Un repaso a la última crisis peruana y un atisbo del futuro próximo
Parece que nos acercamos, una vez más, a otra temporada de cambio presidencial. Esta vez no tendría que haber ni siquiera una vacancia exprés como la de Dina Boluarte, porque el actual presidente ocupa el cargo como encargado por el Poder Legislativo y con solo una censura podría salir, si es que los parlamentarios se ponen de acuerdo, por supuesto
Una buena parte del Congreso considera que José Jerí no está a la altura del cargo, pero no pensaban esto cuando eligieron a un representante con indicios de aprovechamiento del cargo, enriquecimiento ilícito, y una presunta violación. En su momento se minimizó todo ello.
Volátil como es nuestra política, sobre todo cuando sus instituciones no siguen el curso obligado por la ley, todo esto podría cambiar la semana entrante, pues de a pocos Jerí ha ido perdiendo el apoyo de algunas bancadas clave, en particular la de César Acuña. Es posible, por lo tanto, suponer que el destape de un paseo más al Barrio Chino podría costarle el cargo, en lo que para sorpresa de nadie ha venido a llamarse “chifagate”.
Desde hace un tiempo, y esto es lamentable de aceptar, los peruanos hemos aprendido a convivir con la idea de que nuestros presidentes hacen negocios a escondidas con empresarios turbios. Lo que molesta más, en el caso de Jerí, es que lo haga tratando de disfrazarse, en horas de la noche y en un entorno tan prosaico, evadiendo de manera tan vulgar los procesos de transparencia que se han instalado en Palacio de Gobierno para fiscalizar quién pasa tiempo con el presidente. Es como si de pronto nos diéramos cuenta de que tan bajo no podemos caer.
A pesar de su andanada de excusas estúpidas —que van desde haber querido coordinar la celebración de la amistad peruano-china hasta el antojo de querer comprar caramelos de papel de arroz—ahora sabemos que Jerí se reunió más de una vez con un empresario de origen chino con casi treinta años en el Perú a las dos de la mañana. Los verdaderos motivos se mantendrán, como tampoco es sorpresa, bajo la máxima opacidad. Nada bueno puede venir de una manera tan poco transparente de relacionarse, sobre todo, cuando ya se sabe que este empresario en particular está vinculado al club de la construcción chino que logró hacerse de un lugar en el Perú desde el periodo de Martín Vizcarra.
Ahora sabemos que el actual presidente encargado fue, cuando era un congresista en funciones, parte de la comisión investigadora que al inicio del mandato de Pedro Castillo puso a una serie de empresarios chinos bajo la lupa. Y sabemos también que Jerí se encargó de archivar la investigación cuando llegó a la presidencia del Congreso.
Por mucho menos se le armó un escándalo de marca mayor a Pedro Castillo, cuando desde un primer momento cometió la irregularidad de recibir a personas fuera de Palacio de Gobierno en aquella casa de Sarratea. ¿Será esto lo que lo haga caer a Jerí a tan solo doce semanas de nuestras próximas elecciones? Varias “personalidades” ya se han pronunciado diciendo que sería un atentado a la estabilidad del país, mientras que otros sectores claman por su salida lo más pronto posible.
La cruda realidad es que se trata de un tema únicamente de votos. A Dina Boluarte fue imposible hacerla salir del cargo, aun después de casi cincuenta muertos y con casi la mitad del país en pie de guerra. Tampoco la puso en peligro recibir relojes de alta gama del gobernador regional de Ayaucucho, ni dedicar su tiempo a sus operaciones estéticas. Tampoco la pusieron en verdaderos aprietos las marchas con luchas campales entre los jóvenes y la policía. Lo que finalmente selló su destino no fue exactamente la sensación de inseguridad en todo el país o el miedo de los ciudadanos de a pie de ser abaleados en cualquier momento, incluso en un concierto de cumbia, sino el terror de los congresistas de intuir que se les podía ir de las manos la posibilidad de ser reelegidos al mantener a alguien tan impopular. Boluarte, pues, cayó en menos de veinticuatro horas porque el cálculo electoral hizo que su posición se hiciera insostenible.
¿Estamos en ese punto con Jerí? Esto no queda claro aún, porque el fujimorismo no le ha bajado el dedo. Sin embargo, nada está dicho, porque la situación puede cambiar rápidamente según hayan más revelaciones, más eventos que desestabilicen el tablero, nueva información sobre acuerdos bajo la mesa.
En este país donde tantas cosas duelen, donde los gobernantes parecen estar eternamente aprovechándose de su cargo para enriquecerse, esto duele aún más después de ver la película Uyariy de Javier Corcuera. Este documental sobre las matanzas de inicios del gobierno de Boluarte, que el público respaldó de tal forma que incluso los cines que no la quisieron pasar tuvieron que hacerlo y darle un número importante de salas y horarios, muestra cómo los familiares de las víctimas siguen esperando justicia. Tristemente, parece que seguirán esperándola, mientras que el Congreso juega en pared con el presidente para mantener la impunidad de sus atracos.
Mientras los peruanos sufren de inseguridad, e incluso de violencia por parte del Estado, esta clase política hace lo que se le antoja.
Nos queda asegurarnos de no votar, ni de broma, por esos partidos que nos han estado tomando el pelo de manera tan cruel.
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