida. Tiene un marido que la aburre, unos pacientes engreídos que se inventan enfermedades, una madre que ya no la recuerda. Todas las tardes llega del trabajo y se sienta a ver maratones de series mientras toma uno o dos cartones de vino. Lo único que la saca del marasmo en el que vive es una relación con alguien del pasado que promete terminar de destruir su presente. Lo que podría ser un drama personal funciona como una radiografía de lo que significa tener una vida cómoda que, sin embargo, no alcanza. Lykke utiliza el humor negro para desmontar la idea del “modelo nórdico” como sinónimo de felicidad garantizada. Léanlo, se van a divertir y, sobre todo, los hará reconocer que a veces un poco de caos e inseguridad también son necesarios.
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