El test del canario


¿Por qué es relevante para todos lo que ocurra con los derechos LGBT+ en este gobierno?


A inicios del siglo XX era usual que en las minas criaran a un canario enjaulado. Su propósito no era alegrar a los mineros con sus trinos, sino salvarlos de la muerte a través de la suya propia. Uno de los principales riesgos en la actividad minera de entonces era la inhalación de gases tóxicos que, además de ser  extremadamente inflamables, son inoloros e incoloros, con lo cual son difíciles de detectar. Uno podía morir intoxicado o incinerado en una explosión, sin ningún aviso previo. Y ahí es donde entraba a tallar el canario enjaulado. 

El médico escocés John Scott Haldane fue el autor de la sugerencia: entrar a las minas con una jaula con un canario. El ave cuenta con un sistema de respiración mucho más sensible que el del ser humano. Así, si el canario moría en algún momento, había que abandonar las instalaciones de inmediato. Esta práctica se popularizó en minas del Reino Unido, Canadá y Estados Unidos durante las primeras dos décadas del siglo pasado. Mucho antes de que existieran los movimientos animalistas, claro está.

Esta imagen ha sido rescatada un siglo después por el periodista y activista argentino Bruno Bimbi. Él señala que la situación de los derechos LGBT+ en un país son como el test del canario, ya no para evaluar la salubridad de una mina, sino para medir el estado de la democracia: si la agenda de derechos LGBT+ corre peligro de muerte, es una señal de que todos los derechos y el sistema político que los garantiza también lo correrán en un futuro próximo.

Un ejemplo que recoge Bruno es el de nuestro vecino Brasil. Jair Bolsonaro se hizo conocido como político por su fuerte discurso homofóbico, declarando barbaridades sobre la comunidad con total desparpajo. Casi toda su agenda política giraba en torno a ello, por lo que llegó a ser conocido como el “diputado antigay”. Bruno conoce bien este caso porque él era asesor del único diputado abiertamente gay de Brasil, enemigo a muerte de Bolsonaro: “Mientras Bolsonaro era un problema de los gays –fue un problema muy serio y lo enfrentamos por más de diez años–, no le importaba un carajo a nadie, ni siquiera a la izquierda. Nos decían que exagerábamos. El canario brasileño murió asfixiado hace años. Ahora son cientos de miles asfixiados en las UCI mientras el psicópata boicotea la campaña de vacunación y dice que usar máscara es de maricones, pero ya es tarde”. El gobierno de Bolsonaro tiene un claro tinte autoritario, donde la libertad de información, el balance de poderes, e incluso la vida de sus opositores está en permanente amenaza.

Bruno recuerda también el discurso homofóbico de Nicolás Maduro en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, VOX en España, lo que viene ocurriendo en Hungría y Polonia, y lo que ya es moneda común en regímenes autoritarios consolidados como Irán, Arabia Saudita, Turquía y Rusia. En todos esos casos la homofobia está presente en el discurso, señalando que la comunidad LGBT+ amenaza a la familia y los valores sociales. 

Esta reflexión me hizo recordar las conversaciones que tuve para mi primer libro, ”Más allá del arcoíris” (Planeta, 2017). El libro recoge entrevistas que realicé a trece autoridades abiertamente LGBT+ de ocho países latinoamericanos con avances muy desiguales en la agenda de derechos, como Argentina y Uruguay, que parecen tenerlo todo, y Perú y Guatemala, con poco que mostrar. Una de las conclusiones que saqué de esas conversaciones es que los países que más habían avanzado en el reconocimiento y respeto de derechos de la comunidad eran los que tenían una democracia más consolidada. Ya sea porque su sistema político funcionaba y permitía canalizar las demandas sociales de grupos excluidos a través de leyes del Congreso, o porque la institucionalidad les permitía que sea el sistema de justicia el que tutele estos derechos a través de sentencias que marcaban precedentes. En cualquiera de los casos nos encontramos frente a sociedades donde se cumplían los valores democráticos de respeto a las minorías y reconocimiento de derechos.

En el Perú, nuestra democracia se encuentra en proceso de consolidación y entre los indicadores menos favorables se encuentran justamente su sistema de partidos políticos y la fortaleza de sus instituciones. Por ello, no es casualidad que tengamos tan pocos avances en la agenda de derechos LGBT+, en comparación con los países vecinos. Y por ello también resulta tan relevante tener presente al test del canario que nos propone Bruno Bimbi.

Nuestro canario ha empezado a revolotear preocupado dentro de su jaula por las señales que empiezan a aparecer. La más alarmante es el nombramiento de Guido Bellido como presidente del Consejo de Ministros, el segundo puesto más importante dentro del Poder Ejecutivo. Pocos minutos después de su sorpresiva designación, las redes sociales fueron inundadas por publicaciones antiguas de Bellido en redes donde muestra una clara homofobia. No es una o dos publicaciones desafortunadas, se trata de una actitud sistemática de intolerancia hacia la comunidad LGBT+ plenamente documentada gracias a su cuenta de Facebook. Luego ha intentado desligarse de ello con un pronunciamiento público como premier, pero resulta evidente que esto se produce por presión política y no por un cambio en su forma de pensar.

Y no es la única persona del gobierno de Perú Libre con antecedentes de este tipo, hay señales previas para preocuparnos. El propio presidente Pedro Castillo tuvo declaraciones transfóbicas durante su campaña, de las cuales nunca se retractó. Y la vicepresidenta Dina Boluarte tiene como antecedente una denuncia por discriminación contra una mujer trans cuando era funcionaria del registro civil. 

Es cierto que tanto el canciller como el ministro de Economía han dado mensajes claros e inequívocos a favor de la igualdad de derechos de la comunidad LGBT+. También es cierto que la ministra de la Mujer es una persona con un claro compromiso en este tema. Pero igual, creo que debe ser motivo de gran preocupación que las tres personas con mayor poder en el Ejecutivo —presidente, vicepresidenta y premier— tengan estos antecedentes. Y la tragedia está en que en las principales fuerzas opositoras en el Parlamento hay narrativas muy parecidas.

¿Superará la democracia peruana el test del canario? Las señales para la alarma existen y deben de generar la reacción de todos los demócratas, y no solo de la comunidad LGBT+ y sus usuales aliados. 

1 comentario

  1. Danitza

    Buen análisis, gracias por entregarnosla

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