¿Se detiene el péndulo de la ultraderecha?


Unas reflexiones sobre la reciente debacle republicana en Estados Unidos 


En algún momento del siglo XIX, unos ideólogos bastante radicales en lo que hoy es Colombia promovieron la idea de que las elecciones deberían ser anuales, con la idea de que de esa manera los representantes tendrían que estar siempre bien atentos, ya que su estadía en el poder estaría siempre en manos de los electores. Esta medida, que se implementó unos treinta años antes en la Constitución de Cádiz, no se llegó a poner en práctica en ese momento y los periodos en el poder variaron entre los cuatro y seis años.

En el Perú elegimos a nuestros representantes al Congreso y a la presidencia cada cinco años, mientras que los cargos municipales y regionales se deciden cada cuatro. Y, a diferencia de otros sistemas, no tenemos renovación de representantes por etapas, lo cual deja a los electores con una ventana muy pequeña para darle un mensaje a sus gobernantes por medio de las urnas.

Por ello, lo que hemos presenciado esta semana con las elecciones de mitad de mandato en los Estados Unidos es algo que nos sorprende por estos lares, pues nos es fácil olvidar que allá los representantes al Congreso tienen que hacer campaña cada dos años y que, si bien pueden ser reelegidos sin un límite de veces, cada ciclo electoral se enfrentan a sus votantes. Los senadores, en cambio, sirven por seis años, dos más que los presidentes, y los recambios son por tercios en cada uno de esos ciclos electorales y, al igual que los representantes, se pueden reelegir sin límite.

Esta base del sistema electoral establece un patrón bastante marcado en las elecciones en los Estados Unidos. Los años en que se elige a un presidente, su partido suele lograr un apoyo contundente en las elecciones parlamentarias y, dependiendo de cuan popular el candidato, puede lograr controlar tanto al Legislativo como al Ejecutivo. No obstante, en la mayoría de los casos, en las elecciones de mitad de mandato el partido de quien ejerce la presidencia es castigado por los votantes descontentos con la administración.

Sin embargo, lo que ha sucedido este martes 3 de noviembre en los Estados Unidos fue mucho más que eso, se trató de una paliza, lo que allá llaman un “shellacking”, una expresión que viene de ser cubiertos con laca. Y aunque con esta “ola” o “tsunami” azul Trump ha perdido menos representantes que presidentes anteriores, lo más llamativo de esta ocasión ha sido el grado de oscilación y la manera en que los republicanos han perdido el control sobre regiones que durante décadas habían sido completamente suyas.

Porque esa es otra característica de las elecciones norteamericanas: cada región suele votar de una manera bastante predecible, con solo algunos lugares y algunos bolsones de votantes que cambian de idea. Más del 90 % de las mujeres afroamericanas votan por los candidatos demócratas, mientras que un poco más de la mitad de los hombres blancos votan por los republicanos. Entre esos dos extremos se posiciona el resto de los grupos y hay algunos, como los hombres blancos jóvenes y los votantes hispanos, que cambian mucho de opinión.

En gran medida, la historia de esta elección tiene que ver justamente con que muchos de esos votantes que suelen fluctuar abandonaron a Trump. Los jóvenes blancos lo hicieron porque en estos dos años no vieron los resultados que les prometió el presidente en campaña y su situación empeoró económicamente con las nuevas tarifas y el alza del combustible debido a la guerra con Irán. Dos medidas que podían identificar claramente con Trump.

Los hispanos abandonaron a los republicanos por esto mismo, pero, además, porque muchos han sentido que las políticas migratorias han sido demasiado punitivas y en muchos casos ha llevado a que los migrantes legales sean tratados como ilegales, simplemente por la manera en que se ven. El racismo y el exceso dio como resultado que muchas comunidades latinas que votaron por Trump lo hayan abandonado. Un ejemplo claro es el de los distritos en Texas que están en la frontera, que esta vez votaron por los demócratas. Algo parecido sucede en el condado de Miami-Dade, donde aún no se han declarado los resultados y la candidata demócrata lidera por poco más de mil votos, lo que quiere decir que se volverán a contar.

Más allá de las grandes sorpresas —como la elección de James Talarico al senado en Texas, y la de Gina Hinojosa, la primera mujer latina en ser gobernadora, o la de Keisha Lance Bottoms a la gobernación de Georgia, la primera mujer afroamericana en liderar ese estado sureño que fue esclavista—, lo que se ha visto en estas elecciones es cómo la organización de base y el descontento de los votantes ha llevado al encumbramiento de muchos candidatos que no se pensaba que podrían llegar tan lejos.

Muchas veces olvidamos que las elecciones en los Estados Unidos son más que las del Ejecutivo y del Congreso. Ahí se elige también a los gobernadores y las asambleas de cada estado y este año el número que ha pasado al control de los demócratas es realmente impactante. Lo mismo ha sucedido con muchos de los otros cargos elegidos en este sistema, que muestran que el cambio que se avecina es mucho más profundo de lo que se ve a simple vista.

Pero para mí, lo que resulta más interesante es cómo se ha resaltado la importancia de la organización ciudadana y que existen maneras de enfrentarse a los grandes capitales que creen poder controlar los resultados. Elon Musk invirtió millones en la campaña electoral y todo ese dinero no logró ganarle a las personas que se organizaron en sus comunidades y votaron por quienes sentían que los representaban mejor.

Algo parecido sucedió en Brasil hace un par de semanas cuando Lula logró imponerse sobre Flavio Bolsonaro gracias a una campaña ciudadana que le pedía a cada persona que se enfocara en persuadir a unas cuantas más y, de esa manera, utilizaron las redes sociales de manera orgánica para enfrentarse a los grandes capitalistas que buscaban bloquear a Lula de las redes. 

¿Es esta la señal definitiva de que el péndulo a favor de la derecha extrema ha encontrado su tope?


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