Perversiones a plena vista


Entre ser un paranoico digital y reconocer las grietas del sistema.


Los términos “surface web” o “clear web” señalan a todo aquello que ocurre en las capas más visibles de internet. Frente a la deepweb —y su rincón más siniestro, la darkweb—, cuyo ingreso exige un conjunto de pasos que a ratos burlan la legalidad, este otro estamento no requiere más que un buscador como Google o Yahoo!. En otras palabras, es la capa de internet que la mayoría de usuarios utilizamos, el espacio digital mundano donde uno esperaría que no se oculten demasiados secretos.

Pero operar a la vista de todos podría constituir un ingrediente clave de algunas perversiones.

La serie documental independiente Pedogate (2020), realizada por el creador de contenido Mouthy Buddha, aparentemente revelaría con mucho detalle de qué manera los pedófilos que conspiran y se vinculan en internet lo hacen a través de vocablos claves o combinaciones de siglas y cifras que solo tienen sentido y utilidad para quienes participan de esta perversión. Según lo que muestra a sus espectadores, Mouthy Buddha habría realizado pruebas que confirman cómo estas combinaciones, luego de ser ingresadas en buscadores de uso común como Google, dan como resultado material visual muy específico cuyo propósito no podría ser otro que satisfacer los apetitos inconcebibles de ciertos sujetos.

Asimismo, parte de las investigaciones de Mouthy Buddha giran alrededor de la teoría conspirativa Pizzagate. De acuerdo a los creyentes de esta narrativa, desde los interiores de la pizzería Comet Ping Pong, en Washington D. C., el empresario James Alefantis habría manejado una red de tráfico infantil. Pizzagate reventó a finales de 2016, en mitad de la campaña electoral estadounidense, poco antes de que Donald Trump asumiera por primera vez la presidencia del país del norte. Por supuesto, Pizzagate señalaba a su contrincante, Hillary Clinton, como una de las cabecillas de la operación, y a Trump como el salvador de los niños, posteriormente bautizado como Q Anon. Parte clave de la teoría se basaba en correos electrónicos de John Podesta (jefe de campaña de Clinton) que habían sido filtrados por Wikileaks. En ellos, usuarios de foros como 4chan y Reddit creyeron haber encontrado un código secreto: las referencias a los pedidos de pizza y a la elección de sus ingredientes eran en realidad una forma de coordinar “pedidos” de niños.

Después de que Edgar Maddison Welch, un sujeto proveniente de Carolina del Norte, ingresara armado a la pizzería Comet Ping Pong e hiciera disparos en su interior exigiendo la liberación de las presuntas víctimas, Pizzagate quedó sepultada y el caso se convirtió en un ejemplo sobre los peligros de seguir rastros de información dudosa en foros y sitios online.

La serie documental de Mouthy Buddha también ha seguido el mismo destino. YouTube la retiró de su plataforma por incumplir políticas sobre desinformación, acoso a individuos y teorías conspirativas dañinas. Hoy, solamente puede encontrarse en espacios con menos moderación como BitChute.

En suma, tal vez no sea nada. A lo mejor Mouthy Buddha es un tipo casi tan desquiciado como Edgar Maddison Welch, el hombre que condujo seis horas desde Carolina del Norte hasta Washington D. C., disparó su rifle semiautomático al interior de un establecimiento comercial, cumplió cuatro años de prisión y al poco tiempo de salir en libertad murió abatido por la policía luego de una intervención por violencia doméstica en la que Welch nuevamente quiso hacer uso de sus armas de fuego.

Cabe tal posibilidad. Quizás la más probable.

Sin embargo, a la luz de los nuevos archivos del caso Epstein que vienen siendo liberados desde hace unos meses, es inevitable caer en la duda. Parte importante de aquellos documentos son correos que Jeffrey Epstein habría enviado y recibido a lo largo de décadas. Muchos —como no podía ser de otra forma— incluyen la palabra “pizza”; otros, la palabra “jerky” (carne seca en tiras).

Ninguna ha merecido atención de investigaciones oficiales, pero en internet los usuarios llevan meses intentando probar de nuevo la misma hipótesis: el presunto pedófilo Jeffrey Epstein y sus amigos de alto perfil —entre los que ahora se especula que se encontrarían tanto Bill Clinton como Donald Trump— coordinaban una red de trata de personas y niños echando mano de códigos vinculados a la comida; particularmente, a las palabras “pizza” y “jerky”.

¿Por qué coordinar a través de correos? ¿Por qué no hacerlo de la manera más secreta posible?

¿Por qué esconder pornografía infantil en buscadores de la surface web?

La articulación entre transgresión, riesgo y sensación de impunidad podría ser la clave para descubrir si acaso hay algo de verdad en estos delirios.


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1 comentario

  1. Luls

    Nunca imaginé que pudiera haber organizaciones dirigidas por seres tan despreciables y poderosos, que trafiquen con niños.

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