La crueldad en campaña


Si hubiéramos aplicado este filtro, nos quedábamos sin candidatos


El diccionario define a la crueldad como inhumanidad, fiereza de ánimo, impiedad. El diccionario de antónimos del diario español El País señala como palabras opuestas a ella humanidad y benignidad; yo incluiría también empatía y compasión.

La crueldad daña, y daña más si es que viene desde la política, pues puede ser amplificada y replicada. Un ejemplo muy usado para graficar esto es el del expresidente Donald Trump, que durante su primera campaña electoral tuvo un discurso xenófobo, confrontacional y bastante agresivo. En los días siguientes a su elección, el número de crímenes de odio —es decir, delitos violentos basados en los prejuicios hacia determinado grupo— se elevaron considerablemente en Estados Unidos. Las palabras son poderosas: nos ayudan a relacionarnos con la realidad e incluso a imaginarla. Más aún si esas palabras provienen de alguien con liderazgo político y gran presencia mediática.

Una autoridad tiene que pensar en el bien común, y ello implica tomar en cuenta a todas las personas que se verán afectadas por su trabajo. Esto no solo se da a nivel de acciones de gobierno, sino también a nivel de discurso: mediante declaraciones mesuradas y reflexivas, una autoridad puede ayudar a facilitar la convivencia ciudadana y a elevar el debate público; por el contrario, con palabras crueles puede ayudar a normalizar estigmas, discursos y acciones que elevan la violencia y ponen a personas en peligro. 

Esto es algo que parece obvio, pero no lo es. Por ejemplo, si en esta última elección municipal en Lima hubiésemos establecido el filtro contra la crueldad, nos habríamos quedado sin opciones para votar.

Sería descartado de inmediato el candidato que, ante las denuncias graves formuladas por su hijo, salió a revictimizarlo en todos los medios de comunicación. A su propio hijo. El nivel de crueldad mostrado es chocante y, francamente, inenarrable. Solo encuentro más inexplicable que, aún así, más del 5 % de electores limeños hayan votado por él. 

También quedaría descartado el candidato que el año pasado se refirió al caso de Ana Estrada —una valiente mujer que viene luchando por el derecho a una muerte digna— en los siguientes términos: “Esa señora que se mate, pues. ¿Para qué quiere que el Estado la mate? Esa es la chifladura, pues”. Quien muestra ese nivel de crueldad hacia una persona enferma genera muchas dudas para un puesto de tanta responsabilidad, aunque los vecinos finalmente lo hayan elegido.

Descartado estaría también el segundo lugar en preferencias, al instalar el discurso de “mano dura” contra la delincuencia con mensajes e imágenes violentos. La delincuencia es un flagelo terrible en nuestra sociedad, y si alimentamos el problema con más violencia el resultado será terrible para todos. La crueldad y sus excesos, legitimada ante un bien mayor, no trae paz, sino todo lo contrario. No estoy especulando, basta ver lo sucedido en Centroamérica con discursos parecidos.

Y, finalmente, saldrían de la lista el político profesional, el impopular candidato oficialista, el exalcalde distrital y la tecnócrata que decidieron, en esta campaña o en la anterior, buscar réditos políticos de la xenofobia presente en nuestra sociedad. La situación de desplazamiento humanitario de venezolanos es un fenómeno dramático en la región, y es particularmente cruel querer aprovechar las tensiones sociales que ha generado para ganar votos, sobre todo si tomamos en cuenta que es falso aquel lugar común que los responsabiliza del aumento de la delincuencia, como lo demuestran diversos estudios.

Así, con un solo filtro nos hubiéramos quedado sin candidatos para el cargo más importante en la capital del país. Con este simple ejercicio es dramático constatar lo instalada y normalizada que está la crueldad en la manera de hacer política y de aspirar a un cargo de elección popular. 

Lamentablemente, no hay reforma política que pueda cambiar esto. La raíz del problema pareciera no estar en las reglas electorales o en los candidatos, sino en la sociedad que los tolera, apoya o, incluso, se siente adecuadamente representada. 


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1 comentario

  1. Mariano Calderon

    Ese filtro también te descalifica a tí por la violencia que causaste promoviendo revueltas y destrucción de propiedad cuando el Congreso, por votación legitima, vacó a Vizcarra. Tu violencia causó 2 muertos, cosa que ningún candidato ha hecho. Violencia es no respetar la democracia e inventar 70 desaparecidos para azuzar y generar más violencia en las calles. De lo cual, todavía no has pedido disculpas o siguen desaparecidos? La incapacidad de la izquierda progre para autopercibir sus propia mi ssel en es tan , el resto nos damos cuenta y por eso el repudio generalizado en las última

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